La Metafísica ha sido considerada como la reina de las disciplinas filosóficas, porque se ocupaba del concepto que parecía el más básico y profundo de todos, el ser. Si bien los lógicos medievales conocían los llamados modi del ser -poder-ser y deber-ser-, los veían como variantes o modalidades de la noción última y suprema, el ser en su máxima generalidad. Y así se sigue pensando.
Poder-ser y deber-ser están relacionados en lógica por las cuatro igualdades de la llamada dualidad. Donde en un modus ocurre sí, en el otro aparece no. Y donde en uno hay no, en el otro ocurre sí.
1ª .- no puede sí ser = sí debe no ser 2ª.- sí puede sí ser = no debe no ser 3ª .- no puede no ser = sí debe sí ser 4ª.- sí puede no ser = no debe sí ser Quizá el lector lo entenderá mejor, si suprimimos el afirmativo sí. Pero sin olvidar que está supuesto tácitamente.
1ª .- no puede ser = debe no ser 2ª.- puede ser = no debe no ser 3ª .- no puede no ser = debe ser 4ª.- puede no ser = no debe ser Lo esperable, por tanto, es que los dos miembros de la pareja formada por deber-ser y poder-ser se encuentren en la misma relación lógica frente a la noción supuestamente básica y fundamental de ser o existir de hecho.
Empecemos por reconocer que poder-ser precede en lógica a ser. Es algo obvio en los seres contingentes. Si algo existe, o es de hecho, entonces existió antes su posibilidad. Hoy todos lo aceptamos respecto del Big Bang. Si no hubiera existido previamente el poder-ser de nuestro mundo, no estaríamos nosotros ahora aquí.
Así pues, hay que sospechar la misma precedencia lógica del deber-ser respecto al ser de hecho. Por supuesto, no podemos encontrarla en los seres contingentes. Ninguno de ellos debe ser previamente. Todos ellos podrían no haber existido nunca. El único ser al que podemos atribuir un deber-ser previo a su existencia, o al menos coincidente con ella, es Dios. Su deber-ser llega constante y perfectamente a ser. Pero es anterior en estricta lógica a su existir efectivo. Lo que formalizado sería debe ser → es.
Sin duda, esta prioridad en Dios de su deber-ser respecto a su ser de hecho nos parece de entrada algo demasiado abstruso o alambicado, incluso bizantino. Pero no por eso desaparece la sospecha de que si poder-ser precede a ser, lo mismo debiera suceder con deber-ser.
Un símil jurídico nos puede ayudar. El ser humano es un buen ejemplo de ente contingente. Su ser, o su vida en este mundo, se parece a un préstamo con devolución exigible en cualquier momento. Es una posesión en precario. En cambio, Dios goza de su vida en propiedad, por así decir. Lo que ante todo tratamos aquí de enfatizar es que hay algo previo al hecho de esa propiedad. El deber-ser se parece al título legal previo que justifica una propiedad.
A mediados del siglo XIX Lotze inauguró la llamada Filosofía de los Valores con su conocida frase los valores no son, sino que valen. Entendía la Axiología como
antagonista de la Metafísica tradicional. Lo mismo pensaron en el fondo Scheler y Hartmann. Desde otra perspectiva, también los pensadores ligados de un modo u otro al tomismo o la Escolástica fueron y son reticentes con la Axiología.
Pero según todo lo anterior, más bien hemos de considerar la Axiología como el remate o culminación de la Metafísica previa. No hemos hecho más que alterar el orden de precedencia entre la pareja poder-ser y deber-ser por una parte y el ser de hecho por la otra parte. Sin embargo, en lo que sigue dejaremos de lado el poder- ser y nos concentraremos en el deber-ser.
Santo Tomás de Aquino acuñó la expresión Ipsum Esse para denotar el ser de hecho en Dios. Pura existencia o la existencia en sí misma. No ha recibido el ser de nada ni de nadie. Existe sin la limitación de una esencia, que consiste en ser algo y no ser lo demás.
Cuando hace más de cincuenta años empecé a trabajar en Axiología tuve la ocurrencia de definir el valor como lo que debe ser sea o no sea. Fue una feliz apuesta hecha a ciegas. Medio siglo después me encuentro inesperadamente ante un valor o deber-ser que, como antes dicho, precede en estricta lógica nada menos que al concepto tomista de Ipsum Esse. Nunca antes había caído en la cuenta de esta enorme consecuencia, a que lleva la precedencia de la pareja poder-ser y deber-ser respecto a ser a secas. Nunca antes había pensado en la Axiología como la coronación o cumbre de la Metafísica tradicional.
