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TRIBUNA

Entorno al camarada Íñigo Errejón

Martín-Miguel Rubio Esteban
viernes 01 de noviembre de 2024, 17:38h

Pocos en España hubieran pensado que el cerebral y elocuente, frío y violentamente apasionado, atormentado y optimista, apóstol del paraíso marxista, resolutivo madurista, adolescente eterno, como los ángeles del Cielo o del infierno, alzado en su día contra el macho alfa de Podemos, turíbolo del progresismo universitario, gran tribuno de la Plaza del Sol, garrido miliciano, el miope más intelectual del Parlamento – tampoco es elogiar mucho con este superlativo elativo su cultura -, principal creador de los argumentarios de lo que queda aún de la izquierda marxista, junto a Rodrigo Amírola, con absoluto control del sus pasiones políticas, Don Íñigo Errejón, en fin, que esto va convirtiéndose en las letanías lauretanas, iba a convertirse de un día para otro en la nueva reencarnación de Barba Azul, aunque no creo que ya llegue a Gilles de Rais con esas escuálidas hazañas sexuales que tiene, que no llegan a pellizcos de monja, en comparación con las gestas del héroe de Joris Karl Huysmans, ni a la altura del señor de Montragoux, otra encarnadura de Barba Azul, del gran Anatole France, con Las Siete Mujeres de Barba Azul. Aquí son Las Once mujeres de Íñigo .

Hace meses leí en la Prensa que padecemos que a un señor mayor que le recriminaba algo le dio una patada, o puñetazo, en el estómago, con la mala suerte de que tal señor tenía cáncer. El señor lo denunció, pero la cosa quedó en nada. La cosa quedó en nada porque patear a los viejos aquí, entre esta camada de saltamontes políticos, es una insignificancia rancia en comparación de la desmesurada atrocidad que supone tocar el culo de una señora que se solivianta del hecho años después. Me too. Para mí con el maltrato del viejo ya estaría condenado, sin tener que recurrir al lábil, oportunista y confuso consentimiento de las mujeres. “Es que a veces por las circunstancias una se tiene que dejar, y luego una se siente mal”. ¿Qué circunstancias? ¿Las aspiraciones personales? ¿El dinero? ¿Ser trepa? ¿La fascinación por la fama? ¿El miedo? Son tantos los factores intangibles que determinan los acontecimientos históricos como las razones irracionales para que un hombre y una mujer caigan en la tentación de la fuerza de la naturaleza. Para empezar el amor es una fuerza irracional. Y el calculador Íñigo Errejón ha sido atrapado por la irracionalidad.

Las causas primeras de los acontecimientos históricos y amorosos son siempre misteriosas, y casi nunca se llegan a conocer. El conde Joseph de Maistre, lo mismo que el también conde Tolstoi, sostenían que el intelecto humano es un instrumento demasiado endeble como para pergeñar una explicación mínimamente racional de la conducta humana y de la Historia. Buscar la causa primera de la caída de Errejón es palpar tinieblas, obscurum per obscurius. Afirmaba Tolstoi que cuanto más relacionamos un acto con su contexto, menos libre parece el actor, menos responsable de su acto, y menos dispuesto estamos a pedirle cuentas o a repudiarlo. Nunca descubriremos la totalidad de las concatenaciones que entran en funcionamiento para que se dé la caída de un líder; el número de tales causas es infinito, y las causas en sí infinitamente pequeñas. Toda explicación de un analista político es fraudulenta, porque no puede llegar a esa herida que la sociedad no puede soportar, y que Errejón en su carta nos advierte un poco de esa trama sumergida en su vida. Por otro lado, la vívida crónica de Juan Manuel de Prada sobre el comportamiento inmoral de la “gran denunciante” llena de dudas el que la versión oficial que se propaga urbi et orbi por todas las televisiones – ya no hay diferencia alguna entre las teles públicas y las privadas; todas sirven al mismo amo – contenga una partícula de verdad.

La carta con la que se ha despedido Íñigo Errejón tiene su profundidad: el status prolongado de líder político aleja de la realidad de los ciudadanos que sufren, no se quema el político sino su ideología, y se llega a una contradicción irresoluble entre el personaje y la persona. No puede gustar a Yolanda Díaz, que nunca será capaz, frívola y superficial, de sufrir tales contradicciones. Por lo demás, los hombres tenemos tendencia a encaminarnos en direcciones impredecibles, a menudo catastróficas. Los hombres, y también las mujeres, somos seres finitos, falibles, viciosos y vanos, y estamos contaminados por el error y la monomanía. Recordemos a aquel Rubiales. Por otro lado, dada la muy estrecha relación que tiene con Podemos la señora comunicadora que nos ha sacado al proscenio político este drama tan bien orquestado – el teatro es más verosímil que la realidad; ya lo insinuó Aristóteles -, podríamos sospechar que el guionista de todo este enredo trágico ha sido el mismo Pablo Iglesias, , que quiere meter para siempre en La Lubianka a aquellos que alguna vez lo contradijeron o se atrevieron a desafiar su autoridad olímpica, del mismo modo que Stalin acabó asesinando en La Lubianka a los que se opusieron a él veinte años antes, en los últimos años de vida del camarada Lenin. Triunfo feminista, pero menos. Io, la pobra vaca, consigue huir del tábano. Rita Maestre y sus amigas repudian a Errejón, casi como si no lo conociesen. Pobre Íñigo, tantos años ya viendo a este adolescente elocuente en las cosas de la política española de bajos barrios lo teníamos ya casi como un sobrino de nuestros hogares, como para poder venir a cenar. Las mujeres de Errejón cambian ahora de juicio ( gnômê ) sobre los encantos de este Gramsci de perpetua adolescencia milagrosa, no por pasión o despecho ( tò orgizomenon ), sino por miedo a ser llevadas ellas también por el huracán sabiamente desatadopor una conspiración de la cual pronto conoceremos todos sus perfiles.

Craso error que debilitará aún más a sus hasta ahora amigas y camaradas. Ya el Pericles de Tucídides avisó a sus compatriotas que el cambio interesado de gnômê en virtud de circunstancias de peligro trae siempre la derrota total y la indignidad, tanto de la propia comunidad como de los individuos, en tanto que la perseverancia y la lealtad nos hacen más fuertes. A cualquier hombre hoy en España le podría pasar lo que a Errejón con una conspiración de periodistas similar. Y para guinda ahora ha entrado en el asunto la muy afamada Aída Nizar. Si todas las denuncias con el linchado Errejón tienen la autoridad moral y probatoria de la de Aída Nizar, experta ya en las lides amatorias con políticos de la derecha, el marxista madrileño debería estar tranquilo, por lo menos moralmente, en esta cacería. Pero en España nunca se sabe. Udachi i dasvidania, tavarich.

Martín-Miguel Rubio Esteban

Doctor en Filología Clásica

MARTÍN-MIGUEL RUBIO es escritor y catedrático de Latín

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