FRANCISCO lo ha hecho ante la imagen de la Virgen situada en la romana Plaza de España, como hacen todos los Papas en la festividad de la Inmaculada Concepción el 8 de diciembre. Allí, frente a la Embajada de España cerca de la Santa Sede, el Pontífice ha recordado “ a las mujeres que han sufrido la violencia y a las que todavía son víctimas en Roma, en Italia y en todo el mundo. Tú las conoces una a una, conoces sus rostros. Te pedimos: seca sus lágrimas y la de sus seres queridos”.
En estos días, cuando aparecen noticias que recogen muertes de mujeres a manos de sus compañeros, no solo en España, y cuando conocemos cifras estremecedoras del aumento de esos crímenes, FRANCISCO ha querido recordarnos a todos esa barbarie y lo ha hecho ante la imagen de una mujer, María, que amó más que nadie y que fue y es ejemplo para todos.
"¡Virgen Inmaculada! –rezó el Papa-Venimos a ti con el corazón dividido entre la esperanza y la angustia. Te necesitamos, madre nuestra". Una oración en la que FRANCISCO hizo también especial alusión a la violencia que sacude el mundo :” Nuestro destino no es la muerte, sino la vida; no es el odio, sino la fraternidad; no es el conflicto, sino la armonía; no es la guerra, sino la paz. Madre, dirige tus ojos de misericordia a todos los pueblos oprimidos por la injusticia y la pobreza, marcados por la guerra. Mira al martirizado pueblo ucraniano, al pueblo palestino o al pueblo israelí, caídos en la espiral de la violencia". El Pontífice recordó a “las muchas madres dolidas que lloran a los hijos asesinados por la guerra o el terrorismo o que los ven partir en viajes de esperanza o las que tratan de desatar las cuerdas de la dependencia y cuidan de los enfermos”.
El Papa llevó una corona de flores y la depositó a los pies de la columna de unos 15 metros que sostiene la imagen de la Virgen, en cuyo brazo cada año por la mañana, como es tradición, ponen otra corona floral los bomberos romanos.
La tradición papal de la ofrenda de flores se remonta a 1857, tres años después de la definición dogmática de la Concepción Inmaculada de la Virgen María formulada por Pío IX en 1854, que el 8 de diciembre de 1857, mandó erigir el monumento de la Inmaculada Concepción en la Plaza España, ante la Embajada de española, como reconocimiento porque muchas solicitudes de proclamación del dogma llegaron desde España. cuya representación diplomática permanente es la más antigua de Roma, pues fue creada en 1480 por el Rey Fernando el Católico, de ahí que tenga el privilegio de llamarse “Embajada de España cerca de la Santa Sede” y no” ante la Santa Sede”, como ocurre con las representaciones de otros países.
Y el Papa quiso terminar esta visita anual diciendo ante la Virgen que “no hay paz sin perdón" y que "el mundo cambia si los corazones cambian", aunque FRANCISCO nos advirtió a todos que “para eso "cada uno debe decir: a partir del mío".
Eso esperamos.