La fontanera del PSOE, el comisionista de Ábalos y el propio Santos Cerdán, detrás de las bambalinas, han ofrecido un espectáculo ante los medios de comunicación que refleja la degradación moral y hasta estética que sufren el Gobierno y su partido. Aldama, después de forcejear violentamente con Pérez Dolset, otro comisionista, se enfrentó a Leire Díez que le esquivó y se limitó a leer un comunicado, probablemente escrito en Ferraz, en el que insistía en su labor de investigación periodística. Confesó que había pedido la baja voluntariamente, pero dijo que esperaba que fuera “temporal”. Y se comportó como una diva, como la protagonista de una hazaña. Como la nueva y más rutilante estrella del PSOE. Era evidente el pacto de silencio entre ella y el partido para desviar la atención de la indignidad cometida.
Porque al margen del esperpento de la fontanera, los ministros siguen sin desmentir sus infames insultos al capitán de la UCO basados en la mentira de que intentaba asesinar a Pedro Sánchez con una bomba lapa. Una calumnia que hasta la prensa extranjera ha recogido con asombro. TheTimes titula que “el Gobierno español acusa falsamente a la Policía de un plan para hacer estallar el coche del primer ministro” y añade que “los ministros rechazan rectificar a pesar de que se basaron en una noticia falsa.”
Mientras, Pedro Sánchez sigue agazapado en Moncloa, callado y desesperado. El presidente y sus corifeos han perdido los nervios por el incesante bombardeo de los tribunales contra los presuntos delitos cometidos por el fiscal general del Estado, la familia de Sánchez, Ábalos y compañía. Y han decidido emprender una guerra sin cuartel contra todo y contra todos. De ahí, las infames declaraciones de los Óscar, de Pilar Alegría y, como no podía ser menos, de Montero. Los cuatro tenores de Sánchez no se paran en barras ni en el respeto a la Justicia. Y deben creer que sus insultos y amenazas a la UCO y a los magistrados servirán para salvar el pellejo a los muchos acusados de corrupción.
El Gobierno de Sánchez ya ni siquiera oculta la deriva totalitaria que ha emprendido en su afán por acaparar todos los poderes, empezando por el judicial. Pero el Tribunal Supremo no ha sido colonizado todavía y está dando la batalla por el mero hecho de atenerse a la letra y el espíritu de la ley. Por eso, el entero Consejo de Ministros ha pasado de afirmar que “no hay nada” a insultar, amenazar y acosar a la Guardia Civil y a los magistrados al temer que hay mucho. Que se lo pregunten a la fontanera, a Leire Díez, la estrella rutilante que ha fichado el Gobierno para atacar a sus enemigos. Y así les va.