Todas las fábricas o fábricas o fábricas que han surgido aquí o allá sin saber por qué, y muchas incluso de tendencia comunista ¿ quisieran parecerse a The factory (la fábrica) de Andy Warhol ?
En una escena que Andy hubiera podido ver desde lo alto de su ‘fábrica’: un niño sordo intentó atravesar la calle 14 ante la incomprensión de un policía. Este incidente recuerda a otro policía perplejo en el mismo lugar más de diez años antes, con una bailarina-de-vanguardia, decidida a que un-arrabal-poeta le pusiera un par de esposas.
Andy Warhol cuando alquiló aquel loft supo (y lo jaleó) que el antiguo propietario había sido el Partido Comunista. Yo siempre creí, aunque no dijo nunca al respecto, que el nombre The factory evocaba las actividades anteriores... Pero también, a veces, hablaba de fábrica en español ¿por qué?
La peripecia del niño en la calle catorce originó la prodigiosa Mirada del sordo (Deafman glance) de Bob Wilson. Por tercera vez vi la obra en París y me colocaron junto al poeta francés Louis Aragon. Precisamente años antes le había telefoneado para pedirle:
-¿Quiere formar parte del comité en defensa de los prisioneros cubanos en el gulag de la isla?
El poeta francés me dijo, atentísimo:
-Tengo muy presente a todos los poetas presos; pero desgraciadamente no podría formar parte de ese comité pues ya formo parte de otro. [Comité Central du Parti Communiste Français].
Luego añadió, aún más cordial, en español:
-Señor Arrabal, adoro su música.
Mientras me hablaba creí reconocer la voz de su acompañante, un joven francés que oficiaba como su secretario y que claramente le apuntó la-metedura-de-pata es músico. Aquel joven brillante había sido enviado a Moscú durante años a la Escuela de Mandos, evidentemente solo conocía un arrabal: los tangos argentinos.
Aragon, aquella noche, años después, estaba entusiasmado con la obra de Bob. Al final del prodigioso final se dirigió a mí y me dijo:
-Tengo mucho gusto en saludarle señor Arrabal; me acabo de enterar que todos los días con André Breton asiste usted al grupo surrealista. Por favor. Muy solemnemente. Una vez que hemos contemplado "esta-extraodinaria-máquina-de-libertad" con Deafman glance, tenemos que reconciliarnos, André y yo.
En la madrugada del 28-6-1971 alguna agencia de prensa internacional comunicó lo que dio como un hecho: la reconciliación surrealista.
Felizmente tal precipitación me permitió no servir la totalmente imposible misión de intermediario del creador del surrealismo con un miembro del Comité Central del Partido Comunista Francés.
A las 6 de la tarde del día siguiente como todos los días (salvo los domingos) los surrealistas, en torno a André Breton, nos reunimos en La promenade de Vénus. Era la tertulia que añoraba desde que el destierro me había alejado de las ‘cacharrerías’ madrileñas. Diariamente, durante años, asistí a la reunión, presidida por André Breton. Allí se redactaron o reeditaron algunos pasquines con tino y trino como El surrealismo está al alcance de todos los inconscientes, Monte de Piedad e Introducción al discurso sobre la poca realidad. A partir de 1965, con André Breton, realizábamos la revista La Brèche.
Breton vivió durante cerca de medio siglo en un modesto pisito de dos habitaciones (small apartment, según The New York Times): 42, Rue Fontaine. En él me recibía con el vaso de ron blanco del rito. En este retiro de monje vivió desde 1922, dos años antes de escribir el primer Manifiesto del surrealismo, hasta su muerte en 1966 a los setenta años.
Breton, en Nueva York, conoció a su última esposa con la lámina de Arcano 17 en la mano, la chilena Elisa. Hasta su muerte, esta viuda del silencio, del talento y de la elegancia luchó por conservar el tesoro y el castillo de estrellas. Se le prometió crear la Fundación del Surrealismo o un Museo André Breton o la Mansión Internacional de la Modernidad de las Maravillas. Otros "exigieron" que se alzara "un espacio permanente de poesía ».
De 1930 a 1933, André Breton dirigió la revista El Surrealismo al Servicio de la Revolución; después se hizo cargo, con Marcel Duchamp y Max Ernst, de VVV. En 1931, André Breton escribió Unión libre. La palabra surrealista vale ¿por rareza de corral? Sobre todo para mandos "potemkines" que se sometieron y militaron (¿cómo Aragon o Siqueiros?) en las empresas más terroríficas del siglo XX y de sus titanes.
En 1925, André Breton escribió Nadja: tres Esperanzas, tres Nadjas (Nadejdas) iluminaron las vidas de Lenin, Stalin y André Breton: Kroupskaia, Alliluieva y la parisiense. Doce años después de que Breton publicara su primer poema en La Falange (que nada tenía que ver con la del Primo), la musa se les apareció a los surrealistas. Aquella aparición les enseñó lo que es fundamental aprender y nadie enseña: las relaciones de la poesía con la vida, el azar: el amor loco.