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TRIBUNA

El mesianismo de Milei y su esencial contradicción

viernes 05 de abril de 2024, 19:48h

El presidente Javier Milei es un experto economista liberal de ultraderecha con una concepción utópica y radicalizada de la realidad, que se contradice con su cargo de Jefe de un Estado que aspira destruirlo. Se autodefine, con soltura, como un “anarcocapitalista”, al que agrega un mesianismo dogmático que lo muestra elevando preces a “las fuerzas del cielo” para que lo acompañen en su gestión. Asunto confuso que desconcertaría hasta el mismo Oswald Spengler, el principal teórico de esa corriente anarquista, autor de La decadencia del Occidente.

Dentro del ruedo republicano, con bases en una democracia que después de condenar a la última dictadura militar aún sigue en el túnel, un seguimiento menos tendencioso que probatorio en lo que va de la gestión Milei nos asombra y desconcierta. Por otro lado, nos permite definirlo como un autoritario resignado a negociar con “las ratas opositoras” porque no hay otro remedio. Sin embargo, todavía, muchos de sus votantes y seguidores conjeturan que sus excentricidades y torpezas esconden una astucia política insospechada y original, propia de un hombre de genio, o de un iluminado profeta.

Su conservadurismo cultural -no exento de vistosidades histriónicas y de un misticismo ecuménico bastante inédito en nuestra historia política- lo exhibe dispuesto a dar batalla sin tregua a un populismo que sigue parapetado en el decadente kirchnerismo. Una suerte de desviación empobrecedora e inmoral del peronismo.

Esa batalla, propuesta también con sordidez en el campo cultural, está teñida por un fanatismo que incuba el riesgo de percepciones extremas. Con estas marchas, contramarchas y tropiezos la política la argentina transita sobre un tembladeral de reposicionamientos vertiginosos, que no hay día que no arroje su cuota de perplejidad. Un buen plan económico implica manejar un presupuesto coherente con aprobación del arco político. Cualquier ajuste fiscal está ligado a la licuación del gasto, siempre y cuando no destruya el bolsillo de la ciudadanía.

En medio del conflicto y bajo anhelados prodigios económicos (que se intentan bajo cualquier costo social) a través de una purista macroeconomía, la idealizada Torre de Babel del entendimiento general no funciona y se hunde en el límite de su total resquebrajamiento. Por ahora, el presidente Milei, aferrado a sus idealizadas mascotas, preserva el sitio central que le confiere una aprobación inestable en medio de las restricciones que anticipó sin reparos con su motosierra durante la campaña electoral; hecho que ya ha trascendido nuestras fronteras y empieza a ser contemplado en el terreno internacional, aunque tampoco nada novedoso, que apuesta fichas al posible triunfo de Donald Trump.

Por ahora solo queda seguir navegando en medio de la bruma sin saber si aguarda una tormenta devastadora o los vestigios de los primeros rayos de un anhelado sol. Todo esto dicho de un modo metafórico, prudente y conciliador, pues la realidad es mucho más dinámica, y también patética. No se trata de lo que exhibe cada Ministerio ni de despedir gente a mansalva, que se suman a la brutal desocupación. La paciencia también puede desembocar en el abismo

Quizá una forma de complacencia histórica nos ayude a entender algo de este dilatado y desquiciado tembladeral que es la Argentina de estos días. Una de las tareas, estableciendo líneas de continuidad y quiebre, es ubicarnos en una época extendida que ya lleva décadas de penosa historia, con busca de rasgos comunes o divergentes. Afirmando, por ejemplo, que la derecha radicalizada es un fenómeno singular del siglo actual, que guarda obviamente afinidades con los fascismos del siglo pasado y con añorados golpes militares que perviven en la memoria de melancólicos funcionarios. Como paradigma basta con observar el nuevo fenómeno italiano. Desde este punto de vista le cabe, sin duda, a la Argentina el repetido “corsi e ricorsi” de Ludovico Vico, tanto como el escepticismo del Eclesiastés.

