Hasta el marxismo, definido por Carl Marx como un pensamiento crítico y revolucionario, se transformó en la escolástica del verdugo Iósif Stalin y luego en un elemental catecismo primario, que terminó por devorarse a sí mismo. Los casos de Rusia, China y Cuba sirven como paradigmas. Socialismo ya no quiere decir transformación de las relaciones humanas sino autarquía y falta de libertad. La crítica que hizo Marx del derecho de los valores esenciales fue radical y nada queda de esas construcciones. Rusia y China se exhiben ante el mundo con grandes magnates que recorren Europa a bordo de deslumbrantes cruceros propios, y Cuba es un régimen policial opresivo y casi al margen de las transformaciones modernas. Conectarse a internet en la isla es una proeza.
En la Argentina, México y otros países de nuestra América, si bien se goza de libertad, se vive escandalizado por los altísimos niveles de pobreza y corrupción. La “casta”, a la que dice haberle declarado la guerra el presidente Javier Milei, para nada ha sido afectada por medidas que la mayoría sigue reclamando. Si bien lo que se vive no es peor que lo de ayer, el presente y el mañana tampoco se los entrevé mejores. Está tan mal la Argentina que como cifra de su decadencia se muestra ante el mundo con un Presidente que lo que más le interesa es su imagen internacional y vive repitiendo que él es una saludable anomalía y que llegó a ese cargo “por el fracaso de todos los demás”. Tiene razón, la pésima y corrupta política del kirchnerismo jugó fuerte en su favor. No reconoce, sin embargo, que hasta contó con el apoyo de un sector de esa corporación; basta ver los nombres de quiénes jugaron a su favor y del descuido o el apoyo de empresarios ligados a ellos, sin mencionar a los sindicalistas cuya indiferencia es sospechosa. Los privilegios mandan y mientras se mantengan los problemas siguen de largo. A eso se suma Mauricio Macri y su partido que prodigó una decisiva ayuda y desde las sombras, lo asiste para gobernar. Otros, como la ministra de seguridad Patricia Bullrich, especialista en mudar de paracaídas de acuerdo a como soplen los vientos, a pesar de las ofensas mutuas con Milei, ahora luce su “camiseta de libertaria”. Lo que Milei llama “casta” sigue operando con sus añejas mañas y siempre sensible a sus privilegios se presta a cualquier maniobra cosa con tal de preservarlos.
Justo es reconocer que en su discurso Milei se basó en haber interpretado una demanda social clave como lo es el reordenamiento de la economía y la baja de la inflación. Hasta ahora, dichas medidas se vienen cumpliendo. Cada vez más agresivo y provocador, en lo que va del mandato su manejo político se caracteriza por exhibir de manera contundente -y ya como estilo- el uso de recursos provocadores e intolerantes; en la mayoría de los casos, definitivamente ofensivos. Convenció a la gente de que aplicaría medidas extrema y se exhibió en campaña con una motosierra, exponiendo un concepto básico de la economía de mercado, con perfiles ideológicos aparentemente revulsivos para estos tiempos. Con esos recursos primarios en su haber, harta de corrupción y de engaños, la ciudadanía lo votó y muchos lo siguen apoyando.
Las ideas de Milei en el manejo económico son contundentes y no admiten disidencia, descalificando a los que se oponen, tal el caso de aliados que echó sin miramientos o del ex ministro Felipe Cavallo al que califica ahora de “impresentable”, cuando no hace mucho lo mostró como paradigma. En la práctica se debe reconocer que recibió un país sin moneda, ni acceso al financiamiento y con niveles impositivos abusivos y altos para todos los sectores. Cualquier medida que se hubiera tomado emitiendo pesos moneda nacional, o “papelitos de colores” en su verba, implicaría más devaluación, mayor inflación y una suma de incertidumbre que, sin duda, a la larga, operaría en una mayor pauperización. Hasta ahí muy bien.
