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TRIBUNA

No hay mal que por bien no venga, pero tampoco bien que por mal no venga

sábado 28 de septiembre de 2024, 18:26h

Dígase lo que se diga, sotto voce no pocos se alegraron de que los virus se hayan llevado por delante a los más viejos, como si nosotros, los más longevos o cuerdilongevos tuviéramos cuerda para toda la eternidad: ¿te imaginas cuánto dinero vamos a ahorrarnos de los que hubieran sido destinados para mantener tantas gentes caquécticas que no terminaban de morir? Menos pensiones a pagar a los ancianos, no es moco de pavo. Esta crisis habrá servido de eutanasia limpia, porque el trabajo sucio lo habrán hecho los virus. A viejo muerto, joven puesto, creen los muy pillos, el muerto al hoyo y el vivo al bollo. Nosotros aquí, mientras tanto, a casita que llueve, estamos vivitos y coleando después de la limpieza virugenética. ¿Qué hemos perdido? Nada, todo lo contrario: hemos ganado, y por goleada.

Todo esto obedece a la ley más elemental del pragmatismo: ya nos hemos cansado de bueno y de malo, ahora toca útil o inútil; lo bueno ha pasado a ser definitivamente lo útil. A menos vocabulario, menos metafísica. Por supuesto que se acabaron las películas de buenos y de malos, ahora en los cines sólo pasan películas de malos y peores, los cuales hacen buenos a los malos y malos a los buenos.

Y así vamos retrogradando hasta que la yincana llegue a su fin y no dé más de sí; entonces, sálvese quien pueda. En su lugar, bien venida la bomba, el exterminio y las matazones: cuando todo acabe, ya no saldrá humo negro de las chimeneas de Auschwitz.

Es la hora dialéctica de los puños y las pistolas, otra forma de matar a los excedentarios. La carabela estatal, con todos sus piratas armados en sus tres filas de dientes, ya ha comenzado a estrenar escenarios, ya podemos legalizar nuestros fondos de armario: nada de ética, todo para la dietética y jolgori/ética. Nadie sabe lo que es conforme a la naturaleza, porque no existe naturaleza humana. Nadie peca contra nadie, lo que ahora está muy mal al rato siguiente estará muy bien. Todo vale, luego nada vale. Nada vale, luego todo está permitido. Son los nuestros días de cuchilladas por la espalda propiciados por robots de última generación.

Para los sobrevivientes, volver a comprar a plazos las mismas chucherías con nuestras doradas tarjetas Visa (es decir, las cosas vistas) ¡hemos dejado de comprar durante una larguísima e insoportabilísima cuarentena de cuarentenas para resurgir del Orco, resistiremos, es decir, re-existiremos, venga a nosotros el círculo del eterno retorno del consumo!

Reencarnaremos en cualquier planeta a donde nos lleve algún brazo mecánico articulado, turismo y deporte de aventuras. A la muerte le sustituirá la reencarnación programa por agencias en la estupidez programada por agencias marcianas.

En medio de la zozobra y a pesar de tanta cacerolada lúdica, hemos descubierto que en realidad no estábamos tan mal. Qué ingratos éramos a pesar de tanta bronca, pues lo que realmente nos encanta es volver al mismo menú de antes, regresar al redil del conformismo agradecido. Qué buenos son los hermanos programadores, qué buenos son que nos llevan de excursión: tres hurras por el Inserso, que ya nos mete la sopita en nuestras bocas desdentadas. Al menos ahora sabemos que éramos unos mentirosos de copete cuando nos quejábamos de lo que tan denodadamente queremos recuperar, virgencita que nos quedemos como estamos.

Que vuelva el PP, que vuelva el PSOE, no te vayas papá, no te alejes de mí. Los pobres seguirán siendo pobres, más aún si cabe que antes, y los ricos seguiremos siendo más ricos comparativamente, si también cabe. Reforvolución: a vivir, que son dos días. Nosotros los humanes, incluidos los orangutanes, no tenemos en nuestras manos la más mínima posibilidad de alterar los designios científicos de Charles Darwin, así que se acabó la voluntad de aventura, todos a bordo del Beagle nuevamente, adelante hacia el 1839, nuestra arca de Zoé o Noé con todo el zoológico dentro. Si Darwin levantara la cabeza…

Ahora sabemos que el calendario cósmico es irreversible tal y como lo estamos pilotando, que Kronos, primero de los titanes y asesino de su padre Ouranos, terminará con nosotros a menos que nosotros le exterminemos a él. La parca es el único motor inmóvil. Bajo su afilada hoja serán rebañadas las gargantas de esta especie nuestra, que ahora es género. El género, ¡menuda especie humana!

Ni siquiera las oscuras golondrinas volverán sus nidos a poblar, no tañerá el arpa del salón en el ángulo oscuro cubierto de polvo, el Planeta tierra se despedirá de las demás estrellas después de haber preparado todas las campanas para salmodiar un mismo impulso necrológico, el nuevo réquiem aeternam dona eis.

Sócrates ha muerto, se han terminado las molestas utopías morales, las cosas son lo que son y como son, viven y mueren sometidas a una Ananké necesitaría que rige el mundo de la Posverdad. Aquí abajo mientras tanto, aborregadores aborregados, los gurús nos guiarán con sus patitas cruzadas y su fálico lingayat, siguiendo el curso de las estrellas en las cuales todo está al parecer escrito: en las estrellas y en tu frente estrellada. He ahí la era de Acuario explicada por la Cienciología, la religión de Hollywood.

En fin, la crisis pandémica ha servido para dejarnos muy claro que no hay más cera que la que arde, puro pragmatismo positivista reducido a su más vulgar expresión. He ahí también el nihilismo consolado, en la medida en que únicamente lo útil vale. He ahí así mismo el hedonismo tierno de los tenerísimos Bandos del Alcalde, mejor si ese alcalde es Tierno. El poder travestido de ángel del maná multiplicará panes y peces, y en compensación con suave guante quemará los libros detestables para el poder, que sólo pondrá en circulación sus detextables libelos de texto, auténticos porno/textículos.

Fin de trayecto: todo esto se dará en medio de un balido ovejuno tan potente que llegará hasta mi pueblo, la megalópolis de Canalejas del Arroyo. En este preciso instante sagrado, la hora litúrgica de las ocho de la tarde, a modo de ángelus, un vecino frente a mi ventada ha llamado a oración desde la suya a todos los fieles congregantes con una trompeta que, a modo de shofar, nos convoca para que aplaudamos en el circo y de paso exorcicemos a los demonios que, por víricos, se han vuelto virales. Acaban de cesar los consabidos cinco minutos.

¿Y? Yo, probablemente, seguiré esta noche escribiendo los versos menos tristes que pueda esta noche porque quisiera morir resucitado por el amor eterno de Dios, que nunca muere, aunque actualmente lo hayamos puesto en modo eclipse. ¿Hay quien dé más por menos?

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