La entrada de Jean Benoît en L’exécution del Maqués de Sade fue deslumbrante.
Vestido con un atuendo africano (está en mi leonera .
Me dijo que el necrófilo de mi obra de teatro
La primera comunión representaría durante la noche la transformación simbólica de la tumba del Marqués.
André Breton leyó los cinco puntos del testamento, ¿el quincuagésimo?, con autoridad teñida de solemnidad y canas.
El Marqués había pedido: «Mi fosa se cavará en un matorral sembrado de bellotas (¿o de glands humanos?). Las huellas de mi tumba deben desaparecer de la superficie de la tierra como me complace que mi recuerdo sea borrado de la mente de los hombres».
Jean Benoît se quitó sus ropajes uno a uno. ¿Se iba a quedar desnudo? ¿Strip-tease sagrado?
Mimi Parent, su novia, fue comentando el despojo y cada uno de las prendas. ¿Fue Mesalina inspirada por Cleopatra? Lo vigiló todo con una mirada de trascendencia patafísica. Las diferentes prendas fueron amontonándose en pánica confusión ¿predeterminada por Gödel?
Jean Benoit ¿se convertía en un San Simeón místico u apóstata subido en las estilistas de la levitación?
El falo del disfraz siguió el ritmo y el calor del texto de Sade, que la novia de Jean Benoît leyó. Se inspiraba, ella, tan fielmente en Sade que el falo se alzaba recto y duro; mientras que el real —su pene— encerrado en una caja de madera tallada en forma de falo impresionaba por su tamaño, aunque menos que por su desempeño. En los momentos en que la lectura alcanzaba el zenit el falo de madera se elevaba rígido por la erección.
André Breton dijo entusiasmado: «Jean Benoît es un pintor visionario, pero además se le pone dura a su antojo». André Breton, alucinado, ¿no vio que un hilo de nilón unido a un dedo de Jean Benoît lideró los movimientos altivos de su falso falo, de su verdadero deseo?
Jean Benoît, junto a la chimenea, agarró su hierro para marcar toros, con su cetro cuidadosamente preparado con las cuatro letras SADE, que había realizado rigurosamente y, en aquel instante crucial, se marcó con el hierro candente al nivel del corazón. Su pecho chamuscado ¿humeaba por Sade y por la eternidad?
Durante un año absorto en su deseo, el genial Jean Benoît ¿no se dio
cuenta, en su fervor, que su instrumento no podía imprimir en su carne
SADE sino Ǝ⫏AƧ (edas, «devores» en latín)? ¡De la fuente de las maravillas!
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...Beethoven creyó qu
e « su casa era sorda »
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