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TRIBUNA

Los días leves

martes 19 de diciembre de 2023, 19:54h

Los días leves (Binomio, 2023) supone el debut literario de Adriana Murad Konings; es un libro que se ha hecho esperar, pues, aunque con distintos títulos, ha resultado finalista de premios como el Herralde o el Nadal, casi nada. El argumento general podemos resumirlo con unas líneas de la autora: «Una joven investigadora descubría que el canon literario se había formado a partir de un error: esa novela, la que todos conocían, había sido robada» (p. 231). ¿Cuál? Ni más ni menos que La insoportable levedad del ser, cima de la narrativa del recientemente fallecido Milan Kundera, quien se la habría sustraído a una jovencísima Frances Donnell, escritora norteamericana. A partir de aquí, encontramos los tira y afloja entre esta mujer, inspirada libremente en la figura de Flannery O’Connor, y la narradora, estudiante de literatura; ambas afincadas en San Lorenzo de El Escorial.

Bajo el pretexto, primero, de llevar a cabo un trabajo universitario que rescatase la obra de alguna autora y, más tarde, preparar un artículo, va acercándose a Donnell, así conocemos su amor por los pájaros, manías, testarudez y fingimientos. En el curso de una de las conversaciones, con cierta guasa en torno a la novela filosófica, la narradora cree intuir en la anciana escritora una confesión: durante un encuentro literario, Kundera se aprovechó de su inocencia y juventud para sustraerle la novela que tiempo después lo encumbraría. Sin embargo, la narradora es poco fiable: tiende a la tergiversación y al protagonismo, construyendo las historias con ella como desencadenante (resulta evidente en el suceso final, donde las palabras de Murray, íntima amiga de Frances, son reestructuradas a su gusto). Esto también arroja dudas sobre si de verdad Frances Donnell escribió La insoportable levedad del ser, dado que, en realidad, jamás lo afirma. Y es que, ¿cabe que una mujer como ella, puritana, de ascendencia irlandesa y criada en Georgia, pudiera plasmar de veras el encorsetamiento del comunismo checo? Aunque la voz señala que «era cuestión de demostrar qué había en ese texto que pertenecía a Frances» (p. 57).

A lo largo de un proceso de mimetización entre la narradora y Frances, pasamos de la crudeza (la enfermedad, la fragilidad, el despotismo académico) a la parodia e, incluso, la autoparodia (¿cómo entender, si no, este pasaje?: «las novelas sobre escritores escribiendo novelas sobre escritores me parecían, cuanto menos, aburridas, pero no entendía en qué afectaba eso a Frances», p. 122). Murad Konings nos presenta una novela de campus sin campus, unos apuntes para la vida de Frances Donnell, recuperando uno de los títulos descartados, espolvoreados de referentes eruditos y ficcionales, trayendo reflexiones sobre la fe y con algún cameo (la poeta Andrea Abello y su Duende). De la mano de la máxima latina bene vixit qui bene latuit, que bien podría haber pronunciado Frances, y si Kundera no hubiera muerto, ¿quizá Los días leves podría haberlo sacado de su ostracismo voluntario?

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