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¡QUÉ ASCO!

viernes 05 de abril de 2024, 13:28h
La opinión pública más responsable está asqueada. Cada día se descubren nuevos casos de corrupción...

La opinión pública más responsable está asqueada. Cada día se descubren nuevos casos de corrupción que afectan a instituciones, a entidades privadas, a ministerios, a actividades políticas. Estalla una semana el escándalo del fútbol, con una Federación gangrenada y corrupta. A la siguiente se especifican cantidades ingentes de euros que impregnan a dirigentes políticos, a paniaguados de los partidos, a amiguetes y parientes. Hasta se descubren facturas millonarias para que determinados altos cargos sean maquillados antes de que les entrevisten en televisión. Todo está sucio, todo putrefacto, todo en permanente escándalo.

No sólo ocurre esto en España, también en buena parte de Europa. Aparte de que en nuestra nación no es la corrupción lo que caracteriza a la clase política. Es la mediocridad. Pero sí resulta cierto que las prácticas corruptas se multiplican y la opinión pública se siente acosada, poque en los periódicos impresos, hablados, audiovisuales y digitales, las noticias de corrupción intoxican gran parte de la información sobre la vida española. El periodismo emponzoñado del chisme y de la insidia está siendo sustituido en gran parte por el periodismo de la corrupción. Lo que más se valora es que el profesional del periodismo descubra los engaños de instituciones y políticos. El caso de la Federación Española de Fútbol, por la popularidad inmensa del deporte rey, ha zarandeado a infinidad de españoles, estupefactos ante la incesante caravana de corruptelas que cada día desfilan ante sus ojos.

No se puede continuar así. Una nación, en alarma permanente por tantas trampas y engaños, no se desarrolla con regularidad. Si no surge alguien capaz de imponer la corrección, terminará por estallar un movimiento revolucionario a izquierda o a derecha con consecuencias imprevisibles para el futuro de España. Lo que está claro es que, hoy por hoy, la frase que españolas y españoles utilizan de forma más frecuente es ésta: “¡Qué asco!”. Las gentes serias que trabajan y se ajustan a las leyes no pueden soportar el tsunami de corrupciones que inunda a partidos e instituciones, a la España atónita y desencajada.