¿Y si Obama no gana?
Joaquín Vila
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directorelimparciales/8/8/20
lunes 03 de noviembre de 2008, 22:24h
Según las encuestas, a unas pocas horas de que se abran las urnas, Barack Obama mantiene entre ocho y diez puntos de ventaja sobre McCain, una distancia tan amplia que muy pocos dudan de que esta noche se convertirá en el 44 presidente de los Estados Unidos. El candidato demócrata cuenta con esta distancia por dos motivos: su carisma y, tal vez más determinante aún, por la desastrosa gestión de Bush, que contamina irremisiblemente a McCain.
La popularidad se la ha ganado Obama por sus nítidos mensajes de cambio en medio de la crisis, su simpatía, su espigada y atractiva figura, por su desparpajo, por su brillante oratoria y, desde luego, por el hecho de que un hombre negro pueda llegar a la Casa Blanca, un hito histórico que muchos norteamericanos desean que se produzca para lavar el pasado racista de su país.
La desastrosa gestión de Bush supone, sin duda, un baldón para McCain. El todavía presidente de EEUU sigue atrapado en el avispero de Irak, le ha estallado en la cara la mayor crisis económica de los últimos decenios, de la que muchos le hacen directamente responsable, y ha dilapidado el liderazgo mundial de EEUU por sus melifluas decisiones ante la arrolladora maquinaria de China, ante las trampas nucleares de Irán o Corea, ante la astucia política de Rusia y ante las bufonadas de los sátrapas populistas de Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua o Cuba.
Todos los datos, todos los medios de comunicación, todas las encuestas, todo el mundo está convencido de que Barack Obama hará Historia al convertirse en el primer presidente negro de los Estados Unidos. Pero algunos analistas señalan que el torbellino mediático del senador demócrata ha camuflado dos elementos que pueden dar un vuelco a las previsiones.
Primero, la nula experiencia política de Obama, que hace desconfiar a muchos de su capacidad para dirigir EEUU en estos momentos turbulentos. Y, luego, un dato que ha sido poco evaluado: el llamado voto oculto de esos norteamericanos que, para disimular su racismo, han declarado que le votarán, pero que, a la hora de la verdad, lo harán por McCain. La cuestión es calcular la dimensión de ese voto oculto. De hecho, el candidato demócrata saca ventaja en casi todos los sectores sociales (mujeres, latinos, negros, jóvenes...) pero el republicano gana en el de los varones blancos, que supone el mayoritario.
¿Y, qué pasaría si, al final, todo el mundo se equivoca y quien obtiene el respaldo de los norteamericanos es McCain? ¿Acusaría Michael Moore al candidato republicano de haber dado un golpe de Estado, como hizo Almodóvar en 2004, cuando parecía que Rajoy podía derrotar a Zapatero? ¿Rompería el gobierno socialista español y sus aliados venezolanos, cubanos y demás relaciones con los Estados Unidos acusándoles de pucherazo?
En cualquier caso, si Obama, como está previsto, se convierte en el líder del Imperio, Zapatero, con suerte, tardará unos meses, tal vez años, en pisar las alfombras de la Casa Blanca y podrá colarse en algún que otro congreso internacional. Pero si gana McCain, no las pisará nunca y España seguirá aparcada de todos los foros mundiales.
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Director de EL IMPARCIAL
JOAQUÍN VILA es director de EL IMPARCIAL
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directorelimparciales/8/8/20
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