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TRIBUNA

Todo lo que nos merecemos

sábado 24 de agosto de 2024, 18:41h

Se repite constantemente que “no merecemos esto” en referencia al vodevil puigmontesco y a las exigencias de la izquierda provinciana. Es una exculpación evasiva que delata, por contraste, toda nuestra responsabilidad. No es una responsabilidad homogéneamente distribuida, pero alcanza – en alguna medida – al más opaco y gris de los españoles, por ejemplo, al que esto escribe. La carga fundamental recae, sin embargo, sobre los que a menudo se presentan, precisamente, como responsables: los representantes electos del fantasma que llaman voluntad popular.

Especialmente sobre el señor de la mandíbula prieta y el gesto hosco, al hombre enamorado que es nuestro presidente de birlibirloque. Se dice también que toda esta sarcástica comedia insulta nuestra inteligencia, cuando es un hecho que nos engaña, como demuestran sucesivos resultados electorales. Si el coste económico no impide que sigamos llenando la andorga dejaremos que el engaño nos tome de nuevo, porque es el engaño interesado del que no quiere conmover su pretendido bienestar, por más que sepa que se aproxima nuestro San Martín.

El supremacismo del catalanismo clásico, el nacionalismo que fue el mito demoledor de finales del XIX y comienzos del XX, está conociendo hoy un glamouroso revival. Es el nacionalismo de los pequeños pueblos bien, de los señoritos que hablan castellano con mortaja y reclaman los derechos de su sangre o de su lengua, según esa simbiosis alucinatoria que aunó raza y cultura. Le siguen los auténticos euskaldunes o los nostálgicos galaicos que añoran siempre sus verdes praderas y sus comunidades de rancio linaje. Tras ellos, sin embargo, va toda la España fragmentaria que, al parecer, dejó de ser católica. Son innumerables los provincianos que sueñan patrias llenas de duendes y diosecillos paganos, incluso en la misma estepa mesetaria que rechazan con desdén desde las nacioncillas de abolengo.

Nos carean por un lado los promotores de la nueva higiene social y la ecología inhumana que buscan la reconversión industrial y la formación de una nueva moral del consumo, por otro las oligarquías territoriales que hacen bandera del diccionario o del manual de etnografía. El último imbécil reclama su diferencia y fuerza su escaso verbo para adecuarlo a la palabra ancestral en que cree que decían el mundo los padres de los padres de sus padres. Hasta el huevo cósmico o el australopiteco en que el fundador se dirigió al mundo para definir nuestra identidad.

Y mientras tanto, la principal fuerza educativa del mundo contemporáneo, medios de comunicación y pantallas radiantes, nos entretienen en maniobras de diversión como al toro herido que se pierde definitivamente en el vaivén de los capotes. El periodismo que consistía en el conocimiento de los medios, saber instrumental al servicio de la difusión y la publicidad, provee hoy también los contenidos. El periodista se erige en sabio total, es decir, en el que sabe de todo y sobre todo tiene opinión. No le cuesta mucho formarla porque la extrae de las corrientes parciales o las recibe directamente de las fuentes partitocráticas. Miramos a derecha y a izquierda cambiando de canal o nos perdemos en el torbellino de las influencias virtuales.

La hemipléjica imbecilidad de la izquierda y la derecha sigue sirviendo al arte del trilero que se saca bajo el cubilete del partido el garbancito de su verdad y nos lo muestra ufano mientras señalamos el lugar equivocado con la boca abierta y los ojos extraviados. Si señalamos a los privilegios nacionalistas nos presentan el cambio climático o los objetivos de desarrollo sostenible, si señalamos al criminal dentro o fuera de la patria, nos presentan vehículos eléctricos y estadísticas de violencia de uno u otro género. Nunca estamos al día, pero nos esforzamos, como buenos aprendices de ciudadano ejemplar, en aprender lo que nos mandan. Nunca hubo en España tanto profesor, declaran recuentos recientes, porque es mucho lo que hay que aprender y todos los medios no bastan.

Fernando Muñoz

Doctor en Filosofía y Sociología

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