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EDITORIAL

Los mimos de Sánchez a Ábalos para aplacarlo y la hipócrita indignación del Gobierno

EL IMPARCIAL
lunes 12 de mayo de 2025, 18:23h

Los mensajes entre Pedro Sánchez y José Luis Ábalos, descubiertos por El Mundo, demuestran lo que se sabía: que eran amigos, colegas, que se tenían mucho cariño y que trabajaban en equipo. El que fuera ministro de Transportes era la mano derecha del presidente en el Gobierno y en el partido. Pero fue destituido porque sus tejemanejes eran ya un clamor. Sus todavía supuestas comisiones, su presunta corrupción suponían un escándalo que, además, implicaban a medio Gobierno. Aún así, probablemente para proteger su imagen y su evidente responsabilidad por ser el presidente o por motivos que todavía no se han desentrañado, el líder del PSOE intentó aplacarle, protegerle y mimarle para que no tirase de la manta y se llevara por delante a todos, incluido él mismo. “He echado de menos muchas veces trabajar contigo, también tu amistad”, le decía por WhatsApp.

Pero lo llamativo de la publicación de las conversaciones es la indignación que ha causado en Moncloa. Prietas las filas, los ministros, los voceros del Gobierno y su Ejército mediático claman por la difusión de “mensajes personales”, como si se tratara de un delito. Olvidan que un tuit de Rajoy a Bárcenas (“Luis sé fuerte”) ocupó las portadas de los medios de comunicación adictos y no hubo un solo socialista o comunista que no lo aprovechara para denunciar que el entonces presidente del Gobierno era un corrupto y responsable directo de los enjuagues del tesorero del PP. Se llegó a publicar y a acusar al líder del partido de cobrar un plus en negro de las supuestas comisiones, lo que nunca fue demostrado. Entonces, según ellos, la difusión del mensaje obedecía a la libertad de expresión y ponía contra las cuerdas al presidente del partido, que, por ello, debía dimitir, como le exigió el propio Sánchez.

Ahora, sin embargo, esos socialistas y comunistas han montado en cólera y amenazan con acciones legales contra los que publican los mensajes. Olvidan esa libertad de expresión que defendían y callan al conocerse el comportamiento autoritario y déspota de Sánchez al animar a Ábalos a parar los pies a los barones socialistas por criticarle, por denunciar los pactos con los separatistas y proetarras o por saltarse la Constitución para proseguir en el poder. “Dile a Page que deje de tocar los cojones”, le pedía. Con poco éxito, pretendió amordazar a los dirigentes del partido que estaban y siguen estando en contra de las torticeras maniobras del presidente para amarrar el poder. Pero, ahora, los ministros, voceros y medios adictos también olvidan que el fiscal general del Estado está siendo investigado por el Tribunal Supremo por filtrar los correos de los abogados del novio de Ayuso con Hacienda. Para el Gobierno y la izquierda mediática, las filtraciones de unos suponen un ilegal e inadmisible ataque a la intimidad; las de otros, pura libertad de expresión, de opinión y de progresismo.

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