La estrambótica decisión de Pedro Sánchez de retirar “indefinidamente” a la embajadora argentina de Buenos Aires por la bronca con Javier Milei se basa en un mero interés electoralista ante los comicios europeos. Pero hay más. Esta desquiciada reacción obedece, sobre todo, a una pataleta personal y, lo peor, compromete los intereses españoles en Argentina, donde España es el segundo inversor del mundo. Porque en su totalitaria visión de la política ha mezclado sus intereses personales con los del Estado.
El enfrentamiento entre Javier Milei y Pedro Sánchez se asemeja a la bronca de barra de bar de dos matones. Pero el presidente español lo ha convertido en un asunto de Estado al confundir una rencilla individual con una “atentado a la democracia española”. Se trata de una sobreactuación que atenta contra las normas de la diplomacia de una democracia occidental. No se puede poner en riesgo las relaciones políticas y económicas de España y Argentina sin tener en cuenta las graves consecuencias. Porque, el presidente del Gobierno está al borde de romper las relaciones diplomáticas con el gran país suramericano simplemente por ser tachado de “cobarde”, que fue el auténtico detonante de la última decisión del Consejo de Ministros.
Los negocios o relaciones de Begoña Gómez pueden ser legales. Pero son inmorales. Se ha aprovechado de ser la mujer del presidente para su propio beneficio. Y en una democracia plena, la Justicia debe investigar y la Oposición, pedir explicaciones. No puede sentirse ofendido por las informaciones de los medios de comunicación y reaccionar como un desquiciado. Primero, se tomó 5 días para “reflexionar” con un amago de dimisión, algo inaudito (y ridículo) en un presidente del Gobierno. Y ahora, retira a la embajadora española de Buenos Aires. Todo porque no admite que se cuestionen las andanzas de su mujer.
Y, en efecto, también la bronca con Javier Milei le sirve para erigirse en el “muro” de la ultraderecha en su campaña electoral ante los comicios europeos. Porque, de nuevo, beneficia a Vox y perjudica al PP, su gran adversario. Pero, como decíamos, ese truco viene de lejos. Ahora, ha llevado sus intereses personales y partidistas al límite, al poner en riesgo las relaciones diplomáticas con el país suramericano. Mientras, el mundo asiste estupefacto al combate entre dos matones, que casualmente, son también los presidentes de España y Argentina.