Ya hemos denunciado en anteriores editoriales, que la tregua en Ucrania se basa en el reparto del país entre Trump y Putin. Uno para apropiarse de las llamadas tierras raras, ricas en minerales. Y, otro para, al menos, apropiarse de los territorios ocupados por la sangrienta guerra emprendida por el Kremlin. Y en ese afán, en su intento de extender su dominio territorial, el dictador ruso ha lanzado un salvaje ataque con misiles balísticos que ha provocado este domingo la muerte de al menos 34 personas en la ciudad de Sumy. El incidente ocurrió cerca de las 10,15 de la mañana, cuando muchos se encontraban reunidos para conmemorar el Domingo de Ramos.
Tres meses después de llegar a la Casa Blanca, Trump se ha atascado en las negociaciones para el fin de la guerra de Ucrania y en lugar de convertir la Franja de Gaza en un paraíso turístico del Medio Oriente sólo ha conseguido que se reanude la guerra de Israel contra Hamás. De ahí, el espectáculo celebrado en los jardines de la Casa Blanca, denominado pomposamente “El día de la liberación”, para anunciar con detalle los aranceles que impondrá Estados Unidos. Se trataba de un mero espectáculo, de una cursi puesta en escena para recuperar el protagonismo perdido después de tantos fiascos. Pero su nuevo “show” está sacudiendo el comercio mundial y puede provocar un incremento de la inflación, la pérdida de empleos, incluso, la recesión de la economía estadounidense.
Trump sólo ha logrado que Wall Street y todas las bolsas del mundo se tambaleen. Eso sí, ha puesto en ridículo a Europa y doblegado al pobre Zelenski después de maltratarlo en el Despacho Oval. Pero Putin se resiste. Y en su resistencia prosigue con su sangrienta guerra, mientras una delegación de Estados Unidos se reunía en el Kremlin para acordar con Rusia una tregua. Una tregua al margen de la Unión Europea y la propia Ucrania.
Entre tanto, Trump, después de pasar el fin de semana en Florida jugando al golf, alardea que los dirigentes mundiales “le besan el culo” para librarse de los aranceles. Cuando es el propio presidente norteamericano, asumiendo sin reconocerlo su error, quien aplica e, inmediatamente después suspende, los gravámenes a la importación al comprobar el desastre económico que ha provocado; para empezar en la economía estadounidense. Y de paso, permite que Putin prosiga con su asesina guerra para expandir “su imperio” y Netanyahu se apropie de la mitad de la franja de Gaza.