Aunque tampoco se debe desconocer que el peronismo, que tiene el manejo de la mayoría de las provincias, le dio esa oportunidad para ordenar la macroeconomía; ahora, sus principales disputas son internas. Lo cual se ve favorecido por una líder cada vez más desgatada, con causas judiciales irreversibles que la muestran más que nunca con una gran debilidad. Mauricio Macri, la otra pieza importante que lo asiste, con las debidas reservas obviamente, sigue mostrando incapacidad para en su apoyo. Pero como en la Argentina no se desprestigia nadie, dice presente.
Ahora bien, está aún por verse si esta economía, basada en el ajuste fiscal, que se ha ido estabilizando y bajando la inflación puede tener una expansión importante; sobre todo en beneficio de los sectores más vulnerables: trabajadores y jubilados, junto a la salud y la educación. He ahí la gran pregunta. Sobre todo cuando hay el ancla nominal que tiene intervenidos dos de los precios más importantes de toda economía de mercado, el dólar y la tasa de interés. Cuándo desaparecerá el cepo y sus variantes negativas, anomalías que en el corto plazo, como ha quedado demostrado, pueden servir para estabilizar, pero que en algún momento es fundamental que desaparezcan y haya un cambios sustanciales. Si eso llega a desmontarse y la economía sigue en un camino de baja inflación y crecimiento, podrá decir Milei que efectivamente las medidas que tomó fueron exitoso y han dado vuelta una página histórica.
En lo que va de su Gobierno, desde el punto de vista discursivo se mantiene tajante, ideologizado hasta el dramático extremo que deja afuera a los propios liberales tradicionales (incluyendo los postulados de Milton Friedman, el padre del monetarismo). Mientras tanto Milei descalificando con su contradictorio discurso libertario, se muestra como paradigma de lo que él llama “anarco-capitalismo”. Pero a la hora de gobernar debe superar los conocidos escollos, que no solo se logran con un pragmatismo contundente, sino con alianzas propias del sistema republicano que rige a la Argentina. Y es allí donde entran los ministros Federico Sturzeneggerel y Luis Caputo, que aprendieron de los errores cometidos durante la gestión de Macri (que en su momento los mostró heterodoxos en el terreno cambiario y monetario), su hermana Carina y Caputo el joven, su asistente todo terreno, apodado “el mago del Kremlin”, como se lo apoda.
Milei llegó a decir que no cree en las fallas del mercado y por eso su gobierno no debe intervenir en la economía privada; aunque en su avance se mete con las prepagas denunciándolas penalmente por cartelización, o con los supermercados o laboratorios, y en otro terreno -más temerario- con temas en los que muestra un total desconocimiento; como el movimiento feminista, que buscó estigmatizar en la reunión de Davos, donde enfatizó que “lo único que busca esta agenda feminista es una mayor intervención del Estado para entorpecer el proceso económico”. Pero parece desconocer que el problema no es de agendas, ni de feminismos radicalizados, sino de la violencia de género. El machismo y la matriz heteronormativa devienen en discriminación, en odio y femicidios (desconociendo que en el 2023 hubo una víctima de violencia de género cada 26 horas). Enojosos asuntos que, por supuesto, le restan punto y le suman enemigos.
Así, lejos de la ortodoxia, Milei exhibe en su pragmatismo una especie de heterodoxia ad hoc (es decir, adecuada o, mejor aún, inadecuada); donde el discurso es una cosa que solo le sirve para no perder cierto glamour cuya intención es trascender las fronteras. Aunque, claro, se ve favorecido por el gran descalabro que es la Argentina. De tal manera que administrar la economía no es suficiente. Se requiere de otras para tener en cuenta.
Con un kirchnerismo divido, que lo favorece, pero tampoco con demasiado para ofrecerle, la moneda echada sigue el aire. La Argentina no está mejor en lo social, sino todo lo contrario. La macro es el camino elegido por Milei. Pero no es suficiente cuando las condiciones no mejoran para las mayorías. El camino del infierno, dice un antiguo refrán, está poblado de buenas intenciones.