Where’s the love?
sábado 22 de noviembre de 2008, 18:16h
Esta es la pregunta que rotulaba uno de los vídeos de la CNN acerca de la pasada cumbre del G-20 celebrada en Washington. Las imágenes muestran a los líderes mundiales preparándose para posar en una foto. Todos se estrechan la mano y se saludan. Todos, salvo George Bush. El todavía presidente de los Estados Unidos va desfilando, uno por uno, ante los máximos mandatarios de cada país, y, uno por uno también, le van negando el saludo. Zapatero agacha la mirada, Merkel no parece advertir su presencia, ni siquiera Gordon Brown cede ante la mirada suplicante de un Bush Jr. venido a menos.
Alguno podría reponer que, tal vez, es el presidente norteamericano el que rechaza la mano de sus homólogos. Tal vez. Eso no haría menos dramática la escena. Sin embargo, hasta el propio presentador del informativo comenta el vídeo con cierta sorna. Después de ocho años de gobierno, la imagen de Bush es la de un político en horas bajas, con la popularidad al arrastre. ¿Quién se hubiera atrevido, al inicio de su última legislatura, a negar el saludo al presidente de la primera potencia?
Y, sin embargo, el otro día, ni su incondicional Berlusconi se atrevió a darle una palmadita en la espalda. Lejos quedan ya las imágenes de un George Bush campechano en su rancho de Tejas, sonriendo a la cámara mientras reposa sus pies sobre una mesa camilla. Hoy, el aún presidente es un hombre gris, cuestionado por su política bélica, ensombrecido por una crisis económica mundial y eclipsado por un sucesor que ha conquistado al planeta con el metal tranquilo de una voz que algunos creen llamada a cambiar la Historia.
Mientras tanto, la única pregunta que cabe sobre Bush es a qué se dedicará ahora que el mundo le ha repudiado. Tal vez imparta clases en alguna universidad o puede que incluso decida presentarse a ocupar la presidencia del equipo de sus amores. Quizá se deje crecer el pelo y luzca una brillante melena. O podría invitar a casa a sus viejos amigos, recordar los viejos tiempos con los pies descalzos, y llorar en su hombro desconsoladamente, repitiendo una y otra vez: “Where’s the love?, where’s the love?”, mientras las lágrimas anegan sus ojos.