Al llegar a Paiporta la comitiva en viaje oficial, una multitud airada increpó a las autoridades y lanzó...
Al llegar a Paiporta la comitiva en viaje oficial, una multitud airada increpó a las autoridades y lanzó barro y piedras contra ellas. Ante el cariz que tomaba el acontecimiento, Pedro Sánchez decidió desaparecer. Sus compinches filtraron que le habían golpeado la espalda con una pala, pero nadie ha podido confirmarlo hasta ahora. El presidente del Gobierno se dio a la fuga sencillamente al calibrar la situación adversa.
Muchos esperaban que Felipe VI y la Reina Letizia hicieran lo mismo, pero Don Felipe sacó su calidad de Rey y su valor de militar y, acompañado por una Reina impecable, decidió cumplir con su deber y mezclarse entre la multitud con el fin de dar consuelo y asistencia a los desfavorecidos. Durante media hora larga, con evidente riesgo personal, Don Felipe conversó con muchos representantes de un pueblo indignado. La Reina hizo lo mismo. Ambos escucharon sus relatos, demostraron empatía y solidaridad y atendieron a todos con sencillez y sin el menor aspaviento. Una lección real de primera magnitud.
La Casa del Rey, no la Casa Real, cometió el error de que el Monarca, que conserva una sólida popularidad, compartiera la visita oficial con el presidente del Gobierno, el cual no puede asomarse a ninguna calle de los pueblos y ciudades de España sin que le increpen. Menos mal que la entereza de Don Felipe superó la situación y la conclusión para muchos es que los Monarcas salieron enteros de la más difícil situación pública con la que se han enfrentado durante los diez años de reinado.
Don Felipe hubiera querido continuar la visita oficial en Chiva, enfrentándose con cualquier inconveniente que pudiera presentarse. Pero no quiso humillar a un Pedro Sánchez asustado que clamaba por el aplazamiento de la visita.
Tanto el Rey como la Reina superaron la situación, robusteciendo la popularidad de la Institución Monárquica y la solidez de la Corona. El nuevo jefe de la Casa del Rey tiene motivos para reflexionar y una vez más ha quedado claro que España necesita un cambio de rumbo.