En el próximo mes de marzo se va a celebrar la 124 Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española, en la que los obispos españoles van a tener que elegir al sucesor del cardenal Omella como Presidente de la Conferencia Episcopal Española. Una elección en la que no hay encuestas previas, pero sí influencias o posturas dirigidas por algunos medios o por periodistas interesados, en muchos casos, para encontrar más beneficios futuros propios, que una cúpula de la Conferencia Episcopal que lleve adelante retos que se van a presentar en los próximos años y que no van a ser nada fáciles.
Pero antes de seguir conviene explicar lo que es la Asamblea Plenaria. Pues es el órgano superior de la Conferencia Episcopal Española que tiene dos reuniones, una en otoño y otra en primavera. Es colegial y reúne a los arzobispos y obispos diocesanos, al arzobispo castrense, a coadjutores y auxiliares, administradores apostólicos y diocesanos y los arzobispos, obispos titulares y eméritos que cumplan una función especial en el ámbito nacional, encomendada por la Santa Sede o por la Conferencia Episcopal y aunque no sea miembro, en la sesión de apertura, se cuenta también con la presencia del Nuncio Apostólico en España, que siempre pronuncia un discurso que muchos interpretan como la línea que quiere marcar la Santa Sede en la reunión.
Ahora, como decíamos, en esta Plenaria de marzo habrá elecciones, pero no solo de la Presidencia, sino del Vicepresidente, de la Comisión Ejecutiva y de todos los Presidentes de las diferentes Comisiones. De ahí, según dicen, que haya movimientos y llamadas entre unos y otros en una campaña sin carteles, pero sí con apetencias, que no deben hacerse públicas-eso dicen-porque si se hacen, el posible candidato no saldrá en la foto final.
Muchos de esos que lanzan informaciones interesadas apuntan candidatos que llegan de Roma, o que deben ser jóvenes para tener diez años por delante de acciones, o quizás alguno que otro que pueda venir del Norte, sin olvidar Giraldas, Alhambras o Cerro de los Ángeles.
Por favor, como ya dije en alguna ocasión: dejad a los obispos en paz. Ellos encontrarán a los mejores, o por lo menos lo intentarán, para un periodo de la Iglesia difícil, con un papado que tiene que tomar decisiones muy complicadas y además en periodo final de pontificado, y además con una situación política española nada fácil y con la que Iglesia de nuestro país tiene que negociar temas delicados.
Yo particularmente, espero que el Espíritu Santo ilumine a nuestros prelados para el bien de nuestra Iglesia y siempre en comunión con el Papa y elijan una cúpula eficaz.