www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

La revolución de una nueva derecha

miércoles 03 de enero de 2024, 20:13h

Cosas, Celalba mía, he visto extrañas:

cascarse nubes, desbocarse vientos,

altas torres besar sus fundamentos,

y vomitar la tierra sus entrañas…

Luis de Góngora


La palabra revolución determina una transformación de las estructuras del poder. Tarea nada fácil de concretar en el marco de una democracia representativa. Después de las experiencias que ofrece la historia, aún se debate en el mundo qué puede constituir una revolución y qué no. El hecho hasta se suele analizar desde una perspectiva psicológica, incorporando siempre, obviamente, los puntos de vista de las ciencias sociales, incluyendo los manejos políticos, por supuesto. Los orígenes que llevan a una revolución responder a motivos de diversa índole para que se asuma el nuevo paradigma modificador radical de los usos del poder para imponer otro modo de gobernar. Por lo general, cuando se produce esta extrema situación es porque las cosas han llegado a su límite. Las revoluciones pueden ser pacíficas, aunque, en general, implican violencia, ya que enfrentan a grupos beneficiados por el anterior régimen que no admiten perder sus privilegios y rechazan el cambio; incluso entre los que aspiran a un nuevo sistema, pudiendo haber varias facciones enfrentadas.

Desde hace décadas en la Argentina lo que sucede es raro y hasta supera lo imaginable. La retórica política se desencaja más allá de cualquier convicción partidaria desconcertando al analista más reputado. Borges, con su humor desopilante solía repetir (parafraseando a su padre anarquista y enfureciendo a su madre de devota fe cristiana) que “en nuestro extraño país hasta el Misterio de la Santísima Trinidad puede ser posible”. Las décadas de decadencia se han ido sumando y el presente que viven los argentinos es la resultante de décadas de permanente decadencia. Todo está fuera de caja y la corrupción ensucia los más remotos rincones de la República; para hablar sin medias tintas, digamos que se vive una situación de desastre sin precedente.

Es así que la confrontación, que los politólogos llaman “grieta” y se percibe cada vez más inconciliable ha sido extrema antes y durante una campaña electoral que dio ganador por un cómodo margen de votos al candidato libertario Javier Milei, cuyo triunfo fue sorprendente -y lo sigue siendo- hasta en su rotunda idea de gobernar; lo que nos hacer ver, a través de sus medidas, la sensación de que el Poder Ejecutivo presenta una situación novedosa en sí misma involucrando toda una cuestión inquietante.

Esto se ha comprobado en los últimos días, sobre todo a partir del dictado de un Decreto de Necesidad y Urgencia, con casi 700 artículos cuyo contenido no deja dudas, de que el Gobierno está inspirado por un sentimiento revolucionario. Algo que se da en un oficialismo que se siente sujeto y agente de un cambio en un sentido estricto. Hecho que, por otro lado, caracteriza históricamente a los grupos revolucionarios de izquierda; aunque, en el caso argentino esa izquierda es una minoría que nunca supera el 5 por ciento de los votos en una elección y se ve frustrada en la mayoría de sus convocatorias en las calles (si para muestra basta un botón, como dice el refrán, la actual Ministra de Seguridad, en la primera manifestación del grupo troskista, literalmente los corrió con la vaina, ya sin armas la policía logró contenerlos para que no cortaran el tránsito).

Esto recuerda, además, con menos gloria que pena, que el primer día de gobierno militar, el 24 de marzo de 1976, se tomaron dos medidas que sacudirían la vida de los argentinos. La primera fue emitir 30 comunicados que tenían fuerza de ley y le otorgaban todo el poder a un general, a un almirante y a un brigadier. La segunda fue encarcelar a los políticos, recrudecer la represión y cerrar el Congreso para gobernar por decretos dictatoriales, que en muchos casos violaban los derechos humanos. Lo cual ahora es imposible desde todo punto de vista.

Ahora bien, volvamos al comienzo. Definitivamente una revolución incluye medidas que pretenden trasladar a la realidad un diseño transformador con irrespeto hacia lo existente; es decir, la buscan de imponer un determinado molde a una transformación. Las revoluciones negocian poco y son escasamente deliberativas. Forman parte de un diseño mental, de una idea de cómo debe estar dibujada la sociedad, llenando con una nueva escritura el avance de los cambios como si fuera un cuaderno en blanco por ser escrito. Y siempre puede ser una experiencia nueva. Pero atención que de un lado u otro, una revolución puede fracasar por dos razones: la primera si opera por medios democráticos y sin mayoría legislativa y la segunda si intenta imponer la fuerza dentro de ese sistema.

Sin embargo, lo concreto en esta insólita la Argentina es que el nuevo Gobierno encabezado por Javier Milei tiene una legitimidad especial otorgada por el 54 por ciento de los votos y esto nos recuerda que cuando la doctora Cristina Kirchner obtuvo una cifra parecida en votos en primera vuelta, pronunció la frase: “Vamos por todo”. Y esa, qué duda cabe, es una idea extrema también usada por Milei. Podemos después hilar fino y preguntarnos si realmente ese porcentaje de votos que está detrás del Presidente, se ve dispuesto a respaldar sus drásticas políticas de cambio.

