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Memorias

Francisco: Esperanza

domingo 02 de marzo de 2025, 21:38h
Francisco: Esperanza

Traducción de Ana Ciurans Ferrándiz y César Palma Hunt. Plaza & Janés. Barcelona, 2025. 336 páginas. 23,90 €. Libro electrónico: 12,99 €.

Por David Lorenzo Cardiel

Un ruido metálico, un barco hundiéndose, la tragedia. En medio de la confusión, la violencia desatada por el deseo de supervivencia y las gélidas aguas arrastrando los cadáveres al fondo del abismo oceánico. En pocas horas, más de trescientas personas se ahogaron frente a la costa brasileña. Aquel buque no fue el famoso Titanic, sino uno un poco más desconocido en Europa, el Principessa Mafalda, en honor a una de las hijas del rey italiano Víctor Manuel III. Era 1927, y entre los mil pasajeros que zarparon del puerto de Génova rumbo a Argentina en busca de un futuro mejor no se encontraban los Bergoglio. Como sucede en multitud de ocasiones en eventos catastróficos, numerosas personas esquivan la mala fortuna en unas circunstancias bastante desafiantes al azar. Los Bergoglio tuvieron que devolver los billetes del pasaje por no haber podido vender a tiempo sus bienes en Italia. Tiempo después, se asentaron en el país americano. La Historia estaba escrita, aunque los humanos prefiramos pensar que el futuro es un libro en blanco.

Cuando escribo estas líneas, Jorge Mario Bergoglio, Sumo Pontífice de la Iglesia Católica desde el año 2013 bajo el nombre de Francisco, se debate contra una neumonía bilateral. Confío en su recuperación con equivalente ímpetu al que desde el inicio de Esperanza invoca el Pontífice a la providencia divina cuando sitúa su origen en ese fallido intento de sus abuelos por dejar atrás el Viejo Continente.

Esperanza es el último libro del Papa Francisco publicado en España en el sello Plaza & Janés. El pontífice despliega su autobiografía, el primer libro de memorias de un Papa. Pero Esperanza es algo más que el relato de una vida o una encíclica: es una confesión, quizás el legado más singular en tanto que profundamente humano de Jorge Mario Bergoglio. En un tono ameno, con un estilo liviano y con una estructura dividida en pequeños capítulos que se leen con deleite, este libro ofrece al lector una oportunidad para dialogar con el hombre que se encuentra bajo la responsabilidad religiosa y política de su servicio espiritual. Es decir, Esperanza abre las puertas a un diálogo donde las anécdotas y la idiosincrasia del profuso abanico de experiencias que ha vivido el considerado “obispo de los pobres” a causa de su entrega en el auxilio de los desfavorecidos.

La vida de Francisco ha estado vertebrada por una creciente vocación emanada desde la fe en Jesús de Nazaret y el modo de vida que reveló. En su juventud se graduó como técnico químico, empleo en el que estuvo trabajando en sus primeros años laborales. Después sintió la necesidad de enfocar su entrega a Dios a través de la vocación y el auxilio de los más necesitados. El religioso jesuita conoce la ciencia, el mundo y las vicisitudes. Precisamente por todo ello, los pasajes que se narran en este libro muestran la belleza de la actitud vital de la esperanza frente a la adversidad. Porque la adversidad nos desafía y nos prueba como seres humanos. Dos caminos se abren, entonces, ante nosotros: buscar la bondad u obrar desde el odio y la consunción interior.

Esperanza es también un libro colmado de fe en Cristo, además de una explicación, en cierto modo, de algunas encíclicas, como la Lumen Fidei (2013), que se refiere a la importancia de la esperanza y la caridad en la vida humana; la Laudato si’ (2015), sobre el deber de nuestra especie de cuidar y proteger el planeta y Fratelli Tutti (2020), sobre la necesidad de una fraternidad universal entre todos los pueblos.

También aparecen mencionadas, en este libro, algunas de sus decisiones, como el justo camino aperturista a tratar por igual a personas anteriormente excluidas, cuando no perseguidas, por la Iglesia, como en el caso de la homosexualidad o la aceptación de divorciados. Multitud de las decisiones de Sumo Pontífice en su habitual y, a mi juicio, loable y necesaria dirección humanística le han conducido a críticas, oposición y negación dentro de la propia Iglesia. El actual líder católico es un hombre que demuestra una elevada consciencia y conciencia: la vida, sin entrega a los demás, carece de sentido.

Este sentido de entrega puede tener múltiples rostros, no únicamente un enfoque religioso, pero sí implica aceptar que si desde hace miles de años hasta la actualidad ha habido muchos profetas, sabios, eruditos, filósofos y hombres de fe –y, por supuesto, Jesús de Nazaret, pero dejo su figura al margen por su luminosa singularidad–, nos oponemos a la violencia que significa el cultivo del ego desde diversos puntos de partida, pero con idéntico destino, por algo será, aunque nos empeñemos en querer olvidarlo.

Como escribe Francisco en un pasaje del libro, «para los cristianos el futuro tiene nombre y ese nombre es esperanza». O, en palabras que el evangelista Lucas atribuyó al propio Jesucristo, «el reino de Dios no habrá de venir de forma espectacular ni tampoco será anunciada su presencia, porque atended, el reino de Dios está dentro de vosotros» (Lucas, 17. 20-25).

Este es, a mi juicio, el legado último de Esperanza, del pontificado de Francisco. Remar hacia una hermandad humana posible desde la libertad ética de la que la inteligencia nos ha provisto. Porque el reino de Dios, nuestra integridad como seres conscientes de pertenecer al Todo existencial, está dentro de nosotros, a través de nuestra reflexión y comprensión interior.

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