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TRIBUNA

Cádiz: julio, 1936 (y 2)

José Manuel Cuenca Toribio
sábado 17 de agosto de 2024, 18:25h

Según se recordara en el artículo precedente, el temprano consolidamiento de la sublevación antirrepublicana en la Bahía de Cádiz se evidenció desde el primer momento como una de las claves de su triunfo. Y el control de las comunicaciones telegráficas e informativas fue su elemento pivote.

Pero la excruciante guerra civil de 1936 dejaría de tener el halo romántico y azaroso que envuelve gran parte de la literatura acerca de su trágico desarrollo si no estuviere jalonada con lances y episodios como el último notificado al anciano cronista por su amable y antiguo compañero de claustro en el Alma Mater cordobesa, D. Antonio Rodero Franganillo. Un muy cercano familiar a D. Luis Rodero, mando de la Guardia Civil afecta al gobierno de Madrid, sería condenado a muerte al término de la contienda. La inmediata intervención de D. Luis ante el general Varela determinó el cambio de dicha sentencia por la de prisión perpetua (más tarde también modificada a favor del encarcelado). Gestos de tal guisa se contabilizaron en número no insignificante en la terebrante postguerra, refrendando el carácter muy singular del pueblo al que todos los citados pertenecían.

Igualmente, casualidades como las que inspiraron estos renglones se cifran en notable cantidad en el dramático itinerario del desdichado conflicto de 1936, baldón de un país protagonista de numerosos capítulos de la historia de Occidente, de la que ha sido uno de sus forjadores principales. El episodio ahora recordado es merecedor, sin duda, de una larga meditación. Si, como en el tiempo presente, las casualidades se reivindican por múltiples historiadores como un factor trascedente en la interpretación de numerosos capítulos del ayer lejano y próximo, en modo alguno habrá de olvidarse que estas se explican invariablemente dentro de causalidades. Las líneas de fuerza, los centros de gravedad y los polos de intereses priman y primarán siempre en el desarrollo de la Historia, a redropelo y, a las veces también, maridados o sutilmente conectados con sus motores primordiales.

La razón sobre el azar: sin duda alguna; bien que, a las veces, lo fortuito y casual, protagonicen diversos tramos en el recorrido de la Historia, saber por excelencia racional.

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