Ha sido un libro inesperado, se ha repetido en varias ocasiones. No por el género que practica, pues casos como el suyo se cuentan a millares, unos mejores que otros, huelga decir, pero sí por el autor, por el tipo de escritor que es y los libros que ha venido entregando desde comienzos de este siglo. Nadie hubiera apostado por que Ignacio Martínez de Pisón, novelista de pleno rango, se decantara por elaborar unas memorias, pero esa misma sorpresa se traslada rápidamente a una sensación de placer lector que transmite una narración que pocas innovaciones requiere, pero sí en cambio el mejor pulso narrativo que uno pueda demostrar.
Ropa de casa, título ya indispensable dentro de la trayectoria de Martínez de Pisón, pese a lo aéreo de la declaración, excusable pero demostrable si uno empieza a leer, nos lleva por una vida de carretera secundaria. Una que, como él mismo asume en uno de los capítulos, no cree que mereciera ser repasada y contada, pues no posee las altisonancias propias de esas otras que, por accidentadas o maravillosas, sí encuentran su lugar y nuevo lustre en el repaso de los días idos. Es aquí donde hace aparición la maestría escritora que justifica una vida sencilla —con sus peculiaridades, por supuesto— que alcanza en su cotidianidad o pequeños logros vitales un tipo de emoción que transmiten las jugadas a una sola carta, como las líneas en las que comenta la claridad e incertidumbre en la elección de su dedicación a la literatura.
El Logroño de los años 60, la Zaragoza de los 70, la Barcelona de los 80 y 90. Son las décadas y escenarios en los que recorreremos una serie de luchas por la vida. Desde la repentina viudedad de su madre y el hacerse cargo de todo lo familiar hasta los coletazos de la juventud a medida que esta fue ofreciendo diferentes alicientes con los que creer que había posibilidad de que se alargase un tanto, de que todo lo nuevo que iba llegando retrasaría esa vida adulta como una galerna entrando por el puerto. Como apuntaba Juan Marqués en su artículo, es en los ‘detalles menudos’ donde Martínez de Pisón brilla. Ropa de casa, que no deja de ser el relato de formación de un escritor, interesa por la breve o extensa pincelada que hace de muy diversos autores: Enrique Vila-Matas, Javier Marías, Cristina Fernández Cubas, Bernardo Atxaga, José María Conget, José Antonio Labordeta, Javier Tomeo, Félix Romeo, entre otros nombres de actual calado u olvido perdonable.
La vida familiar zaragozana y la suya propia con su mujer María José y sus dos hijos son los equivalentes a las efervescencias del mundo literario recogido en estas páginas. Iguales de atractivas o más, diría, pues Martínez de Pisón, gracias a su prosa límpida, sencilla y evocadora, nos hace pasear por los contratiempos y las anécdotas que puedan sobrevenir a cualquier vida, necesitando, como se mencionaba al principio, la maestría pertinente para elaborar un buen libro de memorias, uno que emocione a cualquiera al ver en él reflejados sus ayeres.