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EDITORIAL

Pedro Sánchez, acorralado y hundido

jueves 01 de febrero de 2024, 08:31h
Actualizado el: 02/01/2024 21:42h

El batacazo sufrido por el Gobierno al ser tumbada su ley de amnistía es sólo el principio del largo y tortuoso camino que debe recorrer Pedro Sánchez si quiere aguantar de presidente los tres años y medio que quedan de legislatura. Para empezar, para mantener el imprescindible apoyo de Junts, debería incluir en la ley los delitos de alta traición y terrorismo, lo que atentaría contra el Estado de Derecho y arramplaría con la escasa dignidad que le queda. Pero, aún peor para él, la Comisión Europeo podría tumbar sus planes.

De momento, la comisión de Justicia e Interior del Parlamento Europeo ha aprobado este miércoles una enmienda para prohibir que se puedan indultar o amnistiar delitos de malversación, algo que se incluiría en la futura directiva contra la corrupción y que supondría un nuevo mazazo para el Gobierno de Pedro Sánchez, en plena negociación de la controvertida ley de amnistía. La propuesta ha salido adelante con 43 votos a favor, 17 en contra y 6 abstenciones con el voto en contra del PSOE, como no podía ser menos.

La propia ley de amnistía está también bajo la lupa de la propia Comisión. Lo está con la redacción actual. En caso de que, al final, Sánchez se humille definitivamente e incluya en la norma los delitos de alta traición y el terrorismo en toda su extensión, es fácil prever que sería denunciada y anulada por Bruselas con un recurso ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea.

En efecto, Pedro Sánchez está acorralado por Puigdemont, por Bruselas y, además, por la Justicia española. De hecho, como decíamos en nuestro último editorial, han sido los jueces García Castellón y Joaquín Aguirre los que mediante sus instrucciones han metido el miedo en el cuerpo al golpista fugado ante el riesgo de ser juzgado y condenado. Y, este mismo miércoles, el Poder Judicial ha estallado contra los insultos y amenazas de los portavoces de los socios del Gobierno.

En Moncloa aseguran que Pedro Sánchez va a permanecer como presidente el resto de la legislatura. Y es lógico. Si adelantara las elecciones en mayo, y a pesar de las falsas encuestas de Tezanos, el PSOE se hundiría en las urnas. Porque todos los españoles han contemplado cómo el presidente ha sufrido un durísimo revolcón parlamentario, a pesar de haberse humillado ante el golpista catalán.

Pedro Sánchez, ahora, está contra las cuerdas. Puede modificar la amnistía y atentar contra el Estado de Derecho para satisfacer a Puigdemont. Posiblemente, se rebelará contra Bruselas si intenta desmontar su ley. Y, aún así, tendrá que seguir soportando el acoso permanente de Junts durante toda la legislatura. Pero él es el único responsable de haberse metido en la boca del lobo. Su ansia por amarrar el poder le ha llevado a pactar con un prófugo de la Justicia que no es de fiar. Y el resultado es que él y su coalición de Gobierno se encuentran en el aire. Puede prorrogar los presupuestos, legislar lo mínimo y aguantar a que se despeje el horizonte. Pero será una tortura para él y para toda España. En realidad, no tiene una salida digna. Está hundido y desconcertado. Pero no tirará la toalla. Aguantará antes de ser arrollado en las urnas.

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