La labor filosófica era, para Deleuze, constructivista, y estaba basada en la creación de conceptos, los cuales proyectan inteligibilidad sobre el mundo. Debemos al CCRU el regalo de un amplio florilegio conceptual que nos ayuda a comprender la realidad cibernética que habitamos; por ejemplo, la hiperstición, que ya aparecía en la tesis doctoral de Mark Fisher, Flatline Constructs, con el nombre de «hiperficción», apunta a esa potencia ínsita en la ficción para devenir real (invirtiendo, pues, el orden habitual de composición de estos términos: ¿qué otra cosa fue, pongamos por caso, la llamada «donación de Constantino»?). Junto a esta noción, hallamos otras como anfidemonio, decadología, geotraumática, hipermaterialismo, K-OS, sistema de seguridad humano y así un largo etcétera. La producción del CCRU comenzó a abrirse paso en el mundo hispano en 2020, gracias a la labor de la editorial segoviana Materia Oscura, y este 2024 el proceso continúa por el buen hacer de Holobionte, que nos trae una nueva antología bajo el título de Cultura cibernética y otros escritos del CCRU (edición y prólogo de Federico Fernández Giordano, quien traduce junto a Agustín Conde de Boeck y Ramiro Sanchiz), y que abarca algunas de las creaciones comprendidas entre 1995 y 2019.
Pero ¿qué es el CCRU? Por ir a esas siglas inglesas: la Unidad de Investigación de Cultura Cibernética. Por ir a sus quehaceres: unos ejercicios tremendamente antiacadémicos. Se cuenta que a la pregunta anterior la Universidad de Warwick, que vendría a ser, en cierto modo, su alma mater, respondió avergonzada: «el CCRU nunca ha existido, no existe y jamás existirá». Más allá de que una afirmación como esa le venga como anillo al dedo al programa del grupo, hay que decir que los nombres de Sadie Plant, Mark Fisher, Robin Mackay, Anna Greenspan o el a ratos malogrado Nick Land, se escriben con letras capitales en la filosofía contemporánea, y no solo por sus aportaciones propias, sino por plantar la simiente de lo que luego serían corrientes como el realismo especulativo o los nuevos materialismos. El modus operandi del CCRU era inhumanista y en todas sus producciones (sonoras, textuales, acciones artísticas, etc.) puede vislumbrarse la búsqueda experimental de una creación anónima colectiva. Cabe hablar de su autoría como vehiculada en agentes hipersticionales, y esto también hace coincidir la forma y el contenido de los escritos en la línea de la religión. Al fin y al cabo, cuando uno va a los evangelios apócrifos, ¿no encontramos esas atribuciones al otorgarle la autoría a Pedro, a Mateo o incluso a Henoc, tan cercano a Adán en la línea genealógica bíblica?
Los portadores hipersticionales (el profesor Barker o la doctora Linda Trent) tenían, para el CCRU, la función de rebasar las barreras de los egos individuales, llevar el pensamiento más allá de las restricciones biológicas y crear un modo de pensamiento artificial, de intensidad cognitiva. Los textos que encontramos en Cultura Cibernética y otros escritos del CCRU se hallan divididos en tres partes: en la primera, una antología de esa escritura anónima; pero la segunda (con piezas seleccionadas de la revista Abstract Culture) y la tercera (extraída de libros y otras publicaciones, y acompañada de una jugosa entrevista final) están firmadas por los egos individuales que les dieron forma. Resulta evidente que los canales de difusión del CCRU (al menos de su primera etapa) se presentan esencialmente incomposibles con el formato libro, en especial sus prácticas, de ahí que tengamos que agradecer a Federico Fernández Giordano su construcción de una edición difícil para sacar con esta antología a muchos de los textos de su ostracismo (más o menos) voluntario. Porque, parafraseando las palabras de Mackay sobre Land, estamos hablando de sujetos que hacen filosofía en lugar de informar de segunda mano sobre otros que la hicieron en el pasado. El hermetismo, las maneras poéticas presocráticas, el kantismo, la ficción especulativa, la cibercultura y la cibermística se dan aquí la mano en unas composiciones que buscan rascar el Afuera para traerlo Adentro.