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TRIBUNA

Título

domingo 18 de mayo de 2025, 20:00h

Si el infierno existiese, tendría que contar con un círculo y castigo apropiados para aquellas personas que, tras una larga y seguramente tediosa espera con motivo de acudir a conocer a un personaje famoso o simplemente importante para los congregados, deciden ponerse a hablar con el susodicho llegado su turno y olvidan que detrás de ellos se ha formado una generosa fila en la que sus integrantes van apretando y destensando las mandíbulas como si de una zambra de bruxismo se tratase. Si uno se encuentra cerca de uno de estos sujetos, y encima el agasajado les da cuartelillo, hay que darse por perdidos. Intentarán llegar a todos los recovecos posibles en la conversación. Los de detrás, que arreen, como dice la expresión.

Las presentaciones literarias, si son de un libro de narrativa —por supuesto—, pueden atraer a un número considerable de asistentes. Véase el caso de una a la que fui la semana pasada. Llena la librería hasta la bandera. Teniendo tiempo de fijarme en el público, si hubiera ido en blanco, sin saber nada de cómo era el tipo de literatura que se celebraba y quiénes eran los que la recibían y se sumaban a la personalísima ceremonia que se establece, tan patética como curiosa y tan sentida como respetable, decía, si hubiera ido sin tener la más remota idea, habría podido hacerme la composición del lugar-lector sin problemas. Gente interesada por la cultura, pero que lee más los medios digitales que ejemplares físicos de revistas o libros. Gente a la que le gusta ir a comprar libros, muchos, incluso, pero sólo si estos han venido recomendados por una lista de Vanity Fair o por un podcast, queriendo afianzarse en la elegancia presupuesta. Gente apasionada como suele darse en un ensayo general, con más expectativa de gustar que de disfrutar el enardecimiento. Gente guapa, muy bien vestida, lo que a otros nos genera pensamientos comparativos: si yo tuviera tanto dinero para poder comprarme esa chaqueta, ese bolso, esas gafas, ¿gastaría la misma cantidad en libros? ¿Las vacaciones de verano de lujo sustituirían el inmenso placer de descubrir el último libro traducido de un autor olvidado de la Europa del este de mediados del siglo XX? Uno se fue por esos cerros de Úbeda mientras el acto se desarrollaba, las columnas de la librería empezaron a servir de apoyo, entraron dudas sobre si irme en cuanto acabase el sarao o esperar hasta el final y conseguir las dedicatorias en mis ejemplares.

¿Y después? El barrio céntrico y vaciado por la noche que se aproximaba. Los perros y sus dueños en la plaza frente al antiguo convento, levantando nubecillas de polvo cano. Otras fiestas de inauguración en el bajo de un edificio cercano, algunos invitados borrachos como cubas pero yendo muy bien mientras el fotógrafo contratado les sacaba como estrellas nominadas a un premio. La sombra más cerrada de los castaños de Indias. Para todo eso, mientras se paseaba de vuelta, pensaba, ¿qué título se le podría poner?

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