Como si se tratase de un partido de baloncesto, la Iglesia de nuestro país ha pedido tiempo tras la 267 reunión de su Comisión Permanente, y el encuentro se reanudará el próximo martes, día 9, pero ya con todos los jugadores en la cancha, es decir una Asamblea Extraordinaria de la Conferencia Episcopal Española con la totalidad de los obispos que la forman.
Y es que el tema es tan importante, el de los abusos, que al parecer, en la reunión de la Permanente hubo ciertas discrepancias y no se logró consensuar un plan adecuado sobre el espinoso tema, de ahí la convocatoria de la Asamblea Extraordinaria, y que será la segunda en lo que va de año dedicada a la cuestión.
Según informó el Secretario General de la Conferencia Episcopal Española, Monseñor García Magán, en rueda de prensa, la Comisión Permanente ha estudiado el “Plan de Reparación Integral a las Víctimas de Abusos sexuales a menores y personas equiparadas en derecho” (PRIVA). En el diálogo ha participado, junto a los obispos, el secretario general de la Conferencia Española de Religiosos (CONFER), Hno. Jesús Miguel Zamora, FSC. La Comisión Permanente ha realizado diversas aportaciones que se han incorporado al texto. Se le ha dado el visto bueno y se ha aprobado su pase a estudio en la próxima Asamblea Plenaria. Para ello ha acordado convocar una Asamblea Plenaria extraordinaria, que tendrá lugar el próximo martes 9 de julio, con el fin de que todos los obispos conozcan el texto definitivo y, si procede, den su aprobación.
Según García Magán, el PRIVA ha sido elaborado por el Servicio de Asesoramiento de las Oficinas para la protección de menores, y ha ido incorporando las observaciones de los obispos en sus distintas reuniones; las ideas recogidas en el Mensaje al Pueblo de Dios «Enviados a acoger, sanar y reconstruir» , de la Asamblea Plenaria del mes de noviembre de 2023; las indicaciones del Consejo Episcopal de Asuntos Jurídicos; del órgano de Compliance de la Conferencia Episcopal Española y de la Conferencia Española de Religiosos (CONFER).
El Plan está orientado a la reparación integral de las víctimas de abusos sexuales en el ámbito de la Iglesia, principalmente en los que ha fallecido el victimario o el caso ha prescrito, para ofrecer una reparación adecuada que responda a la demanda que cada caso particular requiere.
No hay duda de los esfuerzos que el Presidente de la CEE, el arzobispo de Valladolid, Monseñor Argüello, y el Vicepresidente , Cardenal Cobo, están haciendo para que, de una vez por todas, se solucione el tema. Pero es verdad, también, que hay espinas colocadas en ciertas diócesis que no ven con muy buenos ojos las soluciones aportadas. De ahí la urgencia en la convocatoria de la asamblea Extraordinaria y que todos los prelados “se mojen” en el tema, según nos contaba uno de ellos.
Se espera un solución, como decíamos, en estos tiempos no tan agradables para la Iglesia española en particular, y para la Universal en general. Aquí, tenemos el tema de Belorado, con monjas excomulgadas que, según dicen,-no ellas-, tienen grandes deudas económicas y que no solo han vendido trufas, sino que han comprado sábanas de seda, y con un ex Nuncio en Estados Unidos, Viganó, excomulgado por el Papa a quien acusó en su día de “herejía y cismas” y pidió que “fuera apartado del trono que indignamente ocupa”. Viganó tiene prohibido celebrar Misa y los demás Sacramentos, además de ejercer cargos o ministerios o funciones eclesiásticas, así como realizar actos de gobierno. En la sentencia de excomunión de advierte a Viganó que “en caso de contumacia en el escándalo puede ser castigado con otras penas, sin excluir, la expulsión del estado clerical”.
Recemos pues, para que las aguas se calmen, sobre todo en el tema de abusos y el que lo haya hecho lo pague, como el que fuera sacerdote, Jesús María Menéndez, más conocido como el Padre Chus, que ha sido condenado a diez años de prisión por ofrecer droga a menores a cambio de favores sexuales en su piso de Gijón. Menéndez fue expulsado del clero en el año 2015 en decisión adoptada directamente por el Papa.
Por supuesto que no debemos generalizar y este caso es una diminuta punta venenosa en el maravilloso mundo de la Iglesia. Pero animemos a los obispos que en este tiempo de reflexión decidan apartar estos venenos que no hacen otra cosa que los enemigos de la Iglesia se regodeen. Ojo, pues, señores obispos y a encestar bien y a conseguir el partido. La Institución se lo merece.