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TRIBUNA

El internacionalizado Eternauta y su exitoso regreso

martes 13 de mayo de 2025, 20:05h

A mediados de la década de 1970, cuando regresé de Chile, donde fui corresponsal de un diario argentino y testigo sufriente en carne propia del sangriento golpe de Pinochet, que terminó con el asesinato del presidente socialista Salvador Allende y la dudosa muerte de Pablo Neruda, colaboré durante casi un año en la Editorial Columba. Por esa época, a través de mi amigo Francisco Solano López, que había pasado por la ciudad de Santiago como dibujante de la Editorial Quimantú, me reencontré en un almuerzo con Héctor Germán Oesterfheld, que también había vivido en el país trasandino durante una breve temporada. Oesterfheld, conocido como “el Alemán”, andaba en busca de trabajo. Era, además de un reconocido historietista, un muy buen escritor y periodista.

Como tantas otras cosas terribles de las que estamos habituados y guardamos memoria, no eran épocas felices en nuestra compleja Argentina, el país de la eterna repetición. Exiliada la familia Civita, propietarios de la Editorial Abril por persecuciones y amenazas, el periodista Jorge Burzaco había quedado como director ejecutivo y cuando con el recordado poeta Jorge Madrazzo, le hablamos de Oesterfheld, no dudo en incorporarlo.

“Es uno de los grandes de la historieta -recordó Burzaco- quién no ha leído sus guiones y quién no conoce a sus personajes; sobre todo ‘El Eternauta’, una ficción magnífica. ¿Sigue asociado al paraguayo Francisco Solano López?”.

“Sí, siempre” -le informamos a Burzaco-. Los dos se siguen ganando la vida como pueden”.

“Bueno, si a ustedes les parece mañana podemos almorzar en el piso 13, donde está el comedor de la editorial; invítenlo de mi parte”.

Desde ese momento hasta que se fundió definitivamente la Editorial Abril, “el alemán” trabajó con nosotros. Muy amigo del poeta Miguel Ángel Bustos, ambos militantes de la izquierda cercana al “Movimiento Montoneros”, recuerdo que imprudentemente en una asamblea, Bustos y él, hablaron de tomar por la fuerza los diarios Clarín y La Prensa, La Nación y la Editorial Abril, para ser reductos revolucionarios. Eran así de impulsivos, buenamente ingenuos y exhibían una audacia riesgosa para sus vidas en tiempos de la impunidad asesina del Gobierno Militar. Pobres amigos, la pagaron caro.

En cuanto a la Editorial Abril, como ya señalé, no demoró en cerrarse, y muchos de los que trabajábamos allí, no sólo nos quedamos en la calle, sino que también fichados en los registros de los Servicios de Inteligencia Militar; lo cual significaba un verdadero riesgo. Algunos, quizá menos comprometidos y con recursos económicos para hacerlo, optaron por exiliarse; otros, tal vez los más pobres, nos resignamos a quedarnos en el país. No fue fácil; pero, por suerte, como en mi caso, salvamos el pellejo. Yo no pertenecía a ningún espacio político ni guerrillero, pero eso significaba poco para el criterio represor de esos uniformados en algunos casos disfrazados de civiles.

Los operativos de los llamados “grupos de tareas” eran aterradores y despiadados, y caer en manos de ellos culminaba en cualquier forma espantosa de la muerte. Bustos y Oesterfheld, desaparecieron con sus familias; Francisco Solano López alcanzó a exiliarse en España, y otro de los grandes de la historieta, el maestro Alberto Brescia, pudo cruzar el río para regresar a la banda Oriental, su patria; a mí me detuvieron un par de veces y, por milagro, salvé el pellejo. Como padre de cinco hijas y pocos recursos para hacerlo, descarté el exilio. Conseguí luego un trabajo que, modestamente, me ayudó a vivir. Por los generoso oficios de don Ángel Peco, fui asesor de cultura y de prensa de la Sociedad de Distribuidores de Diarios, Revistas y Afines, y -lo más importante- seguí colaborando con Borges, como amanuense que registraba los dictados para su preciosa obra literaria. Hice, además, un par de programas de radio y trabajé en la televisión con la bien admirada conductora Gigliola Zecchin, famosamente conocida como “Canela”, en el Canal 11. Un reportaje que realicé por esos días a Ernesto Sabato en su casa de Santos Lugares, donde se despachó a gusto contra el brigadier Osvaldo Cacciatore, Intendente de la Ciudad de Buenos Aires, e impulsor de la Autopista del Oeste, casi me costó la vida; pero, sobre todo, por oponerme a la extorsiva censura que la dictadura ejercía sobre los medios periodísticos.