Por supuesto, cuando se me ocurrió tal definición de valor mínimamente podía imaginar tan lejana y trascendente consecuencia. Dí en el clavo por chiripa, como se suele decir. Ahora, con el correr de tantos años, tropiezo con la asombrosa y nueva idea de un deber-ser previo nada menos que al existir de Dios. El Ipsum Esse del Aquinate es visto como el cumplimiento o realización de un deber-ser divino previo. Para mi propia sorpresa, la definición de valor, que adopté por chiripa, autoriza ahora a considerar ese deber-ser divino como valor y a bautizarlo con la expresión Valor Valorum.
Ya la había utilizado alguna vez, pero sin darme cuenta de la envergadura o alcance que ahora veo en ella. Siguiendo el anterior símil jurídico, digamos que Valor Valorum es como un documento legal que acreditase un derecho de propiedad. El Ipsum Esse de Santo Tomás sería el consiguiente disfrute y ejercicio de ese derecho de propiedad.
En mi artículo en El Imparcial de 2 agosto 2024 hice notar que la terminología axiológica es preferible a la habitual para exponer lo personal y lo social en la vida humana valiosa. Si fuese cierto que la Axiología mejora o completa la Metafísica tradicional, no debiera sorprendernos descubrir tal ventaja en otros ámbitos al usar el término valor en vez del habitual ser. Más adelante ofreceré otro ejemplo de esta conveniencia. Pero antes hay que ampliar y precisar un poco más lo antes expuesto.
La misma dualidad lógica, con sus cuatro igualdades, se da en la pareja posible-necesario. (“Curso Completo sobre Valores Humanos”, Ed. Innovaética. Pag. 512). Dado que poder-ser es lo mismo que posible, cabe concluir que deber-ser y necesario son dos nombres para la misma realidad. Valor Valorum, en cuanto deber ser de Dios, se convierte necesariamente en Ipsum Esse, en cuanto ser divino de hecho. El adjetivo necesario se atribuye, tanto a los dos conceptos de Valor Valorum
e Ipsum Esse, como al tránsito del primero al segundo. No hay aquí dificultad alguna. Lo arduo y problemático surge con el deber-ser más modesto que me inspiró la definición de valor. Obviamente se trata de la conducta humana, de un deber-hacer, para ser exactos. Los valores éticos y obligatorios deben ser, pero no son. Asistimos a su constante violación u omisión en este mundo. Y ello a pesar de que la misma dualidad, con sus cuatro igualdades, aparece también en la pareja permitido
obligatorio (“Curso Completo sobre Valores Humanos”. Ibidem). Sólo cabe recordar aquí que, según mi Axiología, los valores son en último análisis perfecciones reales de la Divinidad. Están cubiertos por la identidad entre deber-ser y necesario. En consecuencia, tiene que existir un infierno, para que todo en la aventura humana acabe siendo como debe ser. Ningún asesinato impune en este mundo quedará sin el correspondiente castigo en el más allá. El adjetivo necesario se aplica a la existencia del infierno con la misma coherencia lógica con que se aplica a Valor Valorum o a Ipsum Esse.
Dicho esto, volvamos al ejemplo antes aludido sobre la conveniencia de emplear una terminología axiológica. Se trata de la Trinidad cristiana. La Verdad en sí, Ipsa Veritas, es obviamente un valor que debe ser. Los teólogos cristianos usan los términos El Verbo o La Palabra. Pero en rigor quieren denotar a Dios Hijo como el Logos o la Verdad en sí.
Igualmente es comprensible que la Belleza en sí, Ipsum Pulchrum, coincida en realidad con lo que los cristianos llaman Espíritu Santo. Se suele decir que Dios es Amor. Pero el amor es la respuesta subjetiva a la objetiva y previa presencia de la Belleza. También la Belleza es vista como un valor que debe ser.
Lo difícil es concebir como un valor a Dios Padre y Creador. De entrada nos parece pura existencia, Ipsum Esse. Sin embargo, el símil jurídico antes mencionado permite superar ese obstáculo, al menos a mi juicio. También en Dios Padre, la noción de valor en cuanto deber-ser precede a la noción de ser a secas, o mera existencia, como se dijo antes
Pero sobre todo, enfatizamos ahora que la unidad de los valores es también un valor. Aquí es justo donde la terminología axiológica viene de perlas. La Trinidad cristiana es vista como el nuevo valor que resulta de la unión entre los tres grandes valores Ipsum Esse, Ipsa Veritas e Ipsum Pulchrum. Cada uno de los tres debe ser. Y su unidad también debe ser y es percibida como valiosa. Si por fortuna topásemos con alguien que fuese en sumo grado joven, listo y simpático -las tres cosas a la vez-, nada nos recordaría mejor al Dios uno y trino de los cristianos.
Esta manera de hablar la entiende todo el mundo, y a la primera. Supongo que ésta es la grande y esperable ventaja de usar como vocablo básico valor en vez de ser. Y tanto en Filosofía como en Teología.