La crisis migratoria en Estados Unidos se está acreditando al carácter agresivo del presidente Donald Trump. Pero se necesita tener un panorama social más amplio para entender por qué se llegó a este punto, quiénes fueron los responsables y como siempre quiénes pagarán los platos rotos.
Trump construyó su discurso político de su primera campaña en 2016 con un tono agresivo contra migrantes ilegales que es exactamente el mismo ya ha estado ahora poniendo en práctica: denunciar el ingreso ilegal --es decir sin cumplir con los requisitos migratorios fronterizos-- de millones de personas que aprovecharon la pasividad del Gobierno del presidente Joseph Biden y su decisión de abrir las puertas fronterizas para que pasaran quien lo deseara.
La segunda ola migratoria ocurrió en 2020 cuando el presidente mexicano Andrés Manuel López obrador facilitó el tránsito de caravanas con decenas de miles de migrantes que entraban por el sur de México y llegaban a la frontera norte, e inclusive violando las reglas migratorias de México porque ninguno de esos migrantes cumplió tampoco las reglas mexicanas.
No hay cifras exactas pero hay coincidencia en aproximaciones: migrantes legales con permisos de corto plazo y migrantes con permiso para trabajos de cosecha inmigrantes ilegales que por cierto muchos de ellos no quieren regularizarse como estadounidenses y solo desean que los dejen trabajar para cobrar en dólares y mandar parte de su salario a sus familiares en territorio mexicano.
Una revisión de análisis, reportajes y estudios puedo aportar cuatro puntos centrales del conflicto migratorio en Estados Unidos:
--La población ilegal o no autorizada se disparó de 10 millones de personas en 2018 a casi 15 millones, aproximadamente el 5% de la población total actual de Estados Unidos.
--Del total de la población ilegal, los latinoamericanos --mexicanos, centroamericanos y sudamericanos-- sumarían casi 10 millones de personas, la ola hispana que critican los norteamericanos locales.
--Y la localización de los estados con mayor porcentaje de población hispana se encuentra en aquellos que hasta 1847 pertenecían al Gobierno de México y que fueron tomadas por la fuerza y a través de una guerra por Estados Unidos. Y ahí hay un dato interesante: el estado con mayor población hispana es Nuevo México, con el 47.7% de su población con origen hispano; le siguen California con 40%, Texas con 40%, Arizona con 30%, Nevada con 29%, Florida con 27% y Colorado con 22%.
--Y el presidente Trump ha decidido cobrar un 5% de impuesto a las remesas --envíos de dinero de migrantes en Estados Unidos a sus familiares en México y otros países--, luego lo bajó a 3.5%, más tarde lo regresó al 5% y un grupo de senadores republicanos está tratando de corregir la ley fiscal para colocar ese impuesto en 15%. Las remesas son el primer rubro de ingreso de divisas de México: casi 65,000 millones en 2024. Y ahí se da el debate: Estados Unidos considera a las remesas como fuga de capitales porque son salarios que se pagan dentro de Estados Unidos y debieran gastarse dentro de Estados Unidos. Pero México depende de las remesas porque son ingresos a las familias más pobres que viven solo de lo que le mandan sus familiares desde Estados Unidos. Trump, por cierto, considera el impuesto a las remesas con un factor de ingreso fiscal que le permitirá bajar contribuciones a ciudadanos y empresarios.
Los disturbios en Los Ángeles mostraron un poco la nueva sociología negativa del tema de los migrantes: con razones de buena fe, los migrantes legales que tienen años viviendo en Estados Unidos protegieron a los migrantes ilegales y enfrentaron todos a las fuerzas de seguridad; los gobiernos de Los Ángeles y de California, con políticos demócratas que llegaron por el voto de los migrantes, quieren seguir conservando su zona como Santuario o libre de persecución policíaca; pero en jaloneo de la resistencia de quienes podrían ser detenidos por ilegales y la decisión de las autoridades basadas en sus propias leyes, aparecieron los grupos radicales de siempre como profesionales de la protesta y del conflicto callejero. Pero es que destacar que por esta ocasión los migrantes mexicanos no tuvieron la solidaridad de otras minorías no americanas ni de la comunidad afroamericana que en su momento recibió apoyos de los hispanos.
El trasfondo racial tampoco se debe ocultar: la población hispana migrante estaría en una media de 20% del total, alrededor de 65 millones de personas. Ante la baja tasa de natalidad de los estadounidenses WASP --blancos, anglos, protestantes-- y la alta cifra en los hispanos, hacia finales del siglo señalan cálculos aproximados la población hispana podría estar cercana a la mitad del total,
Hasta ahora, por razones naturales o por estrategia política, Trump ha centrado sus decisiones de persecución migratoria exclusivamente a los migrantes que carecen de estatus legal, y entre ellos muy bien identificados miles de ilegales que tienen problemas con la justicia. Los residentes legales o con permisos temporales no han sido molestados por la Migra.
México encontró fácilmente el camino de permitir ya hasta inducir el cruce ilegal de ciudadanos a Estados Unidos en busca del empleo que la economía mexicana no les puede dar. Un dato es revelador: el 55% de la población económicamente activa mexicana trabaja en el sector informal, es decir sin prestaciones sociales y con salarios castigados. El sector privado mexicano se quiso poner la estrellita de salvar a los migrantes deportados y ofreció 100,000 puestos de trabajo los que llegarán de regreso, pero fueron empleos mal pagados, sin contratos y temporales.
Como se presentan las cosas, Trump va a seguir avanzando en su política migratoria legal y continuará persiguiendo la ilegalidad. Un poco a partir de los disturbios de Los Ángeles, ya decidió no hacer redadas en campos de cultivo ni en hoteles.
Lo que queda al final es un detalle de tipo social: siempre se pensó que las fuerzas de seguridad conformadas por un buen porcentaje de origen hispano desobedecerían órdenes de utilizar la fuerza contra migrantes hispanos no legales; pero en Los Ángeles se probó que la tesis era equivocada: un policía de origen hispano es primero policía que solidario de raza.
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