Cada Domingo de Resurrección, los nacionalistas vascos celebran el Aberri Eguna, una fiesta que autodenominan “patriótica”, para conmemorar su singular ADN, el RH negativo que dicen llevar en su sangre. Pero se trata de una patraña más que sólo busca escenificar sus ansias de independencia.
Desde que Pedro Sánchez llegó a La Moncloa, el PNV se ha comportado como su fiel escudero, su socio más fiel, pues por tradición siempre ha estado a expensas del Gobierno de turno ya sea el PP o el PSOE y siempre para sacar rédito político o económico a esa fidelidad. Mientras, Bildu ha aprovechado la conmemoración para demostrar que siguen y seguirán comportándose como lo que son: los herederos de ETA.
Este domingo, se ha estrenado Aitor Esteban como presidente del PNV, el diputado que ha ocultado su docilidad al poder tras su máscara se moderación y sentido de Estado. Sin embargo, ha proclamado que su partido “no va a permitir que "impidan el avance del autogobierno vasco", ni tampoco "una Euskadi subordinada". Eso sí, dentro de "un marco de bilateralidad efectiva" entre Euskadi y el Estado. Una frase tan cursi como falsa, pues desde que Sánchez llegó al Gobierno ha estado subordinado a sus deseos. No así Bildu, que ha vendido caros sus escaños; tan caros como lograr, entre otras cosas, la liberación de muchos de los presos etarras o la expulsión (de momento, a plazos) de la Guardia Civil de Navarra.
Resulta inevitable el paralelismo entre los nacionalistas vascos y catalanes. ERC, como el PNV, Rufián como Esteban, han sido los grandes aliados de Pedro Sánchez. Siempre han estado al servicio del Gobierno Frankenstein. Bildu y Junts, sin embargo, que también llevaron a Sánchez al poder, han extorsionado sin contemplaciones al presidente del Gobierno, en especial Puigdemont que, desde Waterloo, ha dictado muchas de las leyes aprobadas por el Consejo de Ministros, aunque la amnistía siga en el aire.
Al final, los nacionalistas sólo buscan la independencia de sus territorios. Y con Pedro Sánchez han logrado buena parte de sus objetivos como las abundantes transferencias de competencias exclusivas del Estado y dinero, mucho dinero de los contribuyentes españoles. Y ese será el gran legado del presidente del Gobierno: acercar a Cataluña y al País Vasco a la independencia total a cambio de comprar los escaños de unos y otros para permanecer en el poder.
Si algún día Núñez Feijóo gobierna, se encontrará la España más dividida de la democracia. Polarizada por el muro que ha levantado el PSOE entre derecha e izquierda; pero, sobre todo, porque Cataluña y el País Vasco irán por libre, al margen de la Constitución y de la democracia española. Y el Aberri Eguna no ha sido más que un ejemplo de esa deriva política. Da igual que el PNV se presente como un partido moderado y Bildu como una formación radical y proetarra. Ambos saben que sus escaños valen muy caros. Y se aprovechan de ello para conseguir su objetivo esencial: la independencia.