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TRIBUNA

¿Ante Jekill and Mister Hyde? / o se vienen los cambios esperados

lunes 04 de diciembre de 2023, 19:32h
Actualizado el: 12/04/2023 19:42h

“¡Menudo asunto, caa-ram-ba!”, se asombraría nuestro máximo escritor si le hubiera tocado estar presente en este momento crucial de la Argentina. “Es así, Borges -le diríamos-; no es para menos, vivimos un tiempo vertiginoso al que se le suman dos guerras en curso, que hacen de cada día algo impensado e inquietante y dan lugar a la refundación de demasiadas cosas que nos rodean; todo, con una dinámica que se renueva hegemonizada por los medios de comunicación electrónicos y los artefactos tecnológicos”. Las extendidas redes sociales nos mantienen excesivamente informados y en estado de alerta; al instante nos enteramos de lo que sucede en cada rincón del Planeta. Sin embargo, aunque muchos hechos no resisten a la crítica histórica, es sintomático que la gente los acepte sin parpadear. No nos queda más remedio. Lo que sucede está la vista y es, estremecedoramente, sin vuelta de hoja con las cartas sobre la mesa.

Es así que el desconcierto y la desbandada que produjo en la Argentina el triunfo (y la magnitud porcentual de ese triunfo) logrado por Javier Gerardo Milei, primer candidato libertario del mundo, se siguen extendiendo con extremos menos previsibles que inimaginables. Partidarios, opositores y el propio líder todavía se preguntan sobre cómo desarrollará sus propuestas bajo la presión de una campaña donde el pragmatismo y las medidas económicas están en primer plano, pero no son suficientes. Vivimos en democracia y hay que tener en cuenta al Congreso que no es propicio.

Sin embargo todo, definitivamente todo (incluyendo a izquierdas y derechas, esas comodidades ideológicas, aún vigentes) navega en un mar de incertidumbre, que sigue, sigue y sigue. Aquí, se celebran y condenan las propuestas más capciosas o contundentes, hasta esta que hizo presidente de la Argentina al impetuoso economista. Agreguemos que desde los más jóvenes hasta los entrados en años, nos seguimos formulando más de una pregunta (¿o la única?): “¿Ha sido un asunto generacional lo sucedido?”; y por qué no, todo es posible en esta Viña del Señor. Cuando el hartazgo llega a su colmo por cualquier lado revienta. Como bromeaba Sir Winston Churchill, “el que no es comunista a las veinte años, no tiene corazón, y el que no es conservador a los cuarenta, carece de materia gris”. Y aquí, en estas costas revulsivas del Océano, el todo puede ser o suceder, es probable, aquí, hasta menos impetuosa brisa se transforma en una tormenta.

Ahora, con las cartas en la mano, ante el desenlace de las urnas, el flamante Presidente Milei, se convierte en la figura pública más votada después del remoto Perón, y en el personaje más insólito de las últimas cuatro décadas. Lo cual nos lleva a reactualizar la pregunta acerca de qué cambios profundos en nuestra cultura comunicacional pueden haber ocurrido para que un político de las características del electo Presidente, haya logrado alzarse con esta victoria casi sin precedentes.

Pues bien, la enorme diferencia de más de 11 puntos que logró sobre el candidato Milei sobre el oficialista (y la sazón Ministro de Economía) Sergio Tomás Massa desconcierta más. No se reafirmaron ni aceleraron los tiempos y la radicalidad de la propuesta con la que el libertario entró en la política, le brindó una campaña creíble. Y fue así, que la ciudadanía, harta hasta la coronilla de tanta mentira y manipulación, lo consagró electoralmente más allá o más acá de cualquier encuestadora o maquinaria de opinión.

Pero, claro, “ahora empieza el baile”, como conjeturó un avezado político neutral. Lo demás fue lindo, y divertido a más no poder. ¿Y ahora, qué viene? Bueno, en primer término, conformar un Gobierno, sin tropa propia en el Parlamento; es decir, sin un partido de respaldo, cosa nada sencilla para poder gobernar; sino todo lo contrario y, sobre todo, porque el poder de calle y de movilización lo tienen los derrotados, que ya empiezan a mostrar los colmillos de Drácula con amenazas y movilizaciones cuya busca es el estallido social. Es duro decirlo, pero en dichas circunstancias, un muerto no les viene mal.

