Tras la muerte o renuncia del Papa, la sucesión papal sigue estos pasos: el Colegio Cardenalicio convoca el Cónclave, donde los cardenales menores de 80 años eligen al nuevo Papa mediante votaciones secretas. Se necesitan dos tercios de los votos para elegir al nuevo Papa. Si no hay acuerdo, se realizan varias votaciones hasta que se logra un candidato. Una vez elegido, el nuevo Papa acepta y decide su nombre, se viste con las vestimentas papales y recibe la bendición de los cardenales. Finalmente, el cardenal protodiácono anuncia la elección al mundo desde la Basílica de San Pedro.
Después de los nueve días de funerales, el decimoquinto día desde la muerte del Pontífice o según lo previsto en la constitución no más allá del vigésimo, los cardenales se reúnen en la Basílica de San Pedro y celebran la Misa votiva "Pro eligendo Papa". Posteriormente se dirigen en procesión a la Capilla Sixtina y allí emiten solemne juramento.
La constitución de 1996 establece la fórmula del escrutinio como la única válida para la elección de Pontífice, quedando así abolidos los métodos de "aclamación o inspiración" y "compromiso", que aunque estaban en desuso, permanecían vigentes hasta 1996.
En junio de 2007 Benedicto XVI modificó, mediante "motu proprio", el sistema de mayorías que establece el texto de 1996 para la elección de Papa, pero dejó vigente todo lo demás.
Hasta ese momento era necesaria esa mayoría, pero si tras el tercer día de votaciones y llegados al 33 o 34 escrutinio no se producían resultados positivos, se decidía como seguir, por mayoría absoluta.
Hasta ahora, se elegía Papa entre los dos cardenales que en la última elección hubiera obtenido el mayor número de votos y la Constitución de 1996 exigía que finalmente el elegido lo fuera por mayoría absoluta.
A partir del "motu proprio" de 2007 el Papa será elegido con una mayoría de dos tercios de los votos en todos los eventuales escrutinios.
Asimismo, la nueva normativa del Papa Ratzinger establece que de llegarse al voto entre los dos cardenales más votados, éstos no podrán participar en la votación. En todo lo demás, permanece vigente la Constitución de 1996. Por ello, en lo referente al nombre de los candidatos, el texto de 1996 dispone que éste debe ser escrito en la papeleta con una caligrafía distinta a la particular de cada cardenal, y fija, con normas precisas, que está prohibido a los electores revelar a cualquier otra persona noticias sobre las votaciones, antes, durante y después de la designación del nuevo Papa.
Después de cada elección se queman las papeletas. En este sentido, la tradición indica que los cardenales provoquen con paja seca o húmeda que el humo sea negro, si no se ha elegido Papa, o blanco si la votación ha dado como resultado la elección del nuevo Romano Pontifice: es la conocida "fumata negra o fumata blanca".
Una vez que el elegido "acepta su elección canónica" como Sumo Pontífice, el primero de los diáconos –cardenal Protodiácono- anuncia desde el balcón de la Basílica vaticana la elección del nuevo Papa con la tradicional fórmula: "Nuntio vobis gaudium mágnum: ¡Habemus Papam!" y el Romano Pontífice imparte la bendición "Urbi et Orbi".