Ya han pasado 40 años desde que un grupo de periodistas nos reunimos en la antigua Casa de la Iglesia en Madrid, sede de la actual Cadena COPE, bajo la batuta de otro periodista, pero además arzobispo, Antonio Montero, para fundar en nuestro país una asociación que reuniera a informadores católicos que teníamos la necesidad de prestar un servicio a la Iglesia de nuestro país que vivía momentos de cambios importantes.
Así nació UCIP-E (Unión Católica de Informadores y Periodistas de España) una agrupación autónoma de profesionales católicos que, reconocida por la Jerarquía y aceptando la dominación de su magisterio, se empeñó en el servicio a los valores permanentes del Evangelio. Es decir, un servicio asociado a la Fe desde la propia competencia profesional y desde las exigencias confesionales católicas.
Este fin de semana, 40 años después, nos acoge en Jaén su obispo, monseñor Chico Martínez, y hemos asistido a charlas de expertos periodistas ligados a la asociación, que han abordado diferentes temas sobre los retos del periodismo. Un viaje que ha servido para entregar el premio Lolo de Periodismo a Fernando Bonete, que lo ha recibido de manos del obispo de Cartagena, Monseñor Lorca Planes, que es además Presidente de la Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales de la Conferencia Episcopal Española.
Un viaje que pretender ser un momento de convivencia para rendir homenaje al beato Lolo, el jienense con discapacidad Manuel Lozano Garrido, periodista laico nacido en Linares a donde peregrinará también UCIP-E, pues LOLO” es nuestro santo, el de todos los periodistas españoles. Un hombre, un periodista, que vivió 28 años de su vida en silla de ruedas, los 9 últimos también ciego.
Benedicto XVI declaró a LOLO Beato el 10 de Junio de 2010 porque “la enfermedad era la causa de su santificación, el sufrimiento era su cátedra”. LOLO, como era conocido familiarmente, nació en Linares en 1920 y murió en la misma ciudad el 3 de noviembre de 1971. En su juventud, caracterizada por una alegría juvenil y contagiosa, se inscribió en la Acción Católica, donde fue un miembro activo y elegido para diversos cargos directivos. A los 16 años, durante la persecución religiosa en España, fue designado para llevar clandestinamente la comunión. Desde su adolescencia la vocación de LOLO era el periodismo, por eso escribió entonces: “Jóvenes de Acción Católica, ¿qué os parece? ¿no creéis que si cada uno de nosotros tuviéramos un micrófono de Cristo, no sería ello el mejor y más valiente de sus adelantados?”. Cuando la enfermedad y la invalidez total cambió su vida, desde su sillón de ruedas se convirtió en escritor y periodista fecundo. Nueve libros y cientos de artículos de prensa, que fueron para él, el cauce de su afán evangelizador, y que dictaba en un magnetófono, dada su invalidez y posterior ceguera. Su casa se convirtió en centro de orientación, de alegría y de vocación para muchísimos jóvenes con grupos de oración por la prensa y la fundación de la obra Sinaí, como centro de apostolado para enfermos.
La figura de este sencillo hombre de Dios, LOLO, es un ejemplo para periodistas y escritores que quieran poner el Evangelio en el enfoque de sus trabajos, así como para los seglares que pueden ver cómo la vida del trabajo ordinario de cada día puede ser cauce de santificación y para los enfermos que sufren.
Quisiera finalizar este artículo de nuestros 40 años de UCIP-E, recordando a otro gran periodista, José Luis Martín Descalzo, y lo que nos decía en su libro “POR UN MUNDO MEJOR”. Nuestro compañero nos advertía: “Y ¡ay de los países que amordazan o enroquecen a sus profetas!. Este quiere decir siempre que-por la misma razón-antes se ha adormecido la conciencia. Para colmo, los profetas que primero se amordazan son los no estridentes, los que dicen la verdad tratando de iluminar y no de herir. Los charlatanes, los aulladores son más difíciles de amordazar. Con lo que un país así queda vendido a los repartidores de sueños y de vaselina o a los histéricos gritadores. En medio quedan todas las voces sensatas que nunca encuentran eco”.
Felicidades, queridos compañeros, y ¡adelante!