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TRIBUNA

El egoísmo de mamá

lunes 14 de octubre de 2024, 18:34h

Un gran hombre nos ha dejado una de esas reflexiones de todo a cien según la cual es egoísta engendrar un hijo propio. Contra la estimación más ancestral el preclaro adalid de la cultura ha declarado egoístas a los padres y, en especial, a las madres. En especial, digo, en una sociedad donde ellas deciden puesto que ellas alumbran. El término griego para “mujer” (gyné) comparte raíz con “génesis” pero, de manera incomprensible a la luz de la estimativa del prócer, también con “generosidad”. Poco le importará a este prohombre de película que su juicio contradiga atavismos consolidados por la etimología. Habrá que purgar el vocabulario para liberarnos de prejuicios, para despertar – por fin – del dominio que la lengua ejerce sobre nuestra conciencia. La “generosidad” es el nuevo “egoísmo”.

Engendrar un hijo propio es egoísta, nos dice, quizás no tanto engendrar un hijo ajeno vendiendo la propia capacidad de engendrar, como se vende la potencia fecundadora del varón. Esa diferencia fecundar-engendrar es el último baluarte que ha de derribar la tecnología para culminar la supresión de los sexos, como se suprimieron los géneros, no por su negación sino por anegación de los dos géneros, llamados tradicionales, en una superabundancia de modelos alternativos, disponibles en un mercado en el que cada cual ejercita su libre elección.

La filiación representa el último vínculo, lo sepa D. Almodóvar o no, que el proceso emancipatorio ha de superar para realizar el individuo substancial. Entiendo que el adalid de la libertad quiere decir que hay ya un excedente de criaturas disponibles que pueden ser acogidas por los que desean un hijo, sin necesidad de añadir una nueva vida a este planeta presuntamente asfixiado por la prolífica abundancia de la especie humana. No dudo de la potencia del lazo que construye la adopción de un hijo, pero conozco de primera mano la potencia carnal de la propia paternidad. Hay quien decide abortar una vez que se concreta la posibilidad de una adopción. Supongo que la turbia estimativa de Almodóvar contempla ese acto como un gesto de verdadera generosidad. “Donde comen dos, comen tres” es el nuevo lema del egoísmo triunfante. “Donde comen dos no cabe uno más”, ha de decir esta forma invertida de “generosidad”.

Sólo una sociedad en el extremo de su absoluta degradación puede ver generosidad en el aborto, a punto de ser incluido en la tabla de esos “derechos humanos” que el orden soviético consideró derechos de la fea burguesía. ¡Qué sabrían ellos de libertad! El nuevo liberalismo triunfante exalta la libertad de elección individual como fundamento moral y como ideal a realizar sobre los restos de la vieja comunidad antropológica. El elemento de esa comunidad es la unidad de parentesco y su supresión es ya un objetivo declarado. El neoliberal manchego – con meritocrático desprecio hacia los deplorables que se multiplican como conejos – podría ser nombrado gran comisionado del estado mundial del mundo feliz. Promueve, en efecto, aquellas ideas que preveía Aldous Huxley hace un siglo en su A Brave New World apenas recordado, pero que junto a G. Orwell y S. Butler, ofrecería una descripción exacta de nuestro abominable presente.

Me pregunto si el director de Todo sobre mi madre ha delatado ya el egoísmo que su propia existencia manifiesta. Me cuesta creer que el director considere egoísta que Doña Paquita le diera a luz y que su amor tenga que sobreponerse a no sé qué egoísmo. Pobre hombre, Almodóvar no se ve entre esos neoliberales de salón, revolucionarios de uñas lacadas y vestidos de Armani, pero ahí está como una de sus figuras principales. Me temo que olvide que es el hijo de Doña Paquita, convertido en luz del Star System que sirve para la difusión de ideítas que nacen muy lejos de su cabeza, pero que su boca formula en ese característico inglés forzado. El director es miembro destacado de esa Guardia Roja del Capital, señores de la izquierda moña, culturetas de photocall y escasas lecturas que, fascinados por Mr. Handsome, nos deslumbran con su acreditada generosidad.

Fernando Muñoz

Doctor en Filosofía y Sociología

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