De Juana con el aliento de la Justicia
martes 11 de noviembre de 2008, 23:48h
Ayer por la mañana se esperaba la comparecencia del miembro de ETA Ignacio de Juana Chaos en la Audiencia Nacional. Mejor dicho, la incomparecencia, porque era un hecho que el terrorista no tenía la más mínima intención de acudir, como así fue. El juez Eloy Velasco aguardó un tiempo prudencial y, una vez transcurrido, dictó orden de busca y captura internacional. La acusación ante la que debía de responder De Juana versaba sobre una carta leída en su nombre durante un acto público, en la que el etarra venía a justificar la actividad terrorista de ETA. Con arreglo al Código Penal vigente, semejante conducta puede ser subsumible en el ilícito penal de enaltecimiento del terrorismo.
La puesta en libertad de De Juana escoció sobremanera a una ciudadanía perpleja ante lo barato que salía asesinar en España. No sólo eso, sino además vanagloriarse de crímenes execrables, no arrepentirse y mantener permanentemente una situación de chulería intolerable. Pero, desgraciadamente, era legal. Nada que objetar a que un preso que cumpla su condena salga de prisión una vez pasado el plazo de reclusión pertinente. Ocurre que De Juana nunca se arrepintió, no fue precisamente un preso modelo, y redimió ingentes cantidades de días de condena con certificados de estudio más que sospechosos y con “servicios sociales” del calado de barrer una celda, por ejemplo. De Juana se aprovechó de unas leyes que no dudó en saltarse cuando mataba y extorsionaba. Esas mismas leyes servirán ahora para estrechar el cerco contra un asesino que, a día de hoy, sigue estando orgulloso de lo que hizo. Probablemente, la acusación sea menor y, de haber condena, ésta será leve. Pero al menos el terrorista sentirá en su nuca el aliento de la justicia, para que tenga claro que, esta vez sí, delinquir no le resultará tan barato como antaño.