En fin, fueron tiempos agrios de permanente intranquilidad y zozobra; también de supervivencia. Quizá los que aún estamos vivos podemos considerarnos sobrevivientes de aquellos dramáticos, terribles años en los que la vida de cada ciudadano como había sucedido en Chile, no valía un centavo. De la desaparición de “el alemán Oesterfheld”, se guardó silencio y casi nada se conoció hasta mucho después. Su cadáver y el de los suyo, nunca apareció; quizá el Río de la Plata y su extendido estuario sirvieron de sepultura. Una investigación posterior informó sobre el secuestro y dramático asesinato de él, sus cuatro hijas y nietos. Un horror que emulaba los peores tiempos del nazismo.

Pero las cosas que realmente valen no desaparecen, y hasta retornan triunfales. Ahora, en estos días, con un merecido éxito, acaso inesperado, la ficción creada por Héctor Germán Oesterheld y Francisco Solano López ha cobrado una especial actualidad y relevancia, siendo ya furor en la televisión de todo el mundo. Adaptada como serie de ficción y protagonizada por un elenco de lujo, que encabezan los actores Ricardo Darín, Carla Peterson, César Troncoso, Andrea Pietra, Ariel Staltari, Marcelo Subiotto y Claudio Martínez Bel, se estrenó el 30 de abril de 2025,​ bajo la dirección de Bruno Stagnaro y la supervisión de uno de los nietos de Oesterfheld, nuestro querido y admirado “alemán”.​

Durante los años infames de la dictadura Oesterfheld tuvo una propuesta artística para irse del país, pero decidió correr el riesgo de quedarse en su amada patria Argentina. Los amigos y su familia estaban aquí y ya habían desaparecido dos de sus hijas. Por otro lado era muy costoso para un creador que vivía en el día a día, dejar solos, y a la buena de Dios, a sus seres queridos. Él era un intelectual, a la vez que un humanista. Durante esa época para sobrevivir realizó una historieta sobre “la vida del Che Guevara” en la que expresaba explícitamente de un modo político su admiración hacia ese compatriota y comandante revolucionario.

Escribe luego, una versión de El Eternauta en el año 69 que sale en la revista Gente, de la Editorial Atlántida. Ese guion es totalmente diferente que la primera versión, ya que esos invasores extraterrestre no se sabe con certeza de dónde vienen y por qué se establecen en nuestra América, el lugar donde las potencias del Primer Mundo negocian con los invasores para cederles nuestra tierra de una manera vil. Ya se percibe allí un cambio ideológico en la historieta que, lamentablemente, resultó en esos días un fracaso comercial. Llegaban cartas de lectores criticando ese nuevo contenido pero, en especial por los dibujos oscuros, de don Alberto Breccia, que suplantó a Solano López.

Sin duda, Oesterfheld fue uno de los más imaginativos escritores de aventuras que dio la literatura argentina; no faltan los estudiosos que consideran que la primera parte de las peripecias de Juan Salvo, su personaje, es comparable al Martín Fierro de Hernández. Sea como fuere las dos obras están escritas en los márgenes y se difunden a través de folletos o diarios, o revistas de historietas como el Facundo de Sarmiento y Operación Masacre de Rodolfo Walsh. Desde esos bordes se proyectaron esas geniales invenciones, quizá plebeyas al principio y ahora canónicas. Dichas característica, desprovista de cualquier ideología, fueron una señal cultural indiscutible. Solo un clásico puede ser leído de manera distinta según las épocas, y ahora ha caído en la polarización extrema, como si el universo entero cupiera en estas coordenadas mediocres y cortas, que son lícitas y entretenidas, sean a favor o en contra. En cuanto a las lecturas peronistas y libertarias de la serie, aunque para la mayoría El Eternauta “es lo que fue y ahí está todo”: vale decir, una épica de ciencia ficción y una invasión de seres de otros mundos que sucede en nuestra familiar Buenos Aires, cruzando la General Paz y a veces en la calle Corrientes al amparo de nuestro familiar Obelisco. Su consigna de campaña es “nadie se salva solo” y está expuesta a la convicción de la militancia montonera que expresaba su artífice y la desaparición durante la tan infame dictadura militar, que, en ocasiones, sirvió de proclama de campaña a La Cámpora para librar con ella su batalla cultural. Su autor, sin embargo, me consta, era un peronista de izquierda y partidario del desarrollismo frondicista cuando escribió esta historia que nos sorprende y conmueve en Netflix.

El tiempo, como suele suceder, se ha encargado justicieramente de poner las cosas en su lugar, y hoy es una inmensa alegría que entre las cosas maravillosas que debemos a la televisión, podamos ver “El Eternauta”, la atrapante creación de Héctor Germán Oesterfheld con la colaboración de Francisco Solano López. Sin duda, una de las obras más representativas de la historieta argentina contemporánea. Finalmente se ha hecho justicia.

Roberto Alifano

Escritor y periodista

ROBERTO ALIFANO es escritor y periodista argentino, autor de algunos libros de poemas, de relatos y ensayos.

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