Koldo García, el guardaespaldas y hombre para todo que vivía pegado a José Luis Ábalos, que le llevaba el maletín y el fajo de billetes de 500 euros cuando viajaba, ha sido señalado por la Guardia Civil como el cabecilla de la red de corrupción que asola el PSOE. Presuntamente, se trata del negociador, del macarra de la banda. Pero nunca el cabecilla. No tenía ni cargo, ni autoridad para avalar la compra de mascarillas. En todo caso, algún dirigente, quizás el propio ministro José Luis Ábalos, se ocupó de firmar los acuerdos. Habrá que esperar a que lo desvelen los investigadores y el juez quienes, de momento, acumulan miles de folios de un sumario que puede terminar estallándole en la cara al gran responsable, a Pedro Sánchez.
Resulta impensable que el presidente del Gobierno pueda estar implicado en la recaudación de las comisiones. Pero hay un dato que le hace responsable. Koldo García, después de trabajar como portero de un burdel, después de ejercer de guardaespaldas de José Luis Ábalos, se convirtió en un hombre de máxima confianza del presidente.
No hay que olvidar, que Sánchez fracasó, y fue echado a patadas de Ferraz, en su primera intentona de dirigir el partido en el famoso Comité Federal de 2016 tras un burdo y fallido pucherazo al ser pillado “in fraganti” cuando ocultaba una urna tras unas cortinas. Un año después, el ahora líder socialista ganó. Y fue el famoso Koldo García quien durante dos días y dos noches se ocupó de velar, incluso de dormir abrazado a las cajas que contenían los avales que permitieron a Sánchez presentarse a las primarias del año 2017 y que terminaron por darle la victoria. En su libro “Manual de Resistencia”, el presidente reconoce emocionado la lealtad y fidelidad de Koldo García al que denomina “el último aizkolari socialista”. A partir de entonces, el famoso guardaespaldas subió como la espuma en el organigrama del PSOE y, luego, del Gobierno. Llegó a consejero de Renfe y no fue por su sapiencia ferroviaria.
El PSOE, ahora, se dedica a forzar la dimisión de José Luis Ábalos como diputado con la intención de apagar el incendio que achicharra al partido y al Gobierno. Pero Pedro Sánchez está aterrado por lo que pueda saber uno de los hombres del núcleo duro que le llevó a La Moncloa.
Es probable que el caso Koldo, que ya se denomina caso Ábalos termine por ser el caso Sánchez. Pues, como poco, los implicados en la trama corrupta han formado parte de su núcleo duro en los últimos años. De ahí, que la destitución de Ábalos como ministro fuera sorprendente. Pero como consuelo, luego, fue incluido en la lista del PSOE al Congreso para que ocupara un escaño, cobrara por ello y lograra, de paso, ser aforado por si algún día tenía problemas con la Justicia. Y parece ser que ese día ha llegado. Falta saber si se defenderá atacando. Si contará todo lo que sabe de las opacas maniobras que le encargó Sánchez, como la de agasajar en el aeropuerto de Barajas a la número dos del dictador venezolano.