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Donald Trump puede terminar con la presidencia imperial

Carlos Ramírez
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carlosramirezhhotmailcom/14/14/22
miércoles 21 de febrero de 2024, 18:02h

En términos coloquiales, la imputación al expresidente Donald Trump por su presunta intervención en el asalto de grupos de la ultraderecha al Capitolio el 6 de enero de 2021 tendría que pasar por uno de los principios básicos de la presidencia imperial de Estados Unidos: la inmunidad del Ejecutivo.

En la entrevista que le hizo en 2008 el periodista inglés David Frost al expresidente Richard Nixon, la parte más importante no fue la aceptación de una posible responsabilidad/culpabilidad en la utilización del poder inconmensurable de la Casa Blanca y de la Presidencia de EU en función de las razones de Estado. Lo realmente importante fue la declaración de Nixon de que “todo lo que hace el presidente es legal por definición”, de ahí la conclusión de que la presidencia imperial es aquella que está fuera de cualquier tipo de razonamiento judicial o penal en tanto que estaría defendiendo la existencia misma de la nación.

Si los padres fundadores de Estados Unidos heredaron a la ciencia política y el derecho los principios modernos de la división de poderes que antes había definido el barón de Montesquieu, en la práctica el Poder Ejecutivo de Estados Unidos tiene facultades imperiales dentro de la nación, pero sobre todo fuera de ella y por eso Estados Unidos se ha negado a someterse a los dictado de la Corte Internacional de Justicia de La Haya, porque en la práctica todos los presidentes estadounidenses en la historia han ejercido facultades extraterritoriales, supranacionales e internacionales en decisiones que han consolidado la dimensión imperial del país.

Por decisiones estratégicas de comités secretos de seguridad nacional, presidentes de Estados Unidos han gobernado por encima de la Constitución y a partir de órdenes ejecutivas, han declarado guerras por razones personales, han autorizado asesinatos políticos que convienen a los intereses americanos, han impulsado y financiado golpes de Estado contra países que asumen de manera democrática enfoques políticos que contravienen los intereses de seguridad nacional de EU y, en suma, han gobernado como emperadores con poderes que ni siquiera reconocen las leyes de Dios.

El concepto de presidencia imperial fue procesado en 1973 por el entonces académico Arthur M. Schlesinger en su libro que tituló justamente La presidencia imperial y explicó con precisión el mundo actual en el que vive Estados Unidos: una democracia constitucional histórica que es ejemplo para el mundo, pero un imperio al margen de las leyes que toma de decisiones contra los principios democráticos que dice defender y que coloca los llamados “intereses nacionales” por encima de las reglas de la convivencia internacional.

En su defensa ante la acusación de haber instigado el asalto al capitolio el 6 de enero de 2021 para impedir el proceso de legitimación de Joseph Biden como ganador de las elecciones presidenciales de noviembre de 2020, Trump señala que en ese momento era presidente constitucional de los Estados Unidos y por lo tanto quedaba excluido de cualquier acusación ilegal o penal en tanto que debilitaría su condición de garante de la existencia de Estados Unidos.

Sólo para refrescar la memoria, habrá que recordar aquellas decisiones del presidente de Estados Unidos en funciones por razones de mantener el dominio imperial estratégico de la nación: las guerras en Corea, Vietnam, Irak y Afganistán, los golpes de Estado en Brasil, Chile y Guatemala, el financiamiento de la invasión a Cuba, los bombardeos secretos en Camboya, el asesinato de Osama bin Laden en un escenario extrajudicial responsabilizándolo del brutal y terrible atentado terrorista del 9/11 y una larga lista de etcéteras.

El presidente Nixon, en su entrevista con Frost, aceptó haber violado la ley con el espionaje contra políticos y periodistas y haber instalado grabadoras en la oficina oval de la Casa Blanca, pero acreditó esas decisiones a la justificación de que el mantenimiento de la hegemonía estadounidense tiene que pasar por encima de las leyes. En temas de guerras, Estados Unidos ha aplicado el modelo Peloponeso que narró con maestría Tucídides: Esparta le declaró la guerra a Grecia no por ser una sociedad con democracia creciente, sino porque se estaba consolidando como vecino fuerte y más adelante podría ser una amenaza para la seguridad nacional espartana. Durante los años de la guerra fría, Estados Unidos se aplicó el mismo modelo: combatir a la Unión Soviética para evitar que se convirtiera en adversario antiestadounidense.

Los comportamientos de Donald Trump en decisiones ejecutivas que excluyeron a otros poderes y a otros países no fueron diferentes de muchos de sus antecesores, de Barack Obama hacia atrás, ni tampoco algunas de las decisiones del actual presidente Biden por encima del Congreso y del Poder Judicial. De ahí la percepción de que la presidencia imperial de Estados Unidos no se debe juzgar con leyes terrenales, sino que se debe justificar con criterios de dominación que tienen como centro la existencia de la Casa Blanca como un poder por encima de las leyes terrenales y las leyes divinas.

Si la investigación judicial y del Congreso contra Trump determina que el 6 de enero de 2021, aún con la investidura presidencial, no estaba protegido por la inmunidad del Ejecutivo, entonces se sentará el precedente para que el actual presidente y los próximos e inclusive los anteriores que siguen vivos sean pasados por la misma revisión de protecciones de inmunidad en decisiones qué serían juzgar a las decisiones sentenciadas con severidad en cualquier tribunal internacional de Justicia.

Si el Capitolio decide quitarle la inmunidad presidencial a Trump cuando todavía era presidente el 6 de enero, de modo natural todos los presidentes estadounidenses podrán ver revisadas sus decisiones en tribunales internacionales de Justicia, encontrados culpables por violar las reglas de convivencia e invadir espacios nacionales y desde luego sentenciados posiblemente a prisión física.

De ahí la conclusión de que Trump pudiera estarle haciendo un enorme favor a la democracia si le quitan el halo de la impunidad que representa la inmunidad presidencial y en ese momento Estados Unidos como imperio se derrumbaría como se han desplomado otros imperios en el pasado histórico.

Carlos Ramírez

Maestro en Ciencias Políticas

Periodista, Maestro en Ciencias Políticas, columnista político desde 1990, director del Centro de Estudios Políticos y de Seguridad Nacional S.C., director del portal indicadorpolitico.mx

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