En No me resigno. Populismo, nacionalismo y los retos del socialismo español, Nicolás Redondo Terreros nos ofrece una obra necesaria y oportuna en la que, rechazando la corrección política, realiza una enmienda a la totalidad del modus operandi del que fuera su partido, el PSOE, durante los años del sanchismo. El autor entregó su libro a imprenta antes de la formación del actual gobierno (Frankenstein) de la Nación, si bien ya aventuraba el resultado final: “Tendremos un gobierno de España en manos de partidos como EH Bildu y políticos fanáticos como Carles Puigdemont (…) Hoy, para los socialistas, la obtención del gobierno, el fin, despenaliza cualquier medio que se utilice para conseguirlo” (p.224).
Al respecto, frente a este anómalo panorama, reivindica una izquierda reformista, institucional y que mire hacia el futuro. Como referente, se decanta por la Transición en tanto en cuanto supuso un “reconocimiento mutuo entre quienes unos años antes habían sido enemigos, un proceso costoso y complejo”, cuyo paradigma fue la ratificación mayoritaria de la Constitución de 1978. Posteriormente, la sucesión de éxitos generó un incremento del bienestar nacional y la consideración de España como un socio fiable en la comunidad internacional, produciéndose una modernización a todos los niveles (político, económico y cultural).
¿Cómo se ha llegado a la situación que intuía y denuncia Redondo Terreros? La respuesta genérica la encontramos en la política de bloques fomentada y encarnada por Pedro Sánchez. El actual presidente del gobierno ha preferido, en lugar de un gran pacto con el principal partido de la oposición, un acercamiento a posturas radicales de izquierdas y al nacionalismo periférico.
En esta parte de la obra, el autor imputa con acierto un error mayúsculo a los dos grandes partidos nacionales: su cesión permanente ante el separatismo, convirtiendo en marginal la presencia del Estado en Cataluña y País Vasco. Esto ha permitido que el nacionalismo mantenga viva su estrategia del órdago permanente, envuelta en la mayoría de las ocasiones de victimismo: “Los votos de los independentistas han redoblado hoy su valor en la política nacional. La incapacidad de la clase política para ver más allá de sus zapatos volverá a dar a los independentistas la fuerza para debilitar la democracia española” (p.147).
En lo relativo al acuerdo suscrito entre el PSOE y Podemos ha provocado que temas como la memoria histórica se hayan convertido en ejes fundamentales en la agenda del gobierno, junto con las políticas basadas en la identidad. Además, el neo-comunismo insiste en considerar al Estado de Bienestar un instrumento al servicio de la clase dominante, con ataques persistentes a la clase empresarial, sin olvidar su percepción populista del derecho. Por ello, no debe sorprender al lector que Redondo Terreros no titubee a la hora de valorar ese pacto: “Creo que un gobierno de coalición de un partido socialdemócrata con neocomunistas siempre ha terminado mal para los socialistas y lo que más importa, para el país que ha padecido esa experiencia (…) El desprecio de los comunistas por la libertad individual, que debe considerarse un principio básico de la socialdemocracia, es un factor que hace las diferencias insalvables” (p.159). Por si fuera poco, se fueron sumando otros pasajeros en forma de formaciones golpistas (por ejemplo, ERC) o herederos del proyecto político de ETA (como EH Bildu).
Esta situación se pudo voltear tras el 23J mediante la creación de un acuerdo nacional entre los dos grandes partidos, entre otras razones porque el bipartidismo resultó el triunfador en los aludidos comicios. Sin embargo, el PSOE optó por una lógica de bloques, adoptando como compañeros de viaje a formaciones poco comprometidas y en ocasiones abiertamente contrarias a la Nación española, contraviniendo de este modo la receta propuesta por el autor: “El centro derecha y el centro izquierda deben estar convocados a compartir una idea común de España, a alcanzar acuerdos de Estado que no deben confiarse a la cambiante correlación de fuerzas parlamentarias” (p.157).