Pedro Sánchez llegó a La Moncloa con una moción de censura con la coartada de una presunta corrupción del PP, aunque el caso luego se desvaneció en los tribunales. Paradójicamente, fue el ahora imputado José Luis Ábalos quien defendió la moción con el argumento de que el PSOE combatiría esa lacra de la política por ser el partido más puro de la Tierra. Y ahí están ahora los socialistas afanados en tapar las mil y una vías de agua podrida que amenazan con hundir el barco socialista. La corrupción apesta en Moncloa y en Ferraz.
Pero el feminismo puro y duro ha sido la bandera que con más entusiasmo ha ondeado Sánchez. El partido más feminista de la Historia, decía y, todavía es capaz de decir, el presidente. Frente al machismo de la derecha y la ultraderecha, que es su latiguillo preferido, está el PSOE para salvar a las mujeres. Y, de pronto, aparece Íñigo Errejón, entre arrumacos de Yolanda Díaz, para sabotear el falso eslogan feminista.
Resulta, pues, una falacia que este Gobierno que sufre España sea el más feminista y el más puro. Más bien, apesta por albergar a un más que violento machismo y a una banda de saqueadores del dinero público. El anterior caso de corrupción, con el llamado Tito Berni de cabecilla, celebraba los atracos al Estado con opíparas cenas en los restaurantes más caros, unas bacanales que culminaban con grandes orgías en los burdeles de lujo de la capital. Lo conjugaba todo: la corrupción y el machismo más deleznable. Pero aquel escándalo parece estar ya olvidado, a pesar de que salpicó a muchos dirigentes socialistas. Y, ahora Íñigo Errejón, con su carita de niño bueno, portavoz de Sumar y defensor acérrimo de la igualdad, ha surgido de las cloacas del machismo como un perverso depredador sexual; de momento, presunto. Y, lo peor, todo apunta a que tanto en el Gobierno como en Sumar eran conocidas sus fechorías. Y aún así, fue promocionado y mimado por la líder de Sumar hasta convertirse en portavoz del partido. Si así fuera, aunque lo negará, habría sido cómplice y protagonizado el último esperpento de su carrera política. La gran traidora de Podemos, la más repipi del comunismo habría arropado a Errejón sólo por ser su fichaje estrella en su afán por hundir a Pablo Iglesias que, no por casualidad parece estar preparando su vuelta a los ruedos para recomponer esa izquierda que ha devastado Yolanda Díaz y ha embadurnado de podredumbre Pedro Sánchez.
En medio de una crisis política sin precedentes, el presidente pierde a chorros sus apoyos parlamentarios y Sumar aparece devastado por las torpezas de su líder y hundido en las encuestas. Al alimón, entre el presidente y la vicepresidenta han asestado un rejonazo a la izquierda. El Gobierno, en fin, ha demostrado con creces que ni es el más feminista ni el más puro. Más bien todo lo contrario. Y esto no ha hecho más que empezar.