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EDITORIAL

Donald Trump: mucho ruido y pocas nueces

EL IMPARCIAL
jueves 03 de abril de 2025, 08:20h

En la guerra comercial desatada por Donald Trump saldrá igual de perjudicada la economía mundial que la estadounidense. Todos perderán. El presidente norteamericano ha resultado ser un adicto a los espectáculos circenses. Entró dando coces en la Casa Blanca y vociferando que iba a poner el mundo patas arriba. Casi tres meses después, se ha atascado en las negociaciones para el fin de la guerra de Ucrania y en lugar de convertir la Franja de Gaza en un paraíso turístico del Medio Oriente sólo ha conseguido que se reanude la guerra de Israel contra Hamás. De ahí, el espectáculo celebrado en los jardines de la Casa Blanca, denominado pomposamente “El día de la liberación”, para anunciar con detalle los aranceles que impondrá Estados Unidos que van desde el 10 por ciento a todas las importaciones, el 20 por ciento a las europeas y el 54 a las chinas. Se trataba de un mero espectáculo, de una cursi puesta en escena para recuperar el protagonismo perdido después de tantos fiascos. Pero su nuevo “show” sacudirá el comercio mundial y puede provocar un incremento de la inflación, la pérdida de empleos, incluso, la recesión de la economía estadounidense.

Así no va a recuperar Trump el dominio mundial del comercio. Más bien lo contrario. Pues los países afectados por sus aranceles contraatacarán con gravámenes equivalentes, encareciendo los productos en todo el mundo y perjudicando también la economía norteamericana.

Casi tres meses después de llegar a la Casa Blanca, Trump sólo ha logrado que Wall Street se tambalee. Eso sí, ha puesto en ridículo a Europa y doblegado al pobre Zelenski después de maltratarlo en el Despacho Oval. Pero Putin se resiste. Y, lo dicho, la guerra comercial que ha desatado en el mundo afectará a Estados Unidos tanto o más que a nadie con su desquiciante vaivén de aranceles que un día los aplica y, al siguiente, los retira. Firma y firma decenas de decretos al minuto ante las cámaras de televisión. Pero ya nadie sabe en qué consisten ni para qué sirven dichos decretos. Pero con su recién celebrado “Día de la liberación” en los jardines de la Casa Blanca ha vuelto a acaparar la atención y los focos en todo el mundo. Y ese, al final, es el único deseo de Donald Trump. Ser el protagonista. Incluso, a costa de la economía, el bienestar y la estabilidad de Estados Unidos. El gran problema es que el líder de la todavía mayor potencia del mundo sólo es un pésimo actor; no un político responsable y con sentido común.

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