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TRIBUNA

La estrategia de la carcoma

martes 23 de abril de 2024, 20:11h

De estrategia de la carcoma, hablaba hace días Isabel Díaz Ayuso, para referirse a una estrategia de demolición paulatina de la unidad nacional. No cabe duda de que los insectos actúan hoy a plena luz del día, no cabe duda de que han destruido el madero de la patria y empiezan ya a devorarse mutuamente.

Díaz Ayuso, no vislumbra, sin embargo, que esa estrategia es un momento menor de un plan universal que amenaza los últimos elementos activos de la civilización. Su inadvertencia podría explicar su propia colaboración.

Hace tiempo que no se trata únicamente de arruinar las instituciones políticas: parlamento, tribunales, fuerzas y cuerpos de seguridad del estado… sino de corromper el fundamento antropológico de las mismas: trabajo, educación, familia… Aunque la estrategia de la carcoma pueda tener como agentes principales las fuerzas políticas de la izquierda errática de nuestros días, el plan universal que gobierna la Era de la Crítica envuelve también las conciencias de conservadores y liberales y de todo el que permanece fascinado por el juego hipnótico de la derecha y de la izquierda.

Incapaces de entender que la estrategia de la carcoma es tan sólo la última fase de la Era de la Crítica, nos llevamos las manos a la cabeza ante el vandalismo institucional, ante la violación de los principios jurídicos básicos, ante el escarnio de la constitución de papel de 1978, ante la impudicia con la que se afirman contradicciones o se desprecia la inteligencia de la ciudadanía. El proceso de demolición se presenta históricamente como un ejercicio de liberación que mantiene, desde hace siglos, un rumbo constante: hacia la más absoluta y completa nada. La comprensión relativa de toda verdad, la crítica de todo fundamento trascendente de la vida humana, el descubrimiento de la condición histórica de viejos textos venerables… en suma la crítica de esos pretendidos velos tras los que se habría ocultado la rapiña occidental, la exacción y el genocidio en nombre de Dios o en nombre de la civilización o la justicia. Occidente es culpable y España especialmente. La plataforma sobre la que se apoyó un programa de modernización alternativa, ajena enteramente a la modernidad triunfante liderada por las potencias protestantes, la vieja monarquía católica, ha de expiar responsabilidades históricas sin parangón, al menos en la representación de esos grandes “justicieros” del mundo moderno: señores de la memoria histórica, ideólogos woke o espabilados, progresoides de un futuro exaltado en el que la sociedad universal de individuos sustantivos habrá alcanzado su límite de guerra universal de todos contra todos.

Desprendida de todo fundamento inamovible, libre del peso inmovilizador de cualquier ancla metafísica, la nave de la vieja Europa se mueve a la deriva y está siendo llevada por una élite amotinada o una privilegiada canalla. Canalla liberada y liberadora de ataduras, que dispone los límites a su antojo y los viola según sus intereses. La estrategia de la carcoma es un hallazgo interesante, pero debemos tener cuidado para no encontrarnos entre los bichos que han minado los pilares del mundo y hacerlo, además, sin conciencia de nuestros propios actos.

La defensa de la unidad nacional ha de ser sólo un momento primero en la defensa de un mundo, es forzoso reconocerlo, prácticamente arruinado.

Fernando Muñoz

Doctor en Filosofía y Sociología

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