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EE UU: crisis de liderazgo local y mundial, y la distopía que viene

Carlos Ramírez
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carlosramirezhhotmailcom/14/14/22
miércoles 23 de octubre de 2024, 18:23h

HOUSTION, Texas.- No es la primera ocasión en que una elección presidencial en Estados Unidos se encuentra sumida en una doble incertidumbre: a nivel local, porque los dos candidatos ni siquiera generan estabilidad interna; y a nivel internacional, porque ninguno de los dos ha mostrado capacidad de liderazgo para instaurar un nuevo orden internacional a 35 años del desmoronamiento de la Unión Soviética.

Washington se creyó a pie juntillas la afirmación en forma de bulo en 1989 del analista Francis Fukuyama de que había ganado el capitalismo y que la Historia –con H mayúscula-- había terminado; pero a la vuelta de siete lustros nos encontramos que Estados Unidos se encuentra todavía más polarizado en términos sociales y raciales y su economía ya no es capaz de garantizar mínimos de bienestar para la población marginada.

La presidencia de Estados Unidos fue, hasta el final de la administración de George Bush Sr., un liderazgo mundial, pero la frivolidad posterior a la guerra fría permitió presidencias como la de William Clinton y su final envuelto en un escándalo sexual que lo llevó a un juicio; luego vino la inexplicable administración de George Bush Jr. y su ausencia de credenciales políticas para despachar desde la Oficina Oval y metió al mundo en una guerra contra el terrorismo que condujo a Estados Unidos al fracaso bélico en Afganistán; la nominación esperanzadora de Barack Obama por su discurso liberal, diríase que hasta progresista, y el color de su piel --aunque no forjado en el racismo, sino en Hawái-- se topó con la crisis del 2008 y el presidente optó por salvar el capitalismo y posponer en modo de cancelación sus compromisos antirraciales.

Aquí hemos explicado --o intentado explicar-- el fenómeno inexplicable del salto cualitativo de los Estados Unidos de Obama a los Estados Unidos al ultraderechista en modo del siglo XVII puritano de Donald Trump; y en una operación electoral del bloque político-ideológico de tinte liberal-conservador, un Josep Biden ganó con pasmo las elecciones y se dedicó a administrar su mediocridad, para intentar dar paso a su vicepresidenta Kamala Harris y sus limitaciones similares a las de Obama: se asume de la cultura afroamericana, pero no de la que se forjó en la esclavitud del negro sino en la India.

Gane quien gane las elecciones dentro de doce días --el martes 5 de noviembre-- puede afirmarse que Trump tiene ya la victoria política en la bolsa, aunque las cifras pudieran decretarlo perdedor, pero en este escenario la victoria de la vicepresidenta Harris será pírrica en tanto que en los pocas semanas de campaña oficial demostró la ausencia de una figura de liderazgo nacional e internacional real y solo recibiendo el apoyo del gran lobby liberal-conservador que ven en el puritanismo antiestado de Trump al gran enemigo del capitalismo militarista-digital.

Las elecciones en Estados Unidos, vistas desde fuera pero con la facilidad de ser sensibles a la vida cotidiana interna, advierten una de las contradicciones que han ocurrido en escenarios anteriores y que no fueron bien resueltas: una agenda internacional que está exigiendo un liderazgo geopolítico y estratégico de la Casa Blanca y una agenda nacional ahogada en cinco temas que estarían decidiendo el sentido del voto: la inflación que está terminando con el confort de la clase media, la baja en el empleo que antes había sido uno de los valores básicos del capitalismo, la migración que ha invadido sin orden ni control las calles y la tranquilidad de aquellas imágenes hasta cinematográficas de un mundo feliz, la presencia en modo transnacional del narcotráfico que sigue la ruta China-Colombia-México para inundar las calles americanas de drogas sin control que están matando por decenas de miles a consumidores locales y el desorden en el modelo desdeñoso del patio trasero del sur del Río Bravo hasta la Patagonia que se muestra también en desorden con las oleadas de migrantes que han ingresado --entre siete y diez millones -- sin control migratorio y sin revisar sus antecedentes.

Las opciones para los estadounidenses en el tema micro de la migración está causando pánico social: o la deportación en millones que promete Trump afectando inclusive a migrantes sin documentos que tienen años viviendo aquí o la apertura de puertas abiertas de Harris rebasando la capacidad de gestión de condados y estados y el efecto inevitable de esta irrupción masiva en el aumento de índices de inseguridad locales.

Y el Diablo está en los detalles: en una gran tienda de alimentos y productos que se encuentra en el número uno de importancia acabo de ver detalles inusitados: las puertas de entrada y salida hoy tienen candados, las secciones de ropa interior están bajo llave y solo pueden ser abiertas por una empleada, y cuando el comprador se decide por un producto esa misma empleada lleva la compra a una caja y no se la entrega al cliente, los alimentos que antes estaban en puestos abiertos para que el cliente escogiera ahora solo venden productos en bolsas selladas; y en tiendas de ropa en centros comerciales importantes hay policías armados dentro de las instalaciones y puertas resguardadas por seguridad privada.

Este es un dato mínimo de la cotidianeidad que vive el americano medio y que ha aumentado el temor a la inseguridad tradicional de los sectores marginados y ahora enfrenta verdaderas zonas francas con venta de droga en las calles, prostitución e inseguridad en áreas de control delictivo.

Y el gran temor que se percibe en las calles es la repetición de los disturbios del 6 de enero del 2021 cuando turbamultas seguidoras de Trump invadieron el Capitolio --la Catedral política de la democracia estadounidense, según la propaganda liberal--, agredieron a algunos legisladores y se metieron hasta la oficina de los jefes de las bancadas porque dijeron que las elecciones se las habían robado a Trump.

Los demócratas se quedaron sin líderes y a menos de dos semanas hay un empate técnico entre los dos candidatos que debe leerse estratégicamente como benéfico para Trump.

Lo que hay que preguntarse, al final de cuentas, es qué tipo de estadounidense existe hoy ha llevado a que la mitad de los electores quiera a Donald Trump en la Casa Blanca. Y la respuesta podría prefigurar una distopía americana.

Carlos Ramírez

Maestro en Ciencias Políticas

Periodista, Maestro en Ciencias Políticas, columnista político desde 1990, director del Centro de Estudios Políticos y de Seguridad Nacional S.C., director del portal indicadorpolitico.mx

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