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Reflexión orteguiana sobre el Teatro de la Democracia

miércoles 29 de enero de 2025, 19:15h

Ortega y Gasset, uno de los intelectuales más reconocidos durante los siglos XIX y XX, relata en su libro “El espectador” que el Teatro es dualidad: Cuerpo y Alma, es decir edificio arquitectónico en simbiosis de esencia y presencia con el Espectáculo, donde los actores van transformando la vida cotidiana, la metaforiza, otorgando a todos una convicción de nuestra existencia y nuestro sentido de vivir a través del Teatro, de tal suerte que enriquece o farsea la realidad en una permanente metamorfosis, con la exploración de la verdad y sus divertidas parodias. Pero a la vez, se nos presenta el dilema: ¿Será el cuerpo prisión del Alma, o el escenario del Teatro prisión del Arte?.

En esta Metafísica obra, Ortega nos advierte. “ Más cuando la política se entroniza en la conciencia de los actores, presidiendo el destino y la vida de los espectadores, concentrando sus actuaciones en reproches, insultos y trabas de como derribar al adversario, entramos en ese mar proceloso navegando sin mapa ni rumbo de nuestra España invertebrada, en donde se trata de confundir lo útil con lo verdadero. Entonces tratar de combinar la utilidad y la verdad, no deja de ser la definición de la mentira, llegando a la conclusión de que la política, es pues El Imperio de la Mentira.

Ha transcurrido desde entonces más de un siglo de su publicación y seguimos presenciando el Teatro de la democracia, donde el escenario ha alcanzado una dimensión paquidérmica, con una abultada plantilla de actores: Gobernantes con desmesuradas carteras ministeriales, seguida de una abundante plaga de asesores ( Un cántico al nepotismo) sin ningún control parlamentario y con unos partidos que completa el Plató de los diputados, más atentos a la creación de comisiones de investigación que complementan sus bolsillos y por consiguiente el gasto público.

Por otra parte, los espectadores se dividen entre los que copan los palcos y la platea ( Los sillones más cercanos al escenario) ocupados por grandes empresarios, burguesía y grandes fortunas, dejando el resto del espacio de butacas donde se sientan la mayoría de pequeños y medianos empresarios con trabajadores autónomos que llevan el peso de la tributación a la Hacienda Pública.

Ernst Robert Curtius, el celebre filosofo alemán (Nacido en la Alsacia frontera con Alemania) fue un gran admirador de la obra de Ortega y Gasset, reconociendo la impronta que dejó en sus ensayos del Espectador y la Rebelión de las masas en los foros sociales y culturales de Alemania, hasta el punto que dejó plasmada su fascinación por el talento literario de Ortega en su obra “Ensayos críticos acerca de la literatura europea” que publicó en la revista Merkur-Baden Baden.

Desde hace un lustro estamos asistiendo a vergonzosas sesiones en el Parlamento y en el Senado en el que el denominador común por parte de gobernantes y opositores es el insulto, el reproche, aparcando la unidad de España en un momento tan crucial donde una Europa más débil como consecuencia de la pandemia, la guerra de Ucrania y la disfuncionalidad de la industria automovilística alemana que ha sido la locomotora en estos años de prosperidad en la Comunidad europea. Nuestros políticos en su duelo personal de ocupar el sillón curil, no perciben los retos que afronta España como miembro de la Comunidad europea desde el momento que Trumps ha vuelto al poder en los Estados Unidos, nombrando a los presidentes de las empresas más poderosas del mundo como asesores de su gobierno, constituyendo una PLUTOCRACIA que les importa un bledo si vulneran las líneas democráticas, solo tratan de alcanzar la hegemonía geopolítica en el mundo. Con varios proyectos que afectan negativamente a las economías de los países europeos como la subida e implantación de nuevos aranceles a productos y con la imposición de elevar la contribución monetaria a la Otan. Como sabemos Churchill con esa flema y humor británico respondió a la pregunta de un gran periodista del Washington post lo que pensaba de Rusia en esos años claves de la segunda guerra mundial: “A riddle wrapped in a mistery inside an enigma” “Un acertijo, envuelto en un misterio, dentro de un enigma.”. Si esa misma pregunta lo aplicamos hoy al nuevo mandatario de U.S. habría que añadirle el suplemento de su Matrihoshka como mochila, sacando cuando lo necesite a la muñeca tecnológica de Elon Musk, a la muñeca logística de Jeff Bezos y a la muñeca en las redes de Mark Zuckerbeg, asi hasta siete.

Me parece oportuno repasar de forma resumida los higlhlights o puntos capitales de la obra de Ortega y Gasset “España invertebrada” de tal modo que los políticos deberían tener como lectura obligada en su mesita de noche.

Nos narra Ortega que la tónica a través de la historia de España, desde que los visigodos se asentaron en el territorio ibérico en el siglo V desterrando a los romanos, se prepararon para las futuras invasiones de los árabes a los que vencieron en el siglo VIII con su jefe Tarik en la batalla del Guadalete al mando del rey visigodo Don Rodrigo. Sin duda, se refiere Ortega en uno de sus capítulos, esta mezcla de razas: “Tartessos, ìberos, Celtas, romanos, visigodos y árabes configuraron una forma de ser muy particularista, un individualismo disolvente y nocivo que ha ulcerado los pilares convivenciales del país. Más que una nación somos torreones aislados unos de otros que se apropian del derecho de creerse poseedores del monopolio de la razón.

De ahí que q menudo, los españoles seamos incapaces de ponernos de acuerdo siquiera acerca de la propia existencia de la nación, o incluso de su entidad, incluso de su índole moral o de su legitimidad histórica.

Javier María su discípulo por antonomasia, pronunció el día del entierro de Ortega y Gasset, unas estrofas del poeta dominicano Manuel del Cabral:

¿Quién ha matado a este hombre que su voz no está enterrada.?

¡Hay muertos que van subiendo cuanto más su ataúd baja……….¡

Nuestro genial Ortega y Gasset es uno de esos muertos; porque mientras más se alejan los años de su vida, más se acerca a nosotros la esencia vital de su pensamiento. Lo que hace de él un muerto que vive en cada uno de nosotros.

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