“¡Es la Realidad!, ¡Es la Realidad! Señorías, ¡es la Realidad!” gritaba una Señoría, cuyo nombre ignoro, interpolando unas carcajadas como de vieja película de miedo. Al escuchar esa voz por la radio podía imaginármela en una de esas torres de estilo gótico sombrío en las que Hollywood situaba siempre a Drácula o al maldito Mefistófeles sobre un fondo de tormenta seca, con abundancia de relámpagos artificiales y una luna sangrienta, ocasionalmente surcada por líneas de nubes negras. Tampoco me extrañaría ver el hemiciclo envuelto en esa vieja estética vampiresca.
Ha dado que hablar la detención de un prohombre con aires de Camorra o Cosa Nostra, aunque el traje le sentaba peor que a los italianos de entonces, como si no encajara con su gesto de aizcolari entrado en peso. Era el servidor personal – ha dicho el exministro – o el chico para todo de Ábalos, cuyo rostro es una proclama que sólo engaña al que no quiera verlo. Como la fisiognómica no es ciencia estricta, por lo visto, no podrá utilizarse en la acusación, pero mirados de frente se nos viene de inmediato la vieja máxima: monstrum in fronte mostrum in animo y conste que no dice “feo”, que no hablamos de proporciones, ni de líneas de expresión. No se trata de esa idea banal de “belleza” hoy dominante, sino de la belleza moral que se integra perfectamente con la bondad en la antigua kalokagathia helénica. Es esa idea la que produce escándalo cuando a otros más simétricos y ordenados, pero de horroroso gesto, se los considera “guapos”. Supongo que el término se utilizará con el matiz cínico y despectivo con el que en Madrid llamamos a los chulos, quiero decir al macarra pretencioso e insolvente.
La detención pone coto a las declaraciones que nos identifican con repúblicas neocoloniales bajo dominio de sus élites indigenistas y justicieras, pero autoritarias y violentas contra la menor disidencia. Es posible que nos deslicemos por la pendiente que conduce a una discordia completa bajo dominio de los señores de todo esto, pero el proceso no se hará sin alguna resistencia. El partido del Movimiento o, lo que es lo mismo, del Progreso trata de favorecer ese deslizamiento y no creo que haya en el hemiciclo quien se oponga, vista la oposición de los opuestos.
Hay jueces, pese a todo, empeñados en hacer valer el equilibrio entre voluntad popular y justicia, entre la decisión del representante electo de una nación despreciada y la legalidad vigente. La democracia no se reduce, desde su posición, a una voluntad popular que siempre encuentra intérpretes privilegiados, sino que esa voluntad ha de ajustarse a derecho. Para los demócratas absolutistas, de una “democracia morbosa”, esa verdadera oposición contradice a un pueblo soberano que, al parecer, habla con su voz y tiene la expresión desdeñosa que dibujan sus rostros. Lawfare llaman ahora a esa resistencia y verán en cualquier ejercicio de justicia un ataque a su fea voluntad.
Por eso gesticulan teatralmente y pregonan que es la Realidad, como la Señoría de marras. ¿O es que alguien puede dudar de que la realidad sea lo que al eximio representante decida? Es la Realidad, mayúscula y total y quien se niegue debe atenerse a las consecuencias. El amenazante aizcolari se encuentra, sin embargo, sub iudice. Atrevámonos a indicar que realmente hay un señor sin señorío que ha sido detenido, hay un ministro compungido y un presidente atribulado, tras cuyo mentón soberbio se esconde un ánimo poco lustroso. ¡No es la Realidad!, amiga mía.