Según Harari, la evolución, del hombre, desde el régimen tribal al de agricultor-ganadero, de las complicadisimas sociedades modernas, no está claro que haya sido un avance. Por eso digo evolución y no progreso.
Harari dice, también, que una de las características, principales, que distinguen al ser humano, de las demás especies, es su capacidad de fabulación. Es la que le ha permitido almacenar, utilizar y transmitir, ideas, conocimientos, narraciones y ...mentiras.
Y es tan abrumadora que, la actividad que dedica a ella, bien pudiera compararse a la de las abejas, en la fabricación de la miel, que ocupa su vida entera.
Desde que la especie alcanzó la consciencia, cada individuo no cesa de elaborar ideas, planes, vivencias y quimeras, en sueño o en vigilia y de transmitirlas a sí mismo o a los demás, por todos los medios, reflexión, palabra, piedra, papel, radio, televisión, digital, etc…
No para de urdir arte, música, relatos, sistemas filosóficos, políticos, sociales e infinitas religiones, que condicionan o dirigen su comportamiento y el de los demás. La sociedad es una ensordecedora colmena, abrumada por el runrún de la fabulación.
El emisor encuentra siempre oídos y ánimos propicios, que van produciendo grupos y grupitos, sectas y sectitas. Y los más osados encuentran poca dificultad en manejar la conducta ajena, pues hay demasiados que no saben diseñar las normas por las que regir su propia vida y encuentran un gran alivio en acogerse a las que alguien les dicta.
Y no importa la inconsistencia de las ideas que sirven de pastor eléctrico, para apacentar a otros. Acordaos de los terraplanistas y de tantas sectas de proceder extravagante.
Os traigo por estos vericuetos para entrar, como no, a considerar la situación actual en España, donde vivimos momentos en los que la mentira, la tergiversación, el engaño y la sectarización, tienen carta de naturaleza.
Los políticos han decidido que defienden mejor sus intereses en el terreno de las emociones y los instintos, que en el de las ideas y proyectos. Es un viejo modelo que ha traído grandes desgracias a la humanidad. Acordaos de su reciente caída en los nazismos, comunismos, fascismos y dictaduras, de todo tipo, que han bañado, de sangre, la Tierra entera.
Son los herederos, de aquellos geniales propagandistas, que hicieron creer, a los melifluos intelectuales europeos, de posguerra, que el paraíso estaba detrás del MURO.
Son los descendientes de los que plantaron la bandera comunista en Cuba y que, después de extenderse por Iberoamérica, han ganado en el grupo Puebla, cuya pseudofilosofía de lo “políticamente correcto”, inventada para ir royendo las columnas de la sociedad occidental, nos traen nuestros adelantado “progresistas”, Iglesias y Zapatero y que, nuestra socialdemocracia, sin programa propio, ha acabado adoptando, como suya.
Amigos intelectuales derrotistas del “¡Que País!”, no culpéis al pobre pueblo de dejarse engañar. La gente está en el tajo y necesita pautas de conducta para sentirse “uno de los nuestros”. La sectarización es una técnica tan antigua como la humanidad y no se puede culpar a la gente que la padece. Es como si se la culpase de estar contagiada, con algún virus, que le ha sido inoculado, por alguien.
Por alguien que empezó diciéndonos, “Nosotros hacemos esto porque es lo mejor” y ahora nos dice, descaradamente, “Esto es lo mejor porque lo hacemos nosotros”.