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análisis

La oposición en el país de Chávez

sábado 29 de noviembre de 2008, 00:21h
Como era de esperar, fuera cual fuera el resultado, las consecuencias de los comicios no se han hecho esperar. Y es que, por mucho que tanto oficialistas como opositores tengan motivos para sentirse vencedores, lo cierto es que al presidente Chávez no le ha hecho ninguna ilusión que la oposición se haya alzado con la alcaldía de Caracas y que haya vencido en los estados más poblados y atesore más del 45% del total de votos. Las formaciones contrarias al presidente Chávez han demostrado que, aún con las trabas y limitaciones impuestas por el régimen, son capaces de ir conquistando, poco a poco, parcelas de poder. El aparato mediático del presidente no ha sido suficiente para neutralizar a los opositores.

Sin embargo, el oficialismo no está dispuesto a tolerar que la oposición amenace su hegemonía. Así, pocos días después de que tuvieran lugar las elecciones municipales, una comisión legislativa ha solicitado ante la Asamblea Nacional de Venezuela que se abran procesos penales contra el líder opositor Manuel Rosales (alcalde electo de Maracaibo desde el pasado domingo), directores de medios de prensa, empresarios y militares. Se les acusa de urdir un plan para asesinar a Chávez y perpetrar un golpe de estado. El complot fue denunciado en septiembre pasado por la emisora VTV, de la red de televisión estatal, y el gubernamental Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) lo ha utilizado durante toda la campaña electoral para desgastar a la oposición. Desde entonces, la administración de Chávez ha divulgado diversas conversaciones en las que, supuestamente, queda constancia de la conspiración magnicida.



Según el partido de Chávez, los detenidos pretendían derrocar al presidente atacando el palacio de Gobierno por vía aérea, derribando el avión presidencial o en alguna manifestación, apoyados por militares y directivos de medios de comunicación privados. Además, aseguran que en la operación para desarticular la trama han sido incautadas diversas armas de fuego, entre ellas cuatro granadas de gran potencia y un cañón que presuntamente iba a ser utilizado en el plan magnicida. Fuentes gubernamentales han explicado que los conspiradores, con contactos en Colombia, ya habían elegido al que sería sucesor de Chávez, una vez que este hubiera sido asesinado. Se trataría del antiguo embajador venezolano ante la ONU o, en su defecto, del general Raúl Isaías Baduel, ex ministro de Defensa.

Todos los implicados se han apresurado a negar las acusaciones y tacharlas de “montaje” orquestado desde las esferas del Gobierno. De hecho, el director de la comisión legislativa que investiga el caso es el parlamentario oficialista Mario Isea, lo que ha levantado no pocas suspicacias. Es difícil determinar hasta qué punto son reales las imputaciones, saber cuánto hay de cierto en ellas y cuánto de persecución política. De lo que no cabe duda es de que las dificultades de maniobra de la oposición son crecientes. Chávez pretende controlarlo todo desde el poder, garantizar su hegemonía e impedir el paso a cuantos se propongan sucederle. Los pequeños triunfos que han ido cosechando en los últimos tiempos sus rivales, como los obtenidos el pasado domingo o con el rechazo del referéndum para la reforma constitucional, han ido irritando cada vez más a un Chávez de discursos incendiarios, aficionado a los baños de populismo y con inclinaciones totalitarias. Así, la democracia en Venezuela sobrevive a trompicones, sorteando las zancadillas que su presidente le tiende a cada paso.

No obstante, la alta participación en los comicios municipales de la semana pasada es una buena prueba de los anhelos de participación de la ciudadanía y una estupenda receta contra las actitudes antidemocráticas que exhibe el caudillo bolivariano. Las trampas electorales se hacen apoyándose en una alta abstención y, por tanto, nada mejor que una participación masiva para evitarlas.

Mientras tanto, la convulsa política venezolana empieza a dar muestras de que hay vida más allá de Chávez. De hecho, el país cuenta con un importante movimiento estudiantil consagrado a defender los valores democráticos y promover la libertad de expresión. Varias organizaciones juveniles antichavistas vienen pisando fuerte, y prometen ponerle las cosas muy difíciles a un Chávez que no está dispuesto a dar su brazo a torcer: su objetivo es y seguirá siendo la reelección. El tiempo dirá si hay tercer mandato.