La probable victoria de Salvador Illa en las elecciones catalanas ratificaría que, a pesar de su despreciable maniobra, el amago de dimisión de Pedro Sánchez ha cosechado un efecto electoralista positivo. Alardeará el presidente de su victoria. Pero pondrá en peligro su legislatura si el líder del PSC es investido presidente de la Generalidad y no atiende todas las exigencias políticas de los separatistas. Y, como se ha comprobado durante la campaña, a los partidos independentistas catalanes sólo les interesa la celebración de un referéndum de autodeterminación, la independencia fiscal y aniquilar el uso del castellano. Han aparcado el impulso a los llamados “derechos sociales”, la situación económica, la sanidad, la seguridad…
Salvador Illa, en efecto, según todas las encuestas, ganaría las elecciones el día 12. Pero tendrá difícil gobernar si no se pliega a los secesionistas. Para empezar, Puigdemont ha despreciado la oferta de pacto de los socialistas. No así ERC, que en alianza con los Comunes, sería el acuerdo natural. Pero para lograr esos apoyos, el líder del PSC se vería obligado a comprometerse en la celebración del referéndum, en la independencia fiscal y en arrinconar el castellano aún más de lo que ya está. Si lo hace, la imagen del PSOE se desmoronaría en el resto de España. Y si se resiste, su Gobierno estaría en peligro permanente.
Pedro Sánchez celebrará como propia la victoria de Salvador Illa y su investidura como presidente de la Generalidad. Pero comprometería los apoyos de Junts, y quizás de ERC, en el Congreso de los Diputados y pondría en riesgo la legislatura. Y ése es el gran dilema del líder del PSOE. Porque su salvación sería que gobernaran los partidos separatistas mediante un pacto que se antoja imposible, pues según las últimas encuestas no suman la mayoría suficiente.
En realidad, como ya comentamos en un reciente editorial, Pedro Sánchez prefiere amarrar su poder en La Moncloa que gobernar en Cataluña. Incluso un acuerdo de los socialistas con ERC y los Comunes podría suponer perder en el Congreso los 7 escaños de Junts.
Hay que esperar, primero el resultado final de las urnas. Y, luego, y sobre todo, los posibles pactos para gobernar. Pedro Sánchez prefiere que gobiernen los separatistas y que Salvador Illa sea el líder de la Oposición. Aunque resultaría bochornoso, no hay que descartar la abstención del PSC para permitir la formación de ese Gobierno. Así, los socialistas podrían urdir acuerdos en el Parlamento catalán que le ayudaran a agotar la legislatura con garantías. Olvida, sin embargo, que un gobierno formado por los golpistas se saltaría desde el primer día a la Constitución por sus pretensiones soberanistas. Y, como poco, tendría que aceptar el referéndum. Pero al presidente del Gobierno sólo le preocupa amarrar su poder. Y ése es el gran problema para España y para el futuro de Cataluña.