En esa idéntica dirección avanzan las religiones de salvación, las sectas que llevaron al triunfo de Bolsonaro en Brasil, los milenarismos y los liderazgos de fanáticos en consonancia con los contextos donde surgen, siguiendo pautas universales y con una construcción narrativa que pretende conjugar temas pretéritos de las religiones universales. En el caso de Milei con “las fuerzas del cielo” de su lado e ideologías del siglo pasado, aggiornadas por las redes sociales y los mitos de guerra y redención.

De allí también el parecido de Milei con Trump y, por qué no, con el de Néstor Kirchner y su incorregible esposa, asociados con salvadores antiguos o contemporáneos. Antecedentes dogmático que remiten al mesianismo, un movimiento de creyentes seducidos por un pope carismático, ajeno a las medianías cotidianas, cuya misión fundamental es la salvación de sus seguidores que conforman “el pueblo elegido”, en nuestro caso “los argentinos de bien en pie de guerra con la casta” (Milei dixit); patriotas estos que parecen ser una minoría privilegiada a salvo de los males que aquejan al mundo; víctimas, en este caso, a las que hay que explicarles por qué razón son desgraciados por no haber cumplido los preceptos divinos. Cuando el sufrimiento se vuelve insoportable, la tarea de los Milei de este mundo es resolver la discrepancia entre mérito y destino, excusando al pueblo y culpando a los opresores de turno; en este caso la gente empobrecida por perversas políticas económicas que han llevado a una hecatombe de empobrecimiento moral y material a buen parte de la población.

Ahora bien, el mesías y la ley nunca se llevaron bien: romper o doblegarla esta premisa es la misión esencial. Pero lo triste es que por ahí no pasa la cosa. El sistema necesita cambios, es cierto, que no se pueden hacer respetando sus reglas. La única manera de avanzar en la dirección correcta es doblegando a la ley”. El sábado, según las Escrituras, fue hecho para el hombre, no el hombre para el sábado. Por consiguiente la transgresión de estas leyes solo cabe al Salvador, cuyo ámbito de acción no es de este mundo. Para obtenerla debemos confiar en la fe obedeciendo a los mandatos divinos; esto es a “las fuerzas del cielo”: sin embargo, eso no significa que nos ganemos la salvación, que es una “dádiva de Dios”, un regalo que nos hace por su “bondad o gracia”.

Al Mesías, según enseña la sociología (bastante opuesta a lo divino), lo acecha la rutinización. Es decir, la necesidad de dotar de estructura a su movimiento, si desea perdurar. Perón, que de esto -hay que reconocerlo- sabía un poco afirmaba que “la organización vence al tiempo”; pero con los pies sobre la tierra, por supuesto. Era uno de sus apotegmas preferidos.

Tampoco hay que olvidar otra de sus premisas, tomada de los griegos, que señala que “la única verdad es la realidad”. Cuando Milei empieza a mirar 2025 como la oportunidad de consolidar su reinado, está entrando, acaso sin advertirlo, en un terreno que contradice al personaje que creó; hoy asediado por la “rosca de la casta” y su propia opaca construcción de poder dentro del sistema parlamentario.

Cuando impulsa aumentos de tarifas para reducir el gasto del Estado y debe actualizar jubilaciones, debe a su vez proponer un juez sospechoso para la Corte, desplumando sus bases refundadoras para ver si se las aceptan, empezando a parecerse a un político tradicional y calculador que evalúa, porque no tiene más remedio, las consecuencias de sus actos.

No todo se sostiene con la macroeconomía y la reducción del déficit fiscal, ni acaso con la contención de la inflación; medidas extremas y necesarias. Como es previsible, el frente fiscal se encamina hacia su judicialización por parte de las provincias. El aspecto dramático son los aumentos de tarifas que se dispusieron en estas semanas y van a generar más pobres; contando, además con numerosos recursos de amparo, una rebelión de usuarios, instigada en secreto por gobernadores, alcaldes, gremialistas y un pueblo que ya siente el hartazgo de la nueva casta que Milei representa. Es probable que el mesianismo no le alcance para contener una situación tan extrema como es la supervivencia de las mayorías que empiezan a incriminarlo.

Roberto Alifano

Escritor y periodista

ROBERTO ALIFANO es escritor y periodista argentino, autor de algunos libros de poemas, de relatos y ensayos.

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