En lo concreto es lo que está detrás del discurso del Presidente con el impulso rotundo de producir hechos. Es lo que se ve con claridad detrás de su “Decreto de Necesidad y Urgencia” que convulsiona a toda la sociedad. Cuando uno mira la génesis de esa norma, comprueba que es el producto de una convicción de Milei con no demasiados acompañantes; aunque no se puede dejar de reconocer que es la elaboración mental de alguien que ha acometido la descomunal tarea y se puso a revisar más de 3 mil leyes, reglamentos y decretos para reestructurarlos según su idea del cambio de todos los usos. Todo lo que la política argentina construyó a lo largo de décadas, todo eso, se considera “perverso” o “un error”, como afirma Milei y debe ser puesto en suspenso o ser remplazado por su expansivo proyecto.

La realidad, todos sabemos, suele oponerse a los sueños y, por lo general, resulta áspera, cuando no contrapuesta y decepcionante. El utópico Presidente de los argentinos no es un ingenuo y sabe que nada es fácil en un país desbarrancado y con resignada visión de futuro. Las propuestas de sus medidas son tan alentadoras como desafiantes. Tiene ante él una oposición donde los rastros de una crisis estructural corroen a la población con un 50 por ciento de pobreza, una inflación espantosa e inmanejable dentro de estos esquemas de gobierno, déficit fiscal apabullante, altísima deuda externa, sin dólares en las arcas del Estado y donde la dirigencia propia y opositora mira su propio ombligo y al otro que lo parta un rayo.

A poco menos de un mes de su asunción el presidente Milei deberá enfrentar un paro general de una central sindical, que ha decidido oponerse sin medias tintas, olvidando que antes de las elecciones las cosas no estaban mejores y el escandaloso Gobierno anterior de los Fernández, con el frustrado candidato Massa al frente de la economía, no pudo contener la galopante caída.

El decidido Milei con voz convincente y desafiante, como dando una orden, dijo ante el Congreso: “Estamos aquí para construir una gran Nación. Esta es mi política de Estado, mi idea de país -y quiero que sea el objetivo de este Gobierno- hacer de nuestra Patria un patrimonio libre de castas. Les pido que me acompañen en esta cruzada”.

Hoy el principal problema de la Argentina es la economía y, por ende, la política, responsable y sostenedora del derrumbe y desviada por años de tergiversaciones retóricas en un país que se cae a pedazos por las absurdas medidas que se vienen tomando, cuando lo que se necesitan son medidas concretas que la saquen del atraso. Con un Estado monumental que subvenciona todo se reclama transparencia y cuentas claras y a la vista. Sin esa base elemental no hay salida posible.

No caben dudas que se necesita una revolución para impulsar un cambio y si ese cambio es de derecha o izquierda quizá poco cuenta. Lo que sí cuenta y es imprescindible es que se lleve adelante. Milei es liberal en lo económico, pero tiene rasgos populistas en lo político, que algunos consideran que le resta. Sin embargo, detrás del DNU está la idea de que hay una legitimidad superior que es la de los votos al líder, que le permiten ser un poco peyorativo respecto del sistema. Pero no debe sorprender, ya estaba gestualmente anunciado cuando inauguró su gobierno de espaldas al Congreso y mencionamos uno de sus principales propósitos. Es la idea de que hay una legitimidad que confronta con la legitimidad del Congreso. Se ve también en la presentación del DNU, que a diferencia de otras oportunidades, Milei adjudica todos los males de los últimos 100 años a la clase política y a “la casta” en un sentido amplio.

La Argentina está en un momento histórico donde la gente le dio un cheque en blanco a estas ideas libertarias y se vive una sensación de emergencia. Lo que Milei llama “la casta”, está extraordinariamente desconcertada de haber perdido frente a un outsider como es este flamante Presidente.

¿Qué queda por delante? Para algunos la terrible sensación de que la Argentina está sobre un tembladeral político, social y económico de consecuencias impredecibles. El tono y la letra del capítulo sobre Seguridad Interior de la ley Ómnibus, es sospechosamente parecido al comunicado N°2 de la Junta Militar de 1976, que amenazaba con estas palabras: “todos los habitantes deberán abstenerse de realizar reuniones en la vía pública, toda manifestación callejera será severamente reprimida”. El enunciado es contundente. Acaso sólo queda el respeto a la democracia y luego asumir este crudo momento del día a día con un actual ajuste inapelable y buscando consuelo en el repetido verso del poeta Horacio. Carpe diem. Las cartas están echadas y la ciudadanía argentina tiene derecho a la esperanza, que es lo último que se debe perder.

Roberto Alifano

Escritor y periodista

ROBERTO ALIFANO es escritor y periodista argentino, autor de algunos libros de poemas, de relatos y ensayos.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (6)    No(0)

+
0 comentarios