Entre los más graves e insoslayables problemas que habrá de afrontar la ciudadanía española sin escapismo posible, figura en muy primer lugar el de la reordenación del sistema sanitario. Los tambores de guerra que anuncian la irrupción inminente de la gran cuestión en el calendario gubernamental inmediato, ya se dejan oír en asambleas sindicales e innúmeras tribunas públicas. Por ejemplo: la muy asendereada y generosa Muface está hodierno presente en las voces de parlamentarios nacionales y autonómicos que reclaman con ahínco una reforma urgente de sus bases teóricas y presupuestos económicos. Desde Finisterre hasta Levante las controversias acerca de tan prioritaria temática inundan la discusión pública y el interés y preocupación del conjunto social.
La atención del anciano cronista, aunque intensa, no deja de ser la de un español obsesionado con el provenir de su querida nación y el futuro de sus jóvenes generaciones. De ahí, por consiguiente, que intervenga en el acerado de bate con ls participación de su muy modesta lanza de gratitud en honor y realce de una muy destacada y ya algo veterana enfermera de los servicios de Asisa en la hermosa capital andaluza en la que tiene el incomparable privilegio de habitar.
Durante prolongados años, con casi todas sus tardes y no pocas mañanas la aludida profesional gestiona con admirable diligencia el capital servicio de electrocardiología en uno de los centros más acreditados en la referenciada urbe meridional. Muchas horas, pues, a sus gravosas espaldas de atender con talante envidiable y aún más elevada eficacia a un sector de población tan nutrido como variado. Con permanente sonrisa y sin igual eficaz diligencia lleva a cabo una tarea no siempre compensadora de afanes y solicitud
Mientras la organización sanitaria española pueda contar con personas de su entrega y afectuosidad, las alarmas acerca de su próximo futuro podrán seguir desazonando la sociedad hispana, mas la esperanza cierta de un final relativa y comprensiblemente feliz para nuestros conciudadanos en edad de merecer la mejor prestación de los servicios más arriba citados, no verá desmoronarse sus antaño pétreos cimientos.