El paso del tiempo, las designaciones de futuros ministros y altos funcionarios, las marchas y contramarchas, la inclusión y el borrado de nombres de la lista de su primer gabinete, en cierta medida, alteraron el rumbo, las percepciones y las expectativas. La incertidumbre (madre de todas las batallas) que el resultado había despejado sigue rebotando y hasta se recarga. La última baja del segundo nominado para dinamitar o dirigir el Banco Central, del que se había dado un nombre, se bajó enseguida de la lista y eso sucedió con otros cargos fundamentales; tal vez la mayoría, que asustada por lo que se puede venir, “se fue a baraja”, como se dice en términos de juegos de naipe.

Entre tanto, Milei designó a dos ministros claves, el de Interior y el de Economía; el primero, un hombre sensato y moderado, don Guillermo Francos y el otro, Luis Caputo, que hace no tanto tiempo fue estigmatizado por el propio Presidente electo, por unos dólares todavía no debidamente blanqueados en la transacción con el Fondo Monetario Internacional (en épocas del gobierno de Mauricio Macri, por supuesto). En aquel momento Milei dejó correr la especia de que algunos millones del préstamo se repartió entre “la casta política”; esto vale como una generosa coima, que alentó a toda la dirigencia a mirar para el otro lado. No obstante, en esta etapa menos ideológica que pragmática, el Presidente lo ha nombrado Ministro de Economía; en especial porque es el único que puede desmontar las desequilibrantes y codiciadas “leliq” (las Letras de Liquidez), comúnmente conocidas en la jerga con ese tambaleante apodo, y sirven de instrumento financiero para deuda entre dólar y tasa de interés). Ya definido su cargo, digamos que una imagen no vale más que mil palabras, Caputo será acaso el principal miembro del Gabinete.

“Asunto poco sencillo y nada fácil de digerir”, se dirán los más puristas. En otra dirección, la convencida y entusiasta artillería, como es de esperar, se asusta. ¿Por qué razón? Bueno, seamos sinceros, Javier Milei es un candidato libertario, es decir, un “anarquista, aunque de derecha, por supuesto, como conjetura Oswald Spencer (autor de la de La Decadencia de El Occidente), como lo fueran en otra época el doctor Jorge Guillermo Borges, padre de nuestro escritor y el propio poeta.

Y, para ser sinceros, un antisistema, aquí y en el fin del mundo, estremece tanto como un Comunista de la extrema izquierda troskista y esa convicción hace temblar a más de uno, que huye despavorido.

En esta confusa metamorfosis, entre anuncios que van y vienen, y de sorpresa en sorpresa, todo radica en un elemento mucho más potente que en la extravagancia de la persona de Milei, o en la cortísima historia de su carrera política y su construcción partidaria. El triunfo de este carismático libertario, lector de “La Torá”, sobresale y desconcierta más porque es la victoria electoral de una propuesta tan revulsiva como revolucionaria, que impulsa, como reza la definición clásica, un cambio profundo de estructuras, económicas, políticas, sociales y culturales. Y no es solo la economía. Milei sabe distinguir muy bien que es una revolución y un mero ajuste de cuentas; la revolución cambia los usos y el reacomodamiento de ciertas estructuras solo corrige abusos, y de lo que se trata ahora, en este patético momento, es de acomodar las cosas con criterio definitivo. No con parches, como desde hace décadas se viene haciendo y la caída de la Argentina, como se ve, es cada vez más vertiginosa.

En pocas palabras, agreguemos que Milei promete y encarna un auténtico intento de poner cuentas claras en todo lo establecido y lo políticamente correcto. Impugna y propone reemplazar el sentido común imperante. Nada que se hubiera conocido en la Argentina en los últimos 70 años por vía de las urnas, sin fuerzas armadas atrás, ni el pueblo en las calles; sino solo el lábil y heterogéneo, pero mayoritario voto popular. Esa fue la oferta que se impuso y que su núcleo duro de votantes abrazó y él parece dispuesto a cumplirlo.

El devenir de los acontecimientos, desde la noche del domingo 19, le dará la razón o lo pondrá contra las cuerdas. El presidente electo, con una ficha acaso ganadora entre los dedos, apuesta a todo o nada; por consiguiente sin atender el qué dirán las vecinas, se lo juega todo. No le queda otro camino, es lo que prometió. Sin embargo, parece empezar a enmendar, al menos de arranque, ese furor utilizado en su campaña motosierra, para darle más bien y con cierta cautela un tono menos drástico que reformista.

De todos modos el interrogante flota: ¿revolución o reforma? Y aunque la incertidumbre es la única certeza, como en el soliloquio de Shakespeare, To be, or not to be, that is the question.

Roberto Alifano

Escritor y periodista

ROBERTO ALIFANO es escritor y periodista argentino, autor de algunos libros de poemas, de relatos y ensayos.

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