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ESCRITO AL RASO

Nuestros actores, bajo el umbral de la pobreza

David Felipe Arranz
lunes 05 de febrero de 2024, 19:22h
Actualizado el: 02/06/2024 18:18h

No, no es el título de una comedia neorrealista de pobres y ricos, pajaritos y pajarracos, pícaros y señores. Ni tampoco una película de la movida madrileña rodada en Malasaña. A primera vista, el no iniciado en las artes escénicas –salvo como espectador o público– no distingue bien a priori (siempre hay excepciones) las celebraciones y festivales, premios y galardones, que parecen así como una continuidad hijos del éxito escénico y cinematográfico, de la vida íntima del comediante. El gran Emilio Gutiérrez Caba, laureado actor y cinéfilo finísimo, en su condición de presidente de AISGE ha presentado la semana pasada el 5º Informe sociolaboral 2023 de la Fundación AISGE sobre la situación de nuestros intérpretes. “Nos toca dar los siguientes pasos –ha dicho Gutiérrez Caba–: analizar la realidad, objetivar nuestras muchas debilidades y pocas fortalezas y trabajar de la mano en la conquista de un futuro mejor y, sobre todo, más alentador” ha comentado con respecto a un oficio “en el que hemos ido a peor”. Los resultados, efectivamente, no son nada halagüeños: solo el 7% de los actores españoles superan los 30.000 euros de ingresos anuales y el 77% de nuestros artistas ingresan al año menos de 12.000 euros. La mitad de los profesionales del sector gana menos de 3.000 euros al año y un 72% se encuentra por debajo del umbral de la pobreza –un 44% si computamos incluso otras fuentes alternativas de ingresos–. Se nos encoge el alma con los hijos de Melpómene, esos seres maravillosos que, subidos a la tarima o traspasando la gran pantalla, van deslizándose por nuestra vida dejando un reguero de arte y conocimiento. Qué es un actor en escena, sino una proyección de nosotros mismos, en tal o cual situación. Han sido siempre objeto de persecución por el poder, en su juego grotesco de exterminar las libertades: los actores, que siempre son el reír y el llorar de las gentes, los canales de la catarsis colectiva, con esa corambre de aplausos y vítores atronando los finales, se encuentran en una situación vivencial extrema.

El coordinador del Área asistencial de AISGE, Iván Arpa, ha recogido estos datos de entre 3.410 respuestas, que a su juicio es una masa de respuestas colosal, “el 40% de la población audiovisual censada”, a la que se sumaron los grupos de discusión de hasta seis comunidades autónomas. Por su parte, el profesor e investigador Manuel Martín Villarejo, director del informe, opina que “el actor de imagen padece cláusulas abusivas, una inseguridad mayor e inquietud con respecto a su trabajo” y que, puesto que el avance tecnológico es imparable, hemos de cuidar la creatividad cultural y la propiedad intelectual de nuestros artistas, cuya aportación al interés general es inmenso. Ha habido una rebaja notable de las condiciones laborales con respecto al último informe, porque –a juicio de Martín Villarejo– la IA las ha transformado: es cierto que hay más trabajo, pero han bajado dichas condiciones contractuales por la pandemia y después la maldita inflación. El artista, dice, es el jornalero de la gloria, y estamos retrocediendo en el frágil equilibrio entre el poderoso y el más débil, porque en el escenario actual no se aprecia sino “una oda a la libertad contractual”, en la que el actor cede a los productores todos sus materiales. Es imperiosa y urgente la acción social con ellos, porque en su frágil velador de funambulista titila la última esperanza artística, el último sueño de redención, para que puedan escapar de este fatalismo descendente, concienciando a nuestros políticos y empresarios de que no tenemos más remedio que dignificar esta profesión.

“No es oro todo lo que reluce” ha dicho Emilio Gutiérrez Caba con respecto a aquellos que confunden el oropel de las alfombras rojas con la situación financiera de la mayoría de nuestros actores y actrices. Son los actores la primera revelación de la literatura escénica, con las vidas imaginarias convertidas en realidad gracias a que se pintan así, se exponen asá, a que están fatigados de encargos mal pagados, abrumados de incertidumbres. Porque en ellos nos va la educación y la cultura, y que sin saber cómo ni por qué, haciendo camino de comediantes, como hombres y mujeres libérrimos e inquietos, han caído en las redes de la precariedad, el abuso y la explotación. Gracias a este estudio de AISGE, hoy sabemos que tenemos que apoyarlos más que nunca. Qué duda cabe. Por ellos, por nosotros y por el futuro.

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