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TRIBUNA

El pacto en defensa cambia el tablero

lunes 10 de marzo de 2025, 18:37h

El presidente Sánchez no llama al líder de la oposición para informarle de los acuerdos sobre el rearme europeo, llama a los líderes de partidos exceptuando a Vox. Siguiendo el cuento para habituarnos a él por reiteración, Vox es la extrema derecha y en Europa la extrema derecha está mal vista, dice Sánchez. Oculta que los europeos están preocupados por el avance de la extrema derecha porque no tienen motivos para preocuparse por la extrema izquierda. Desde la II Guerra Mundial, los países de la Unión y los que quedan fuera de ella, están blindados contra el comunismo. España es el único país donde el partido comunista participa en un gobierno democrático. En cualquier otro, la extrema izquierda usa vestimenta de camuflaje ideológico: ecologismo, verdes, neofeminismo, animalismo y otras lindezas adaptables al terreno.

En Europa han sufrido el racismo nazi, no el terrorismo etarra. Un embrión de terrorismo, la banda Baader-Meinhoff, se ahorcó en una cárcel de Stuttgart. Desde que esta facción del ejército rojo colgó de una soga, no hubo temor a ansias revolucionarias que sustituyeran el paredón por el ritual del suicidio colectivo. Pensar que dos partidos comunistas, como Sumar y Podemos, puedan disputarse una vacante ministerial en algún país Europeo es inverosímil. Desde que demolieron el muro de Berlín el extremismo izquierdista solo aspira a elegir cómo disfrazarse en tiempos de Cuaresma.

En Europa no hay peligro de que progrese el extremo de la izquierda. Menos cuando súbitamente se ven compelidos a renunciar al pacifismo que predicaban los comunistas ante el humillante trance de sumarse al programa de rearme por temor a los rusos. Si se prescinde de Hungría, a los demás europeos les reúne el mismo riesgo. Rusia es Europa, pero es imperial, no democrática. La autodefensa europea no germina por prevención frente a Rusia, sino para supervivencia de un modo democrático de entender la política. Es lo que combate Putin y lo que hay que enseñarle a Trump cuando maltrata a Zelenski y ofende a Ucrania.

Putin tiene razón al advertir a Macron del mal trago que sufrió Napoleón tras pasar con sus maltrechas tropas un invierno moscovita. Con Napoleón, con Lenin, o sin ellos, Rusia fue un imperio europeo no democrático. También Alemania fue a la Primera Guerra Mundial por pretender sustituir a la Rusia zarista a pesar de las alianzas de sus familias imperiales. Tiene razón Trump cuando advierte que Occidente procede de la pugna interna europea por alcanzar la supremacía. Rusia es un imperio tan cristiano ortodoxo como cristiano luterano el de la reina Victoria del que se segregó Estados Unidos.

El tablero dejó definitivamente de mostrar rivalidades intestinas tras la Segunda Guerra Mundial. Ahí se da el verdadero tránsito democrático europeo al mundo globalizado. La OTAN es una alianza entre democracias que sustituye a las pugnas imperiales. La aglutina la protección de la democracia en el mundo, un legado de Europa a Occidente que defendió Estados Unidos desde la Segunda Guerra hasta la actualidad. Es lo que no entiende Trump cuando se alía con Putin. Justamente esa defensa es lo que pone en entredicho las alianzas internas y externas de las que depende la continuidad del gobierno de Sánchez.

Las medidas de rearme exigidas por la Unión Europea vienen a complicar y simplificar el panorama sanchista. Lo complican internamente, pues no son asumibles por Sumar e inaceptables para los independentistas, Bildu y Podemos, es decir, todos los ramales antidemocrático españoles. Como nunca es posible precisar los límites entre lo teóricamente inaceptable y lo que acaba siendo aceptado a cambio de concesiones prácticas, solo es posible subrayar la debilidad de esta compostura. En cuanto a su eventual sostenimiento, el gasto en defensa cabría en una Ley Orgánica de Presupuestos ómnibus tan del gusto gubernamental, que incluya partidas de modo que lo que no salga por un lado pueda salir por el otro, un nuevo señuelo para que la oposición se sienta comprometida a respaldarlo.

La oposición puede tener su oportunidad para debilitar definitivamente un entramado gubernamental cada día más inconsistente con cualquier propuesta que no sea una moción de censura que lo haga caer: promover una directiva de rearme para la defensa de la estabilidad democrática de la Unión Europea y una Ley Orgánica para la modernización del ejército y defensa del Estado que encaje con la trasposición de la directiva. Se trata de concretar en la directiva cláusulas de defensa de la Unión que tipifiquen el rechazo de decisiones como causas de exclusión del entramado para impedir autoexclusiones parciales como la de Hungría. La oposición moderada mostraría su influencia en el PPE si impulsara medidas que además imponen el gasto y desarrollo de la defensa mientras dificultan técnicas ambiguas como la de Vox o maniobras marrulleras para la persistencia gubernamental.

La marrullería ha llegado al extremo de incluir a Bildu como socio dialogante. En Europa esa artimaña no tendría más salida que la de los herederos del ejército rojo. Al admitir Sánchez a Bildu y excluir a Vox del diálogo, un partido que en la Unión cuenta con una representación que pronto marginará a la socialdemócrata, la moderación tiene un campo para hacer pagar a Sánchez las consecuencias de su martingala. En Europa no hay un caso como Bildu, un comunismo vestido de cordero que para hacerse valer ha de disfrazarse de verde ecologista, animalista o lo que sea. Ha de quedar claro lo que es, un excremento antidemocrático del comunismo heredero del terrorismo ultranacionalista.

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